Siempre por el principio

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el principio

En el texto anterior hice una muy breve descripción del origen de las artes y del teatro, su función y sus razones de ser. También describí algunas de las penosas transformaciones que ha sufrido el arte a través de las urgencias políticas y económicas del mundo.

Continuamos…

Actualmente la tendencia mundial sugiere la “profesionalización de las artes”. Los artistas requieren de un título universitario, cuando la naturaleza del artista es muy cercana al artesano. Bueno, se abren escuelas, licenciaturas, maestrías y doctorados. Pero no hay teatros. Egresan los alumnos como artistas y no hay sitios donde puedan trabajar, salvo la calle o en su casa. Se supondría que el egreso de artistas obedece a una necesidad social por el refinamiento del pensamiento en la sociedad, pero los actores no pueden entrar a los teatros y la sociedad no está acostumbrada a pagar por la cultura, por lo tanto, a los artistas se les dificulta vivir dignamente, lo cual atenta a un derecho humano.

La labor de los artistas se ha confundido, en el mayor de los casos se piensa que existen solo para divertir y animar. Que pertenecen a la bohemia. Que viven del aplauso. Y deben soportar toda clase de humillaciones. Por lo tanto:

¿Para qué requieren un título?
¿Por qué es necesario certificarlos?
¿Qué responsabilidad tienen las universidades al egresar a sus estudiantes?
Cuando sucedió el teatro universitario en México a mediados de 1940, se realizaron espectáculos de concepto, los estudiantes les hablan a los estudiantes por el despertar social, pusieron en práctica sus conocimientos, las luchas sociales empiezan por actos reflexivos y estéticos. Los actores asumen sus entrenamientos psicofísicos como guerreros, rompen fronteras físicas, establecen nuevas formas espectaculares, los directores rompen los criterios del teatro tradicional. Y el gobierno federal tuvo miedo.

El teatro mexicano retumbó. Así que muchos programas federales surgieron a nivel nacional para apoyar las artes escénicas. Festivales, compañías, escuelas, vínculos con otros países. Pero a mediados de 1990 todo cambió, disminuyeron las muestras estales y regionales, o más bien, desaparecieron. Y con mucho esfuerzo queda de aquel momento artístico-social la muestra nacional, el Festival de Monólogos, algunos festivales universitarios y el Festival Teatro de Nuevo León.

El fenómeno es complejo, porque tanto es responsable el Estado, las instancias educativas, los artistas y la sociedad en generar y establecer los mecanismos adecuados para la realización, apoyo y disfrute de las artes. La labor sobre la conciencia plena de esa suma de acteantes es ardua y pareciera que nadie quiere hacer su parte, pero todos tienen algo de qué quejarse.

¿Por dónde empezar?
Se ha vuelto común decir que “las artes deben formar parte esencial de la educación”, “elevan el espíritu”, “ayudan al desarrollo del individuo” y muchas otras más. También tienen algo de cierto. Pero, pese a que se dicen siempre, ya han perdido sentido, porque ahora lo dice cualquiera sin entender el significado de las palabras. Lo dice cualquiera para quedar bien y lo dice cualquiera porque hablar de la cultura y de las artes “muestra grados de inteligencia”.

Pero decir no, es hacer.

Continuará…

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