Sin cambios profundos no habrá un futuro mejor

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Roberto Morales Estrella

La organización Oxfam encabeza un movimiento global en 94 países para poner fin a la desigualdad extrema y a la injusticia social, el 22 de enero de 2018 dio a conocer en su informe que 82 por ciento de la riqueza generada, fue acaparada por el uno pro ciento de la población mundial, en tanto que 3 mil 700 millones de personas, equivalente a 50 por ciento más pobre, no se beneficiaron en lo más mínimo de dicho crecimiento.
El hambre, de acuerdo con Yuval Noah Arari, junto a la violencia, y a las enfermedades son las tres grandes calamidades de la humanidad, a lo largo de su historia esas calamidades persisten, se reproducen y extienden, siendo solo unos pocos los que disfrutan de lo que trabajan y procesan millones de personas. ¿Por qué? Sería la pregunta y ¿la respuesta?
Todas las formas de gobierno desde el esclavismo, la monarquía, la tiranía, la plutocracia, el socialismo y la democracia, incuban a las élites que son las que dominan y se enriquecen a costa de las grandes masas. El hombre es el lobo del hombre, decía Thomas Hobbes, en su obra del Leviatán, porque los intereses y ambiciones individuales por la riqueza y el poder se tornan en contra de las mayorías. Respecto a la desigualdad social Hobbes planteaba la elección entre morir de hambre o la esclavitud, a eso él reducía la libertad.
Para John Dewey, preocupado por las condiciones sociales de las mayorías, planteó “para que exista la democracia las estructuras de coerción ilegítima deben ser desmontadas, refiriéndose tanto a las actividades como a las productivas, de distribución, comunicación y difusión, porque quien los domine regirá la vida de todos los pobladores de un país.
En nuestro flagelado México ¿quién domina el mercado del agua embotellada? ¿Quién domina la comercialización de la gasolina? ¿Quién domina la producción petrolera dizque en asociación con Pemex? ¿Quién domina la producción minera? ¿Quién domina el mercado agrícola? ¿Quién domina la industria del tequila y de la cerveza? ¿Quién domina la producción y distribución de alimentos industrializados? ¿Quién domina la producción y el mercado de juguetes? ¿Quién domina la generación de patentes? Etcétera. La respuesta es única: las grandes trasnacionales.
¿Quién se gasta más de 30 mil millones de pesos en publicidad oficial para tratar de hacernos creer que estamos bien y que la pobreza está disminuyendo? Y ¿qué José Antonio Meade es inteligente? El gobierno de Peña Nieto.
Las actividades productivas deben pasar de un orden trasnacional-feudal, donde los que mandan son las grandes corporaciones, a un orden democrático. Al inicio de su gestión Peña Nieto se comprometió a “democratizar la productividad”, así como a lograr que los recursos destinados a investigación y desarrollo tecnológico fuera el equivalente a uno por ciento del PIB, ambos rubros están relacionados, que debieron implicar la participación de las Mipymes, pero ¿dónde quedaron las promesas? en su lugar han liberado al mercado de los energéticos, al grado de que la gasolina y el gas se están convirtiendo en productos de lujo para las familias mexicanas, que no son de la élite, pero la plutocracia vieron crecer su riqueza en 572 por ciento en menos de tres décadas.
Los integrantes del grupo en el poder, los llamados tecnócratas, porque no siguieron una carrera política, sino que son egresados del ITAM y graduados en el extranjero, lo cual debieran haber sido el medio de una transferencia de conocimientos, pero en lugar de eso se han apoderado tanto de la administración gubernamental, como del PRI, representando a la riqueza sobre todo a la extranjera, como a la aristocracia nacional.
Han establecido como propósito gubernamental proteger a la minoría opulenta de los arrebatos de las mayorías, que solo exigen sus derechos humanos y las prestaciones sociales, que como ciudadanos democráticos les corresponde, según lo estipulado por nuestra Carta Magna, la cual, a pesar de las mutilaciones neoliberales, todavía tiene en su contenido el sentido social que le dio origen.
Las próximas elecciones ponen a los mexicanos en la disyuntiva de fortalecer el proceso de desmantelamiento de la economía nacional, generándose mayor desigualdad, más pobreza, y más violencia; o hacer cambios profundos construyendo una nueva ruta hacia una gestión gubernamental verdaderamente democrática, donde se premie al trabajo y no a la riqueza, donde se coloque al conocimiento, a la investigación, al desarrollo tecnológico, la innovación y a la transferencia tecnológica y de conocimientos, como ejes estratégicos para impulsar nuestra estructura productiva hacia la revolución 4.0, donde las Mipymes como los emprendedores mexicanos, sean los principales actores de nuestro desarrollo y bienestar social. ¿No lo cree usted?

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