Con simulación de crucifixión, protesta Foideh

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Foideh

Pachuca.-

Son las 12 horas y en la presidencia municipal corren los rumores de que Óscar el Perro Pelcastre, dirigente de la Foideh, arribará con sus agremiados para una nueva protesta. Los policías comienzan a acordonar la alcaldía, primero en una sola patrulla y más tarde en grupo, algunos integrantes de la organización de comerciantes también están pendientes, aguardan la llegada de su líder.
La espera no es tan larga, 30 minutos más tarde arriba Pelcastre en un auto negro de vidrios polarizados, su esposa e hijo lo acompañan, con paso despreocupado camina a la entrada de la Casa Rule, luego regresa para apoyarse en el cofre del vehículo y firmar un documento, una petición de audiencia con la alcaldesa Yolanda Tellería.
Ahora se dirige a los medios, sube el tono de voz y externa su molestia, la principal, la que asegura, detonará su regreso hasta ser escuchada: exige una reunión con la presidenta municipal para exponer las demandas de su organización, ya no quiere hablar con el secretario, ni con ningún otro intermediario, insiste en ser atendido por la propia alcaldesa, pero nada sucede; la alcaldía, custodiada por policías dentro y fuera, cierra sus puertas, nadie más entra.
El Perro se enfurece, no le permiten la entrada, sus gritos y amenazas son ignorados, el calor aumenta pero ni él ni sus agremiados se mueven de lugar; comienza a lanzar insultos desde la puerta, la respuesta sigue sin hacerse presente, afirma que es hora de tomar otras medidas.
Tres hombres integrantes de su organización escalan la reja del ayuntamiento y con cinturones y correas se atan a la puerta, se quitan la playera, inclinan la cabeza y sujetan cartulinas con la leyenda “así nos obliga la presidenta por solicitar una audiencia”.
Al sito arriban más policías, portan todo el equipo necesario en caso de cualquier enfrentamiento, pero el Perro los ignora, continúa su acto, su “crucifixión”. Otra vez traen los bolillos, las velas, la sal; nuevamente se corta la cara con una navaja de afeitar y amenaza con “derramar más sangre” si no salen para atenderlo, pero el silencio continúa, desde las ventanas de la alcaldía solo se observan algunas personas asomándose por las cortinas.
Pasan dos horas y nadie lo atendió; ni la alcaldesa, ni el secretario, ni sus intermediarios como él les llama, salieron para calmar su ira. “Al Perro ya lo hicieron enojar, y si quieren guerra la tendrán”, repite señalando a la alcaldía; también arremete contra las cámaras de comercio, las acusa de estar en complicidad para difamarlo, para dañar su labor.
Todo se acaba, el principal espectador no llegó; Pelcastre se despide, no sin antes asegurar que, de no tener respuesta a sus demandas, en ocho días cerrará Guerrero con más de mil personas y, en una de esas, otro evento por el estilo.

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