El 19 de febrero se celebró uno de los últimos partidos de la Liga de Campeones de Europa. Atalante recibió a Valencia. Para aquel entonces, la epidemia ya perfilaba a Italia como el epicentro de contagios en el viejo continente. Hubo resistencia y recomendaciones de no asistir al cotejo, pero se hizo caso omiso. El resultado terminó 4-1 para los locales. No obstante, todo el país perdió en cuestiones de salubridad.

Expertos han señalado aquel evento como una “bomba biológica” que contribuyó a que, durante varias semanas, la nación de la bota fuera el lugar con más muertes y casos de enfermedad por coronavirus (Covid-19). El sentido común nos da para pensar que, si el futbol regresa pronto, no será con gente en las gradas.

Ha cobrado fuerza el concepto de “inmunidad colectiva”. Esto implica que entre el 70 y 90 por ciento de la población de un país o región no corre riesgo de contraer el Covid-19, ya sea por la recuperación en un contagio previo o porque existe una vacuna. Por tanto, mientras llega el antídoto (los más optimistas lo anticipan para finales del año), la vulnerabilidad prevalece.

Si bien, México apenas se acerca a la cúspide de la parábola epidemiológica, en otros países miran en el horizonte el levante progresivo de la cuarentena. Por ejemplo, España se prepara cautelosamente para que los jugadores regresen a los entrenamientos bajo medidas de extrema precaución. Lo mismo sucede en Alemania, donde buscan ser la primera Liga europea que reanude actividades.

Ese entusiasmo no es fortuito. Se estima que los clubes perderán hasta un 20 por ciento de sus ingresos si los juegos se celebran con gradas vacías. A esto se suma el comercio formal e informal que gira en torno a la mística y folclor del balompié: comida, bebida, artículos de los equipos, transporte y hospedaje son algunos sectores que resentirán la ausencia de la afición, la cual podría extenderse hasta bien entrado 2021.

Será igualmente importante considerar el impacto emocional y físico que la pandemia tendría en los equipos. Como hizo Bélgica hace unas semanas, Holanda optó por dar por concluida la Eredivisie de una manera sensata: sin campeón, ascenso ni descenso. Los esfuerzos de las Ligas se volcarán por el rescate económico, pues, en términos estrictamente deportivos, y para el pesar de mucha gente, el año futbolístico terminó hace varios días.

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