El libro se titula La ira de México y agrupa a siete reconocidos escritores, quienes exponen puntos de vista sobre las desfortunas que han agobiado al país.

Ellos son: Lydia Cacho, Sergio González Rodríguez, Anabel Hernández, Diego Enrique Osorno, Emiliano Ruiz Parra, Marcela Turati y Juan Villoro.

A ellos se suman, en una introducción, Felipe Restrepo Pombo y un prólogo de Elena Poniatowska.

De esa última, con su prosa clara y su contundencia de juicio, se lee: “¿Cuántas ‘mayores tragedias’ le esperan a México? ¿Cuántas más habrán de sumarse a las víctimas bajo tierra cuyos cuerpos ahora aparecen en todo el territorio nacional? ¿Cuántas fosas más quedan por encontrar? Del suelo de México y sus esqueletos enterrados estalla el dolor, la rabia de vivir en medio de tanta podredumbre”.

De quienes colaboraron se hace hincapié en que “todos saben que su oficio significa resistencia y muchas veces arriesgar la propia vida. Estamos en uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo, no solo por el acecho de los criminales, sino porque el poder corruptor de estos ha convertido a policías y funcionarios en sus aliados”.

Se augura: “Solo una sociedad civil vigorosa e informada logrará afrontar el horror y el caos. Solo dando voz a la indignación, México podrá empezar a exorcizar sus fantasmas”.

En carne propia

Poniatowska alude a la feminista Marcela Turati, quien sumó su colaboración a la obra.

“Es una de las más adoloridas de todos porque vive la búsqueda y la apertura de las fosas en carne propia. Desolada, es quien más relación ha tenido con padres y madres de familia, a quienes ha visto ‘rascando la tierra a corazón abierto con sus propias uñas’, buscando algún indicio, un retacito de tela, un anillo.

“Para ella, las desapariciones forzadas y los asesinatos son ‘una síntesis de lo que somos’. Muchas madres de familiar recurren a Marcela porque de ella reciben el cariño y la compasión que el gobierno es incapaz de darles. En muchos casos, los periodistas han actuado como un refugio contra la iniquidad. Sus escritos no fueron suficientes, ahora caminan al lado de las víctimas”.

Narrar la caída

Felipe Restrepo Pombo publica una particular visión de su llegada al país.

“Llegué a México para vivir en el verano de 2006.

Entonces me encontré con una profunda crisis política. En aquel momento se definían unas reñidas elecciones entre Felipe Calderón, candidato del Partido Acción Nacional (PAN), y Andrés Manuel López Obrador, candidato del Partido de la Revolución Democrática (PRD). Tras una violenta confrontación que desembocó en protestas ciudadanas y en una profunda fractura social, Calderón resulto ganador”.

Un daño colateral

Juan Villoro visitó un hospital de la Cruz Roja. Con eso inicia.

“En 2010 visité la Cruz Roja Mexicana en compañía de su presidente Daniel Goñi Díaz. Llegamos a un pasillo el que había cuartos individuales. ¿Un lujo especial? “Él, con voz grave dijo: ‘Estos cuartos permiten una mayor vigilancia’. No se refería a la atención médica, sino a la custodia policiaca: ‘Aquí atendemos a los criminales; nuestra obligación es darle asistencia a todo mundo’.

Lily canta como pajarito

Diego Enrique Osorno trae a cuento una experiencia personal.

“Encontramos a la niña que estaba desaparecida. Pero al principio Lily no se reconocía como una víctima de la trata de personas. Protegía a ese tipo. El día que se decidió cantar, lo hizo como un pajarito. Recuerdo que estuvo en el albergue unos dos meses y no habló nada, ni una sola palabra. Cuando finalmente lo hizo, nos dieron ganas de ponerle una cinta en la boca”.

El naufragio de las mandarinas

Emiliano Ruiz Esparza cuenta de un reportaje que Alfredo de la Cruz, a quien conocían como Pensamiento, vio sobre los accidentes en las plataformas petrolíferas de la Sonda de Campeche.

“Después de ver el noticiario, Pensamiento fue a dormir. Cuando estaba en altamar en los sueños se encontraba a su mujer y sus hijos y nietos ya su primer bisnieto de un año. Ni él ni ninguno de los 73 trabajadores de la Usumacinta, plataforma autoelevable, se imaginaban que estaban a unas horas de convertirse en náufragos”.

Las horas del exterminio

Anabel Hernández aborda la desaparición de los 43 estudiantes en Iguala. Se precisa con puntualidad.

“(Los hechos que se narran aquí fueron reconstruidos por la autora a partir de testigos presenciales, los videos filmados por los estudiantes durante el ataque, el testimonio del estudiante superviviente Fernando Marín a la autora en una realizada en julio de 2015, y la reconstrucción de los hechos que la organización no gubernamental Tlachinollan Centro de Derechos Humanos de la Montaña llevó a cabo con los supervivientes en el lugar de los hechos, así como documentos obtenidos por la autora durante su investigación)”.

Yo soy culpable

Diego Enrique Osorno se refiere a la tragedia en la guardería ABC, en junio de 2009.

La inicia contando la historia de una pareja.

“El viernes 5 de junio de 2009, Roberto Zavala Trujillo y su esposa Martha Dolores Campuzano dudaban sobre la conveniencia de practicarle la circuncisión a su hijo…” Ahí empezó el profundo calvario, el dolor intenso.

Anamorfosis de la víctima

Sergio González Rodríguez da cuenta desde un ángulo un tanto legal sobre la criminalidad.

“Para el sistema del derecho, la víctima suele ser uno de los agentes que están presentes o convergen en un acto violento”.

Y en verdad, es un texto que ilustra y para nada es espeso o indescifrable.

En las mazmorras del gobierno de México

Anabel Hernández toca el punto de la tortura en el caso Iguala. Se lee con avidez.

“Él no sabe si es de día o de noche. Su cuerpo está boca abajo en el suelo, amarrado de las manos e inmóvil…”

Reportear desde el país de las fosas

Con Marcela Turati, bien escribió Elena Poniatowska, emergen las verdades y no se claudica.

“El rescatista descendía por el túnel hacia el hedor acumulado en el fondo…” Y cierra Lydia Cacho, muy identificada.

“Antes que nada debo decir que en diciembre de 2005 fui torturada durante 20 horas y luego encarcelada a causa de mis investigaciones periodísticas sobre la pornografía infantil y los vínculos de gobernadores, senadores, jefes policiales y empresarios en la trata de mujeres, niñas y niños del continente”.

De Penguin Random House Grupo Editorial, la primea edición es de octubre 2016 y primera reimpresión en octubre 2018.

Comentarios