Los tamales y atole son protagonistas de la fiesta de la Candelaria, la base para su elaboración es el maíz, cuyo grano proviene de la cosecha del año anterior. En el año 2019, según cifras preliminares del Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP), se cosecharon 8.7 millones de toneladas de maíz, el estado de Sinaloa contribuyó con el 68.1 por ciento de la producción, seguido de Tamaulipas, Sonora y Veracruz que en su conjunto sumaron el 22 por ciento, así que el actual granero del país es Sinaloa. Nuestro estado de Hidalgo con sus 38.6 toneladas cosechadas, contribuyó en 0.4 por ciento de la producción nacional, eso significa que el maíz cosechado es prácticamente para el autoconsumo familiar, el resto de los hogares dependemos del grano cosechado en otras partes del país o del mundo.

Para cosechar maíz, es primordial tener semilla para sembrar pero en algún momento de la política agraria del país, los campesinos fueron empujados para utilizar semillas “mejoradas”, perdiendo con ello la costumbre de la selección y conservación de sus propios granos.

Tal desuso se produjo cuando los programas de apoyo al campo pusieron en las manos de los campesinos semillas que se convirtieron en mazorcas grandes y densas, incrementado de manera efectiva la producción, pero también generó dependencia campesina sobre la semilla abastecida desde el exterior, ya sea a través de programas de apoyo al campo o de las comercializadoras de grano.

Las consecuencias de dicha pérdida se hacen evidentes cuando un representante ejidal se queja del precio de la semilla, otro campesino comparte su preocupación por que en su región, las tiendas de insumos agrícolas no tienen grano para surtir. La apuración de los campesinos se explica porque el periodo de siembra inicia en el mes de febrero, el día de la Candelaria es vital en la agenda agrícola porque los granos son bendecidos antes de ser depositados en la tierra.

Las personas del campo también suman otros problemas sabidos de primera mano en una reunión de comuneros en mi lugar de origen, ocho horas de debate sirvieron para agotar seis puntos del orden del día, uno de ellos abordó la infraestructura para el abastecimiento de agua con fines agrícolas, los costos pagados por los campesinos hacen más endeble su sobrevivencia, porque deben cofinanciar la ampliación de sus canales de riego, al tiempo de mantener bajos costos de sus productos para mantenerse competitivos frente a productores de otras regiones. Es decir que la política de apoyo al campo, en el terreno no se nota todavía, pues los campesinos saben que su sobrevivencia se debe a sus propios recursos y estrategias.

En resumen, se vislumbra que este año los campesinos hidalguenses que podrán sembrar maíz en tiempo y forma, serán aquellos que guardan su propia semilla de la cosecha anterior, esa práctica sigue persistiendo en las zonas rurales. Los campesinos que en algún momento fueron apoyados con semillas, fertilizantes, herramientas y otros enseres seguirán dependiendo del exterior para su siembra, lo que significa aceptar la lógica del mercado que impone tipos de semilla, precios e incluso formas de producción, como si los campesinos carecieran de conocimientos sobre su trabajo heredado y aprendido de sus ancestros.

“Sin maíz no hay país”, con poco maíz nuestros tamales y atoles para el día de la Candelaria se convertirán en artículos de lujo.

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