Esta es la última parte de tres, la primera es una educación de alta calidad, desde la básica hasta el posgrado, una investigación básica y aplicada pertinente y focalizada a las necesidades de los diversos sectores productivos, principalmente de las Mipymes, como de las demandas de la sociedad en general; y esta entrega se refiere a la transferencia tecnológica y de conocimientos (TTC).
Las capacidades de las universidades como creadoras de conocimientos y desarrollo de tecnologías se ha incrementado, pero la difusión y aplicación a la sociedad todavía es muy limitada. A principios del presente milenio, a las funciones de docencia, investigación y extensión se agregó el de la vinculación, concepto no comprendido y menos aplicado con la pertinencia requerida.
Esta ampliación del propósito ha exigido de las IES una reconceptualización y reorganización para realizar procesos de generación, almacenamiento y transferencia de conocimientos. A pesar de que autores como Nelson (2004) defienden la concepción del conocimiento como bien público, ha entrado a la órbita de los mercados, sobre todo a partir de 1994, cuando EU propuso los llamados Acuerdos sobre Derechos de Propiedad Intelectual Relacionados con el Comercio.
La vinculación, según Alcántar y Arcos (2004), se logra cuando las actividades académicas y el quehacer de la sociedad en su conjunto se interrelacionan permanentemente, aportando no solo conocimientos y soluciones a problemas y necesidades de sectores productivos y sociales, sino también retroalimentando a las actividades académicas, a la investigación y al desarrollo tecnológico.
Por ello, la vinculación es un concepto incluyente del cual forma parte la TTC, como eje articulador de todos los procesos económicos, políticos y sociales, ya que es darle cause a la energía social y no solo privilegiar los mecanismos de mercado.
Pero al no existir la vinculación que la sociedad requiere, se ha dado paso al llamado Valle de la Muerte, dado que las IES y centros de investigación, las empresas y diversas instancias de gobierno en sus tres órdenes (municipal, estatal y federal) no han logrado construir una interrelación sinérgica virtuosa, donde las empresas Mipymes y la sociedad salgan beneficiadas.
Según la encuesta Inegi-Enaproce (2016), existen en México 4 millones 59 mil 460 empresas, de las cuales solo 0.28 por ciento son grandes, equivalente a 10 mil 917; en tanto, las Mipymes suman 4 millones 48 mil 543 unidades, siendo las microempresas las más numerosas, ya que llegan a 3 millones 952 mil 422, representando 97.6 por ciento del total nacional. Las Mipymes que patentaron en 2014 fueron el equivalente a 0.08 por ciento, o sea, solo 3 mil 451, lo que evidencia una falta de transferencia tecnológica y de conocimientos, que puede y debe lograrse a través de una vinculación sinérgica con las IES y centros de investigación.
¿Por qué no se ha logrado? ¿Existen políticas públicas? ¿Son las adecuadas? ¿Cuáles son las que se aplican a nivel municipal? ¿Por qué los municipios no participan en esa vinculación?
Cuando alguna empresa transnacional se interesa en participar en algún espacio territorial del país, la maquinaria pública le facilita todas las gestiones, ¿por qué no también hace lo mismo con las Mipymes? ¿Será porque las transnacionales traen inversión extranjera? Sí, pero no es gratuita, vienen sobre todo por los recursos naturales que en su lugar de origen no tienen, vienen porque ven que nos pueden vender todo lo que quieren, porque todo se lo compramos, vienen porque hay mano de obra barata cuando la necesiten, aunque crean empleos (los mejores) para personal que traen de sus países.
Una inversión extrajera que no propicie derramas y aprendizajes tecnológicos no es útil al país que la recibe.
La TTC es un proceso mediante el cual se lleva a cabo la trasmisión del saber y de las tecnologías, de una organización a otra, para desarrollar nuevas aplicaciones, en este sentido es un factor crítico para lograr la innovación y competitividad, que implica el desarrollo de las capacidades tecnológicas y organizacionales de nuestras Mipymes, que frecuentemente desaparecen.
Este proceso implica: contratación más que convenios, realización de proyectos de investigación en redes sinérgicas, creación de empresas de base tecnológica (Spin-off) e impulsar la cultura de investigar e invertir en equipos de alto rendimiento, más que en patentes, de acuerdo con la nueva tendencia que ha marcado Elon Musk en Tesla Motors, de orientar los esfuerzos hacia la construcción
de prototipos y de productos disruptivos, priorizándolos ante la protección intelectual. Esta tendencia se sustenta en que la innovación no tiene límites y avanza a velocidades inusitadas. “Todas nuestras patentes te pertenecen”, es su lema.
Si no se construye una cultura de vinculación efectiva y una TTC como práctica empresarial, académica e institucional, no lograremos disminuir la pobreza y desigualdad. La pobreza no disminuye con discursos, eso es perversidad. ¿O no presidente Peña Nieto?

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