El 19 de septiembre de 2017 varias entidades de la República mexicana resintieron los efectos de un movimiento telúrico de gran magnitud. Este hecho pone a los mexicanos frente a varios retos económicos, políticos y sociales; asimismo, ofrece una serie de reflexiones para explicar este fenómeno y estar preparados para futuras contingencias.
En la desgracia nacional nuevamente se destaca el papel que la sociedad civil mexicana jugó en el rescate de personas vivas y muertas de entre los escombros, rebasando en varios sentidos a la desgastada clase política tradicional o a los tomadores de decisiones (la Semar y la Sedena merecen una acotación aparte).
Particularmente, los millennials mexicanos (jóvenes nacidos entre 1980-2000) han irrumpido en la escena pública no como un actor pasivo e indiferente, sino como una fuerza que despertó una vez más la solidaridad, la conciencia nacional y despabiló a nuestras juventudes que dieron la mejor muestra de amor hacia su pueblo en desgracia. Si esa fuerza logra politizarse, marcar ruta y encaminar a un proyecto sostenido, la historia de este país será distinta a la que han construido las élites de siempre, que son rancias y enfermas de poder.
En el terreno de la información, las redes sociales jugaron un papel positivo en colocar en la agenda pública la suma de voluntades de todos los mexicanos para aportar y ayudar en las labores de rescate; la sociedad civil colaboró, no con lo que le sobraba, sino lo que la gente damnificada necesitaba. Cierto es que también nos dimos cuenta que hay áreas de oportunidad para que se establezcan protocolos compartidos para el uso de las redes sociales en eventos contingentes (terremotos, huracanes, explosiones, atentados terroristas, etcétera) con el fin de evitar la desinformación, el alarmismo y la confusión social. Los proveedores de estos medios de comunicación deberán afianzar sus aplicaciones tecnológicas bajo esta perspectiva. Por su parte, las televisoras deberán de hacer un ejercicio autocrítico respecto a los varios incidentes cometidos por su falta de mesura al informar.

El sismo moverá la política y nuestra economía

Por su parte, en el terreno político varios liderazgos partidistas nacionales fueron presionados socialmente para que cedieran recursos que estaban destinados a las campañas del próximo año y mejor canalizarse hacia la reconstrucción de la capital mexicana y las entidades afectadas. El logro ciudadano, que ha quedado en discurso de los políticos, debe concretarse con la entrega de éstos a las familias que perdieron todo. Las futuras elecciones cada vez menos las definirán la cantidad de tortas y refrescos repartidos, porque pesará más la fuerza de un segmento cada vez más crítico, donde los millenialls (switchers) ocuparán un lugar preponderante. El sismo evidenció el músculo de la sociedad civil.
En el terreno económico se requieren 29 mil millones de pesos para la reconstrucción de las entidades devastadas por los sismos. Mientras que Fonden solo tiene 9 mil 500 millones de pesos. Para 2018, el INE otorgará a partidos 6 mil 702 millones 973 mil 351 pesos y al Poder Legislativo (es decir, a los mismos partidos) 15 mil 400 millones de pesos (Laboratorio de Comercio, Economía y Negocios).
Frente a este panorama, emerge el siguiente cuestionamiento, ¿la sociedad mexicana presionará lo suficiente a su clase política para volcar todos esos recursos a nuestros hermanos
damnificados?
Independientemente del devenir político, podemos decir que estamos orgullosos de ser mexicanos, esperamos que la ayuda no cese, porque no hay mejor enseñanza en esta desgracia que la que nos dio la sociedad civil con su ejemplo.

[email protected]

Comentarios