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Sistema de partidos hacia el lado oscuro

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En las últimas tres décadas se ha estado debatiendo fuertemente sobre las características del sistema de partidos en el país. Las posturas que se han desarrollado son casi de sentido común, ya que para todos aquellos que cuentan con algo más de cinco décadas de vida, han visto transitar al país de un sistema de partido hegemónico, que por cierto teorizó el cientista político Giovanni Sartori, en su muy conocido y estudiado libro sobre partidos y sistema de partidos, a un sistema de partidos que cuenta con tres fuertes partidos y para los más optimistas han visto ese tránsito hacia un multipartidismo.

Es necesario no perder de vista, que el análisis de la evolución del sistema de partidos está estrechamente ligado a la consolidación de la democracia. En efecto, la premisa teórica afirma que mientras más numerosos son los partidos políticos, más democracia posee cualquier sistema político. Creencia que fue fuertemente criticada y analizada por Sartori, quien evidenció que la existencia de muchos partidos políticos no garantiza la democracia, por lo tanto, en su estudio intenta determinar cuál es el número de partidos ideal para consolidar una democracia, que por cierto México ya sobrepasó.

Entonces, la vinculación entre democracia y sistema de partidos es muy estrecha, para algunos casi sinónimo, es decir, cobra relevancia la representación de intereses, que para la sociedad actual no es poca cosa. En efecto, la vida pública actual es cada vez más compleja, cada vez se suman más y más intereses de distinto origen y nivel en la sociedad.

Hemos observado en el pasado como los intereses son representados por los partidos políticos y ellos los filtran, jerarquizan y los incorporan a la vida institucional, es decir, los partidos políticos son un instrumento para la gobernabilidad y para el desarrollo político de cualquier país. Tal vez, por la tremenda complejidad de nuestras sociedades, la capacidad de los partidos para absorber y atender los diversos intereses no ha sido, ni será suficiente.

En el caso mexicano, en las mismas décadas que hemos presenciado el tránsito de sistema de partido hegemónico a un sistema tripartita, se observa como ha aumentado el descontento y la desconfianza hacia los partidos, y por ende hacia la misma democracia como un sistema de gobierno. En efecto, la búsqueda de la democracia para ver representados nuestros intereses en la toma de decisiones y atendidas nuestras necesidades es el mayor desencanto que los ciudadanos mexicanos hemos experimentando en décadas. Eso ha colocado al sistema de partidos, a los partidos sin excepción, en el lado no deseado de la democracia. Es posible afirmar que la desaparición de partidos políticos no inquieta absolutamente a ningún ciudadano.

Nadie desea que los partidos políticos sean los protagonistas del cambio, de la transformación del país (las últimas encuestas muestras que el 76 por ciento de los ciudadanos tiene una opinión negativa de los partidos políticos), más bien, hemos buscado líderes que sepan incorporar en su actuar la diversidad de intereses y necesidades de los mexicanos. Eso es una variable que explica los resultados electorales de julio pasado y explica también las fuertes críticas sobre el excesivo presupuesto del Instituto Nacional Electoral y de cada uno de los partidos políticos que cuentan con registro a nivel nacional y estatal.

El indiscutido triunfo del presidente electo Andrés Manuel López Obrador lo sitúa como el líder directo entre el Ejecutivo y la ciudadanía. No resulta controversial ni amerita crítica alguna la petición que formuló el propio López Obrador a los miembros del partido que el mismo fundó, Movimiento Regeneración Nacional (Morena) de renunciar al 50 por ciento de su financiamiento público. Sumado a ese escenario lo reducido de la presencia electoral y en número de representantes de los otros partidos en el Senado, la Cámara de Diputados y los congresos locales, genera un escenario de eclipse partidista, que coloca, al igual que en un eclipse lunar, al sistema de partidos en el lado oscuro, bajo la sombra que proyecta la Tierra –el presidente de la República– sobre los partidos políticos haciéndolos desaparecer de la visión democrática de los ciudadanos.

Intentando evitar especulaciones, los efectos de ese eclipse son insospechados, pero lo que sí es indiscutible es que traerá importantes cambios al sistema político del país y tal vez, no solo retóricos y estéticos, sino una nueva redimensionalización de la división de poderes y de la democracia en el país.

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