De entre las mujeres más representativas del feminismo contemporáneo, Simone de Beauvoir es, sin lugar a duda, una de las figuras clave.

Así se robustece en un libro no precisamente de tintes biográficos, sino más allá de eso, una justa y merecida semblanza de quien nunca claudicó en sus ideales, manteniéndose libre, auténticamente autónoma en lo que abanderaba y lo que construía.

Como escritora, filósofa y asimismo intelectual, su obra trascendió confines de su país natal, Francia, y de su tiempo, sirviendo de guía, aún hoy, para reflexionar sobre la intervención de las mujeres en la sociedad.

Se le ubica como una de las primeras feministas militantes, aunque nunca, en sentido literal, se declaró feminista.

De acuerdo a la época, su horizonte estaba acotado al matrimonio y a la crianza de hijos.

La quiebra económica de la familia le abrió otras posibilidades ajenas al acotamiento doméstico.

Su padre, al verse casi de un día para otro sin recursos, frustrado ante la imposibilidad de proveer a Simone y a su hermana Helene de una buena dote, optó por brindarles una educación esmerada con la que pudieran mantenerse como solteras.

Ella obtuvo el certificado de agregación en filosofía, reservada históricamente a los hombres, desoyendo las voces que le decían que ese no era el camino para una mujer. Reivindicó la cultura y la sabiduría mil veces por encima del dinero o la clase social.

No se casó ni tuvo hijos y amó siempre a quien quiso, de la forma que quiso.

Su relación con Jean-Paul Sartre, a quien conoció cuando ambos rondaban por los 20 años, resulta hasta hoy controvertida. Construyeron un vínculo basado en el amor y el respeto, pero también en el inconformismo y en la decisión de vivir libres y autónomos.

Para Simone, escritura y vida fueron siempre indisolubles.

Su primera novela La invitada supuso un esfuerzo exitoso por hallar su voz como escritora. No quería imitar modelos literarios precedentes ni parecerse a ninguna de las formas de la prosa francesa; quería ser ella misma, y así lo consiguió a través de una historia incómoda y desgarradora que relataba una relación amorosa en lo que llamó a considerar “muy a tres bandas”.

El segundo sexo, su obra capital, su testamento intelectual, puede resumirse audazmente en una sola frase: “No se nace mujer, se llega a serlo”.

Este fue siempre el detonante de la escritura para Simone, una estrategia para construirse a sí misma, una resistencia a la muerte, a la trivialidad, un modo de “arrancar al tiempo y a la nada el esplendor de la vida”.

Se rescatan frases de ella, una es: “No tenía ideas subversivas; en verdad no tenía ninguna idea; sobre nada; pero todo el día me ejercitaba en reflexionar, en comprender, en criticar, me interrogaba, buscaba con precisión la verdad”.

En la última parte del libro hay una cronología abierta, precisa, sobre hechos relevantes en los que intervino.

Nació en París el 9 de enero de 1908.

En 1929 se convirtió en la novena mujer en Francia en obtener la prestigiosa agregación de filosofía.

Conoció en 1937 a Jacques-Laurent Bost, con quien mantuvo una aventura.

Era 1941 cuando junto a Sartre, trató de poner en marcha una red de resistencia al nazismo: Socialismo y Libertad.

Dos años adelante, 1943, abandonó la enseñanza para dedicarse a la escritura. Publicó La invitada.

Al terminar la guerra en 1945, salió a la luz pública La sangre de los otros y fundó junto a Sartre la revista Les Temps Modernes.

En 1947 viajó a Estados Unidos, donde conoció al escritor Nelson Algren, con quien mantuvo un profundo romance.

Durante 1949 publicó El segundo sexo, que la consagró en todo el mundo como ícono de la liberación de la mujer.

Pasado unos años, 1954, apareció su novela Los mandarines, por la que le fue concedido el premio Goncourt. Se comprometió contra la guerra de Argelia.

En 1958 apareció Memorias de una joven formal, que constituyó la primera entrega de sus escritos autobiográficos.

Hubo una trascendencia en 1971 dentro de su producción al firmar y promover el manifiesto a favor del aborto, conocido como el manifiesto de las 343.

Un año después de la muerte de Sartre, 1981, publicó La ceremonia del adiós, en la que repasó los 10 últimos años de la vida de su compañero.

Simone de Beauvoir falleció el 14 de abril de 1986 y fue enterrada en el cementerio de Montparnasse junto a Jean-Paul Sartre.

El final del libro, contribución fiel a su memoria, es emotivo: “Un vez allí, al lado de la tumba donde reposaba Sartre, la comitiva rodeó el féretro de Simone. Claude pronunció unas palabras y un gripo de mujeres, todas hijas de El segundo sexo comenzaron a cantar el estribillo del himno del MLF: “Nosotras que no tenemos pasado/ las mujeres/ nosotras que no tenemos historia/ desde la noche de los tiempos/ las mujeres/ ¡somos el continente negro! “A tan solo unos metros, al otro lado de los muros del cementerio de Montparnasse, en un apartamento vacío del número 11 de la calle Víctor-Schoelcher, los muebles y los libros a los que jamás volvería Simone comenzaban a llenarse de polvo. No importaba. El legado de una de las madres del feminismo estaba afuera, en el mundo. Era de todas”.

De RBA Editores México, S de RL de CV, con Ariadna Castellarnau por el texto, primera publicación en México: enero 2020.

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