Es insolente en grado sumo el nivel de excesos e intolerancias absurdas a que ha sido sometida la población mexicana por parte de desvalidos mentales, posesos obsesivos de delirios protagónicos propios de esquizoides neonazis y filofascistas delirantes que ya rebasaron cualquier límite. Ya se metieron a la cocina.
En nombre de la seguridad pública o nacional, según convenga a sus argumentos represivos, sacian sus apetitos con argumentos de cuartillo, que no resisten el mínimo detalle analítico. El caso es que cada día se superan a sí mismos en imbecilidades y despropósitos… ya tienen a la población ¡hasta la madre!

Arne y Xóchitl: sus excesos en Periscope

Si los excesos y abusos de autoridad del neonazi panista Arne aus den Ruthen Haag, ex “city manager” de la delegación Miguel Hidalgo, escandalizaron a la población por la arbitrariedad y prepotencia inédita que desplegaba utilizando su Periscope, como prueba plena de supuestos delitos cometidos por automovilistas y transeúntes, eso ya fue superado.
La propia Xóchitl Gálvez, la misma que envalentonaba y protegía a ese engendro del filofascismo blanquiazul, se encargó de desnudar su pasado cuando quiso aplicar el Periscope en la fiesta íntima convocada en uno de sus latifundios de Querétaro por Diego Fernández de Ceballos, que reunió a lo peor de la chacalada mexicana de todos los partidos.
Cuando los personajes abusivos en cuestión se dieron cuenta que Xóchitl andaba grabando con el aparatito, en plena fiesta y ante los abrazos, sus pláticas, emotividades y conflictos interpersonales de intereses, se aprestaron de inmediato a regañar a la infame panista revestida del Valle del Mezquital y le bajaron los humos, como usted recordará fácilmente.
Hasta ahí llegó la audacia tecnológica que quisieron usar los panistas para soliviantar las garantías ciudadanas. Arne, el neonazi cincuentón, fue separado de su flamante e inexistente cargo a petición de las autoridades superiores, que ya estaban colmados de las ocurrencias y gracejadas de Xóchitl, una encubridora de las actividades delincuenciales de su hermana, sentenciada por el infame delito de secuestro.

La Policía cibernética siembra el terror

Como se creen “vengadores anónimos”, los feroces y frustrados inquisidores de petate florecen por dondequiera, al menor pretexto, validos por el vacío absoluto de poder político. Si las “autoridades” solo están dedicadas a enriquecerse a velocidad turbo, los de en medio y los de abajo pueden hacer lo que quieran con nosotros, el pueblo.
Los investigadores político-policíacos que ha contratado la Policía cibernética (?), dependiente de la Secretaría de Gobernación y de la fatua Comisión Nacional de Seguridad, se han dedicado a sembrar el terror y a violentar todos los derechos humanos de quienes tienen la desgracia de caer en sus manos, de ser víctimas de sus ridículas pesquisas.

Ernesto Canto, un Torquemada de Telcel

Ernesto Canto García es el nombre de un esquizofrénico inquisidor de la Policía cibernética que opera desde las oficinas de Telcel –empresa de Carlos Slim– en el céntrico Pabellón del Valle, tienda departamental ubicada en la esquina de Miguel Laurent y avenida Universidad, de la capitalina colonia Del Valle.
Un descastado, obsesivo compulsivo, “muy celoso de su deber” que se dedica las 24 horas del día a vigilar los contenidos privados, videos, mensajes, correos electrónicos de todos nosotros que, cuando contratamos un servicio de telefonía celular, quedamos atrapados en una red de esquizoides, agresivos contumaces, delincuentes y delirantes.
Gracias a que el gobierno federal, aparte de entregar la concesión del servicio celular al monopolio Telcel de Carlos Slim, le ha concedido la prerrogativa, inimaginable en un país que se respete, de secuestrar las claves de nuestros aparatos y usarlas para el fin que convenga a éste y a cientos de infelices de la calaña del nefasto Ernesto Canto García.

Anticonstitucional e intolerable violación

Las experiencias vividas por varios clientes de Telcel son escalofriantes. Revelan el nivel tan bajo al que ha caído el sistema de procuración ñoña de justicia, cuando se mezclan las concesiones estatales con los aparatos de investigación, que han demostrado su inutilidad e incompetencia en todos los niveles.
Sucede que, acompañado de un equipo fantasmagórico de computadoras de última generación, abogadas, secretarias, policías ministeriales y agentes del Ministerio Público federal, que operan al servicio de este loco rematado, el inquisidor Canto se da vuelo investigando nuestra vida privada de una manera anticonstitucional, antijurídica y francamente intolerable.
Cuando alguien tiene la necesidad de acudir a las oficinas de Telcel, en ese centro comercial, a recontratar el servicio se enfrenta a una realidad desconocida y brutal. El sujeto de marras, Ernesto Canto García, ordena que se le quite y sustraiga la credencial de elector oficial y le ordene confinarse en una encerrona, en el cubículo adaptado atrás de la oficina de atención al público.
El password universal de Carlos Slim

Valiéndose de la clave personal que usted y yo nunca conoceremos –porque, con esta especie de “llave maestra” Telcel es la única propietaria del secreto de su intimidad– los investigadores de la Policía cibernética ya se han metido hasta la cocina y han violentado su vida privada. Si usted y yo hemos recibido alguno de los millones de “memes” o videos que circulan en la red, y de alguna manera ha sido visto o enviado desde algún lugar que ellos determinan a su capricho… ¿qué cree?, pues de ese momento usted puede ser acusado por estos mastines descerebrados como cómplice de una conjura, de un delito grave, de una red de tratantes, de una pandilla de narcotraficantes o conjurados contra el gobiernito establecido. Un despropósito total. Que se agrava cuando el video o el meme o el mensaje ha sido emitido originalmente desde algún lugar o territorio que ellos consideran forma parte de sus “ejes del mal”.

