La ciencia, la tecnología y la innovación (CTI) han llegado a un punto de inflexión en su desarrollo, en la medida que se construyen y amplifican mutuamente, en una fusión de tecnologías, a través de los espacios físico, digital y biológico, propiciando cambios de alto impacto en la sociedad global, con repercusiones históricas, por su magnitud, velocidad, profundidad y alcance.

Cabe señalar que en este nuevo paradigma científico y tecnológico, las universidades son las que menos han aportado; ha sido la dinámica de inventores independientes, centros de investigación y las empresas, sobre todo las transnacionales, las que han impulsado el desarrollo tecnológico, claro, con un sentido eminentemente comercial, sin tomar en cuenta el aspecto social y humano.

El desafío global para todas las naciones es la velocidad y capacidad de aprender para generar y aplicar nuevos conocimientos; hoy la economía no se puede entender e impulsar sin poner en el centro a la CTI, ignorarla como categoría analítica es no superar el pasado, donde las teorías económicas neoliberales explicaban la realidad, pero hoy están obsoletas ante la economía digital.

Las políticas públicas que se requieren en CTI son las que se interrelacionan con la política económica, donde lo fiscal-presupuestal, regional-espacial y la educación superior articulada a los sectores productivos manufactureros y del campo, podrían crear las condiciones para que los jóvenes superen el rezago tecnológico y de productividad en las Mipymes, como en los pequeños productores del campo, de no lograrse, solo estaremos reproduciendo las condiciones de pobreza.

En el segundo Foro de Innovación y Transferencia de Tecnología, organizado por la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) región centro-sur, se planteó la necesidad de crear nuevas políticas públicas en materia de CTI, una de las cuales podría ser que no se apliquen a ese sector los recortes presupuestales.

En la administración que está por terminar, las asignaciones presupuestales a la CTI pasaron del 40 al 33 por ciento, impactando negativamente en diversos programas como el de investigación y el de becas a estudiantes en el extranjero, cuando este rubro representa una transferencia tecnológica y de conocimientos a favor de nuestro país.

En los primeros acercamientos a una revisión de la política en CTI se ha mencionado que se llegará al tan esperado uno por ciento del producto interno bruto (PIB), ya que solo se incrementó del 0.4 al 0.5 por ciento en esta administración, cuando la promesa era del uno por ciento. La tendencia de la inversión en CTI es decreciente, después de alcanzar su máximo en 2014, en este 2018 se están ejerciendo 26 mil millones de pesos, contra 26 mil 500 millones de 2012. Cabe recalcar que esta caída de la inversión en ciencia y tecnología es una decisión de política pública.

En materia de educación superior es válido mencionar los conceptos vertidos en el Seminario Internacional de Opciones y Desafíos en México para las Instituciones de Educación Superior ante la Sociedad Digital, organizado por diversas instituciones y por el Foro Consultivo Científico y Tecnológico, donde se comentó que las universidades tienen sus días contados porque la formación que ofrecen tiende rápidamente a la obsolescencia.

También hay planteamientos como que el sistema educativo de nivel superior requiere de un cambio de paradigma para enfrentar los desafíos que ya están surgiendo, tal como se observa en la megatendencia de la fuerza laboral líquida, que exige de los nuevos profesionistas la capacidad de aprendizaje a la velocidad de los cambios que van enfrentando, de tal suerte que sus competencias estén dominadas por la disposición de solucionar problemas y crear nuevos conocimientos, por lo que la investigación es ya una competencia profesional.

Las universidades que están logrando el cambio hacia la formación y desarrollo de un capital humano de alta calidad son aquellas que ya dejaron de ver al aula como el principio y fin de la formación, para considerar lo valioso de establecer como primicia el que el educando tenga como objetivos su creatividad exponencial y disruptiva, además de ser resistentes al fracaso y abiertos al permanente e intensivo aprendizaje, más allá de las fronteras de las aulas. Nuestras universidades están obligadas a lograr este cambio de paradigma. Y usted, ¿qué piensa?

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