Eduardo Calva, José Arias, Reyna Jiménez y Karen Paz

Según la Federación Internacional de Diabetes se denomina síndrome metabólico al conjunto de alteraciones metabólicas constituido por la obesidad, disminución de las concentraciones del colesterol unido a las lipoproteínas de alta densidad (HDL), la elevación de las concentraciones de triglicéridos, el aumento de la presión arterial (PA) y la hiperglucemia. El síndrome metabólico se está convirtiendo en uno de los principales problemas de salud pública del siglo XXI, relacionado principalmente con los estilos de vida que son característicos de nuestra sociedad que llevan a los jóvenes a situaciones de potencial riesgo cardiovascular. Actualmente se han incrementado ciertas enfermedades degenerativas debido a estilos de vida deficientes; entre las principales enfermedades crónicas degenerativas que destacan en México son: diabetes mellitus tipo dos, enfermedades del corazón, hipertensión arterial, dislipidemia, entre otras. Siendo esas vinculadas a estilos de vida poco saludables (consumo de alcohol, tabaco, mala alimentación, etcétera).

Cabe mencionar que de 4 a 5 millones de personas son diagnosticadas con diabetes mellitus y según la Encuesta Nacional de Salud (Ensa 2014) es la primera causa de muerte en nuestro país.

Actualmente, la obesidad constituye el principal componente del síndrome metabólico y la Organización Mundial de la Salud (OMS) menciona que afecta principalmente a la población de bajos recursos económicos, asentada en las áreas urbanas, en donde el estilo de vida determina las conductas alimentarias, de actividad física y los aspectos emocionales donde su calidad de vida depende directamente del medio natural y su calidad. La valoración sobre la salud no solo depende de las necesidades y los conocimientos del individuo, sino también de las condiciones de vida y trabajo.

La OMS en su documento Recomendaciones mundiales sobre la actividad física para la salud (2015) sostiene que la actividad física se considera la acción más importante que puede realizar el ser humano para mejorar la salud y minimizar los factores de riesgo que determinan las enfermedades no transmisibles (ENT), como el cáncer, las enfermedades cardiovasculares, la diabetes, la hipertensión y la obesidad.

La actividad física ha empezado a incrementar en los últimos años, ya que se le han atribuido efectos en la función fisiológica y en el bienestar mental y psicosocial, mejora la función cardiocirculatoria, respiratoria, músculoesquelética, osteoarticular, endocrino-metabólica, inmunológica y psiconeurológica. La activación física, por su parte, es dirigida a todo grupo etario, planeada y estructurada, en la que el hombre participa con el objetivo establecido de mejorar alguna de sus cualidades físicas como la fuerza, la potencia, la velocidad, la resistencia aeróbica, entre otras.

En conclusión, la condición física ayuda a tener un estado fisiológico de bienestar que proporciona la base para las tareas de la vida cotidiana, un nivel de protección frente a las enfermedades crónicas y el fundamento para el desarrollo de actividades deportivas.

Por su importancia, el Instituto de Ciencias de la Salud (ICSa), maestros del área académica de enfermería, desarrolla una investigación para determinar la relación del síndrome metabólico con la actividad física, utilizando un cuestionario internacional de actividad física, datos generales, biológicos y antropométricos (peso, talla, índice de masa corporal e índice de grasa corporal), así como mediciones de presión arterial y glicemia capilar.

Referencias

Federación Internacional de Diabetes
Encuesta nacional de salud (Ensa 2014)
Organización Mundial de la Salud (Recomendaciones mundiales sobre la actividad física para la salud)
American Association of Clinical Endocrinologists (AACE)

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