Abuso e invasión de la privacidad

De inmediato usted se ha convertido en un sujeto peligroso, reducido, confinado y obligado a confesarles todo asunto que a ellos se les antoje preguntarle. Durante horas de un interrogatorio sucio y morboso, los “policías cibernéticos” revisan todo su historial electrónico, desde el año en que usted tuvo la desgracia de ser cliente del monopolio Telcel.
Asustados, los interrogados son testigos de una obscenidad de la peor ralea. En las pantallas de sus computadoras inquisitoriales aparecen sus amigos, sus clientes, sus familiares, sus relaciones sociales, sus negocios, sus actividades profesionales, todo bajo la sospecha ‎de estos negros personajes, que parecen salidos de las catacumbas del Medievo.
Delante de usted, los policías cibernéticos se abocan a comunicarse por teléfono con sus seres queridos o cercanos para preguntarles todo, que si es cierto que lo conocen, qué grado de parentesco tienen, qué desarreglos o confrontaciones se han presentado en los últimos días. Son invasores también de su red telefónica, recuerde.

Incauta su credencial del INE

‎Mientras, la copia de su credencial permanente de elector del INE ha sido circulada por todas las dependencias del sistemita fracasado de seguridad nacional que pagamos con nuestros impuestos. En la PGR, en Gobernación, en la Defensa Nacional, en Marina, el Cisen y la Comisión Nacional de Seguridad, y en vaya usted a saber qué tugurio habilitado como casa de seguridad, ya conocen hasta la marca de chones que usa. La credencial de elector quedará sujeta a investigación ocho días y su teléfono desconectado. Sus necesidades les valen madre.

Convierten al ciudadano en enemigo de la seguridad

‎¡Felicidades! Gracias a las ocurrencias de estos mamarrachos y simuladores, usted ha pasado a formar parte de las listas negras de enemigos de la seguridad del Estado. De las que ya no podrá salir jamás, porque ha recibido un video de Turquía, de España o de algún reclusorio, de esos que no sirven para una pura y dos con sal, pero arrastran cualquier reputación o prestigio.
Todo, porque en su aparato celular recibió un correo, un WhatsApp, un mensaje, un vídeo o un “meme”, inofensivo, que ellos tuvieron el atrevimiento de conculcar sin que usted lo haya sabido.
Violaron totalmente y vejaron, con impunidad e inmunidad, sus derechos civiles, constitucionales, humanos, su integridad personal y la seguridad de su vida privada con desfachatez y desparpajo. Revisaron sus contenidos con un morbo enfermizo y se solazaron con su angustia o con su encabronamiento.

¡Para eso me gustabas, Carlos Slim!

Pero son la justicia en vivo. Los feroces guardianes de un siniestro dinosaurio que colapsa de muerte y en sus coletazos quiere llevarnos a todos.
Han utilizado todas las técnicas del bajo mundo y de la historia para amedrentarlo y sojuzgarlo, además de evidenciar y exhibir su vida privada ante sus seres más queridos. ¿Qué nombre tiene este nuevo delito? ¿No tienen idea de sus pendejadas?
¿Qué culpa tenemos los ciudadanos de los complejos de estos desgraciados?
Este atrevimiento y siniestro abuso de autoridad, ¿cómo puede pagarse?, ¿cómo pueden resarcirse sus derechos conculcados?, ¿quién indemniza este atropello?
Absolutamente hamponesco. Denigrante. Esquizofrénico a más no poder.
¡Para eso me gustabas, Carlos Slim!
Para que terminaras como “cuico” del gobiernito.

Índice Flamígero: Culpan a la Fed estadunidense, a los precios del petróleo, al alza de las lonjas bursátiles, a lo que se les ocurra, pero la realidad es que el precio del dólar –ayer llegó a los 19.50 pesitos– se ha disparado por sus errores internos: los gazapos diplomáticos de EPN, los muchos errores internos en materia de gobernabilidad y gobernanza, al presupuesto de egresos suicida e idiota, al relevo en Hacienda, a la inseguridad a la que temen los inversionistas extranjeros y, sobre todo, por los moche$ que, como en el caso del titular de la SCT, Gerardo Ruiz Esparza, son “en efe’ (dólares, but of course) y por adela’”.

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@pacorodriguez

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Columnista político desde 1977. Comentarista radiofónico y de televisión. Publica su columna “Índice político” en 47 medios de comunicación de la República mexicana y tres de Estados Unidos. Apunta con el Índice, pero también propone.