Día de Muertos, escenario social de múltiples pistas, remembranzas de José Guadalupe Posadas, por su Catrina, expresión tecnológica hecha crítica entendida por todos, escenario de tradición y sana convivencia, empañada por el cáncer de la corrupción y la impunidad, tierra fértil del empoderamiento de la criminalidad.
En lo económico el modelo aplicado en México ha hecho del consenso Washington, máxima expresión del neoliberalismo, la estrategia para trasnacionalizar y mercantilizar toda actividad humana por su proceso privatizador, empoderando a la gran empresa trasnacional, dueña de prácticas innovadoras y estrategias de apoderamiento de los mercados, basadas en la propiedad intelectual.
Rolando Cordera lo resume genialmente: “El fundamentalismo del libre comercio se volvió hiperglobalización y empujó dislocaciones, regionales, sociales y estructurales, que no encontraron correctivos adecuados y oportunos”, mismos que se han materializado en una mayor pobreza y desigualdad, concentrando la riqueza en algunos grupos empresariales, políticos corruptos y despiadados criminales.
¿Cómo los dibujaría Posadas? Seguramente nos haría reír, también reírnos de nuestra desgracia y el gran desafío de construir una ruta basada en los valores sociales, la creatividad, el conocimiento, la investigación, el desarrollo técnico-científico y la innovación, teniendo como elemento estratégico la transferencia tecnológica y de conocimientos como una cultura socioproductiva. Si bien no es la panacea, sí sería la ruta para reducir el rezago tecnológico de la mayoría de nuestras Mipymes, hundidas en la falta de competitividad.
¿Pero cómo hacerle? Los programas de emprendimiento se han venido generalizando, hay que dotarlos de esquemas innovadores con sustento en la I+D+i en cuatro dimensiones: procesos, productos, organización y mercado; una de sus herramientas es la gestión tecnológica y de innovación, que da pauta a la transferencia tecnológica y de conocimientos, recíprocamente, entre las empresas y las instituciones de educación superior y centros de investigación.
Pero la estrategia fundamental consiste en integrar a la educación, I+D+i y la transferencia tecnológica para lograr el desarrollo económico (B Burger).
Ese esquema es congruente con el concepto de universidad emprendedora, entendiéndolo como la vinculación entre las actividades académicas con los procesos productivos, mediante la transferencia tecnológica y de conocimientos, la cual ha evolucionado de ser una articulación de los campos de ingeniería y ciencias naturales con la industria, pero ahora analiza y se ocupa de cómo las políticas académicas en ciencias sociales y humanas se vinculan a la sociedad, además de las tareas anteriores.
El binomio academia-empresa implica el proceso de aprendizaje-trabajo productivo inicial. En México se ha venido aplicando el Programa de incorporación de maestros y doctores en la industria, altamente benéfico pero limitado, habrá que extenderlo a nivel licenciatura, donde hay materias y programas de emprendimiento, como los procesos de incubación y postincubación que requieren de integración, pues prevalecen desarticulados.
La plataforma de ese proceso es el gran generador de nuevos conocimientos “la investigación” tanto básica como aplicada; claro, investigación que no logre aportar nuevos conocimientos no es investigación científica, es más, ni debería llamarse investigación, ¿toda la investigación que se realiza actualmente en las IES es generadora de nuevos conocimientos?
Las actividades de aprendizaje a nivel licenciatura como de posgrado y las de investigación son espacios multidisciplinarios, que deberán traducirse en ámbitos transdisciplinarios, proceso sinérgico de generación de nuevos conocimientos; si estos tienen aplicación en la atención de necesidades y construcción de alternativas de solución a problemas que enfrentan las empresas, estaremos en la posibilidad de identificar oportunidades de nuevos negocios, como de desarrollar sus capacidades tecnológicas y organizacionales.
Claro, es muy fácil decirlo, pero uno de los pasos que hay que acelerar es el de articulación academia-empresa, pero soportado por la investigación, con una fuerte identificación de estudiantes en formación con el trabajo profesional in situ.
Colocar a la transferencia tecnológica y de conocimientos en el centro de los modelos económicos es lo que ha facilitado a muchos países europeos lograr un desarrollo económico con mayor equidad. El Programa de formación de gestores de transferencia internacional (GeT-In), que apoya Conacyt con la colaboración de universidades de Alemania, liderado por la doctora Lydia Raesfeld, directora del Parque Científico y Tecnológico de la UAEH, son pasos firmes hacia un desarrollo más equitativo en nuestro estado.

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