La diferencia que representó en la era medieval, fueron las capacidades militares, con base en ellas y la búsqueda de nuevos mercados, las naciones más fuertes invadieron y colonizaron los territorios con poblaciones vulnerables, generándose un enriquecimiento, no por realizar actividades económicas, sino por el saqueo, la despiadada explotación y el sometimiento de los pueblos conquistados, propiciando la profundización del empobrecimiento. A esto se le llamó la acumulación originaria del capital.

Cuando las regiones conquistadas lograron su independencia política, las naciones colonialistas les impusieron las cadenas de la deudas financieras, que a la fecha no se acaban ni se acabarán de pagar, en paralelo los descubrimientos científicos y las revoluciones tecnológicas fortalecieron su modelo económico, lo fundamentaron en la creación de grandes empresas con participación en todos los países políticamente independientes pero sujetos a las condiciones de mercado, impuestas por esas naciones colonialistas ya transformadas en naciones desarrolladas.

La crisis recesiva anunciada ya está por venir, es diferente a las demás, pero en el fondo es lo mismo, un juego entre las fuerzas políticas de aquellos que quieren mantener las condiciones hegemónicas y de dominio, frente a las naciones que quieren eliminar la desigualdad y la pobreza.

En las cúpulas del poder económico y tecnológico, naciones y empresas, centradas en rentabilidades cada vez más altas, ignoran tanto la pobreza que generan, como los riesgos ambientales y climáticos, designan como causas de la crisis a la globalización y la migración, cuando es la respuesta a la pobreza derivada de los términos de injustos en el intercambio de mercancías, así como del dominio de la propiedad intelectual, limitando el desarrollo tecnológico en las naciones más vulnerables. Para ellos la respuesta a la crisis es el capitalismo progresista, lo que significa una reproducción de las condiciones de empobrecimiento, desigualdad y migración.

América Latina y México se han enfrentado a los flagelos de la pobreza, la desigualdad, la violencia y el rezago tecnológico, que explica la falta de productividad y competitividad de sus estructuras productivas, integradas por los pequeños productores manufactureros y del campo.

Las grandes empresas transnacionales solo han aprovechado los recursos naturales y la mano de obra barata, imponiendo patrones de consumo distorsionando las economías locales, orientando su actuación en los criterios del Consenso Washington, fundamento del modelo neoliberal, agravado por la nefasta corrupción, desmantelando, eso sí, la base social de las economías latinoamericanas.

En la inauguración de la tercera Reunión de la Conferencia Regional del Desarrollo Social de América Latina y el Caribe, con la participación de 28 países, donde la secretaria ejecutiva de la CEPAL Alicia Bárcena expresó que “la conferencia es una muestra emocionante de la pertinencia y voluntad colectiva, para acelerar el paso hacia el bienestar social, universal, igualitario. Y por la urgencia de sacar de la pobreza a 184 millones de latinoamericanos y caribeños, además cerrar la brechas de la persistente desigualdad, que siguen flagelando a nuestra región”.

La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, es un compromiso internacional para lograr un nuevo modelo de desarrollo basado en la igualdad, la doble inclusión social y laboral, la erradicación de la pobreza, la sostenibilidad ambiental y el crecimiento económico.

Para ello, será necesario superar los ocho nudos críticos: 1) la pobreza y la vulnerabilidad, 2) las desigualdades estructurales y la cultura del privilegio, 3) las brechas en las capacidades humanas, 4) los déficits en el trabajo decente y las incertidumbres asociadas a los cambios tecnológicos, 5) la desigualdad en la protección social, 6) la carencia de una institucionalidad social, 7) la insuficiente inversión social, y 8) los desafíos emergentes como la violencia, el cambio climático, la migración, las transiciones demográficas, epidemiológica, nutricional y los cambios tecnológicos, sin faltar las nuevas capacidades requeridas.

De no seguir una ruta para el desarrollo con inclusión social, poniendo a las personas como el centro del modelo, nuestra vulnerabilidad ante las crisis venideras se incrementará, con el riesgo de arribar a una sociedad distópica indeseable por sus propios efectos inhumanos.

Actuar sobre la huella social y ambiental es el modelo que superará al neoliberalismo. Igualdad, fundamento y horizonte del desarrollo. ¿No lo cree usted?

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