Es fácil evocarla cantando con Pedro Infante brincando la tablita en el filme El inocente en su papel de Mané, donde todo para ella era dificilísimo. Tan divertida con Tin Tan en La marca del Zorrillo, donde el rasgo del súper héroe es su olor y al descubrir que se trata de su amado por siempre, ella expresa esa frase ya célebre en mi familia: “Pero si es el niño Tin”. Sorprenderse de la ingenuidad de las películas de Mauricio Garcés donde buscaban juntos 24 horas de placer. Su baile con Enrique Rambal en Estrategia matrimonio, donde seduce a varios millonarios, pues deseaba casarse con uno de ellos y termina con el pobre pero simpático de Joaquín Cordero. La joven pueblerina que huye a la ciudad con la hija de su amiga muerta en el parto y la cuida como propia en María Isabel…

Cuántas películas resultan tan fácil de evocar al referirse a Silvia Pinal, dicen que es la última diva mexicana, trabajó con todas las estrellas del cine nacional, tuvo el honor de ser dirigida por Luis Buñuel, de presentar en teatro comedias musicales de calidad y durante más de una década transmitir el programa “Mujer, casos de la vida real”. Hace unos días terminó su bioserie titulada: “Silvia Pinal, frente a ti”, producida por Carla Estrada y transmitida en 21 capítulos que se proyectaron del 24 de febrero al 22 de marzo.

Posiblemente por la admiración que le tengo, me atreví a ver el primer capítulo, poco a poco la calidad del trabajo realizado me fue convenciendo que era un excelente producto televisivo, desde la ambientación, las actuaciones y hasta el ritmo en que se narró la historia.

Me gustó ver a una Silvia Pinal muy humana, mostrando su fuerza, pero también sus debilidades, escucharla aceptar sus errores, pero agradeciendo cada logro. La forma en que fue creciendo segura de querer dedicarse al mundo del espectáculo, aunque para ello pasó de un cautiverio a otro, aunque nunca se dio por vencida. En efecto, como ha dicho la antropóloga Marcela Lagarde, los cautiverios representan una categoría antropológica que sintetiza el hecho cultual que define el estado de las mujeres en el mundo patriarcal: madresposa, loca, puta, monja y presa. Doña Silvia, vaya que los recorrió, los padeció, los enfrentó y los cuestionó hasta que finalmente ese camino la convirtió en la mujer empoderada que ahora es.

Por supuesto, lloré y lloré en el capítulo donde muere su hija Viridiana, siempre me gustó la trayectoria de esa jovencita, tal vez porque nacimos en fechas muy cercanas. La vi en la cinta Seducción con Gonzalo Vega y me encantó. Fue de mis preferidas en ese programa de “Cachún Cachún ra ra”, donde era la niña buena llamada Viris. Vi el capítulo en que la despidieron con mucho cariño y por supuesto le echaron una porra porque se iba a hacer una telenovela con su mamá, “Mañana es primavera”. Vino el fatal accidente y se quedó por siempre en nuestra memoria. Recuerdo muy bien que en una entrevista Silvia Pinal confesó que su mirada por siempre se quedó triste al morir su amada hija.

En verdad, la historia captó el alma de esa mujer, la fuerza de su trabajo, su entrega, los amores y desamores, el amor y odio entre ella y sus hijas, el orgullo de saberse admirada, la certeza de que ya es inmortal, así fue “Silvia Pinal, frente a ti”.

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