¿Hablar de Navidad en enero? Sí, aún es posible y quizá sea mejor. Porque a toro pasado la cabeza piensa con mayor serenidad. Además tenemos argumentos editoriales: durante dos domingos este diario no circuló porque se atravesaron Navidad y Año Nuevo. Pero justamente recuperamos los textos que publicó Esto no es un libro en diciembre y que dejan algo claro: a la mayoría de quienes escriben en esa edición esa fecha les despierta sentimientos negativos. Leamos en enero sobre Navidad en este Maldito Vicio: es una sensación extraña y quizá por eso interesante

So, this is Christmas
José Luis Dávila / @JLuisDavilaQ

Siempre he odiado la época más feliz del año. Al contrario de mis compañeros de escuela, a quienes les emocionaba chingos la temporada, me parecía aburrido y tedioso tener que cantar en coro las mismas pinches canciones ridículas. En lo personal, nunca he sabido lo que es un burrito sabanero y a mis 26 años no me interesa saberlo. Cuando entré a la secundaria creí que al menos eso cambiaría un poco, y sí pero no como esperaba. Traté de entender por qué hacían intercambios de regalos y ponían buena cara cuando les tocaba regalar a alguien que les caía mal. Sin embargo, se quejaban, lo cual los reducía a hipócritas asquerosos. Y en la preparatoria eso se acrecentó; las personas se odiaban todo el año pero en esas últimas semanas todo era reír y comer juntos, compartir y beber –como amigos– en el bar más cercano que nos dejara pasar sin identificación, aunque en enero, luego de la rosca de Reyes, todos volvieran a su habitual dinámica pasivo-agresiva. Quizá por eso me sentía como en casa, se parecían tanto a mi familia.
Ese problema que tengo con lo decembrino, entendido como el cúmulo de festividades religiosas/sociales, lo había estado ahogado en silencios incómodos y respuestas cortantes. ¿Qué harás en Navidad?, me decían. Nada, respondía, ver una o dos películas en mi habitación, cenar a puerta cerrada. Pero qué triste, si este es tiempo de compartir y demostrar a los otros que los aprecias, y los regalos y los abrazos, y la comida y la alegría, es para disfrutar, no para ser un amargado. Entonces sonreía. Respiraba. Decía: no me interesa, gracias.
Y no me confundan. No es por el argumento idiota del consumismo de las fechas. Yo amo comprar estupideces, regalarlas y que me las regalen, pero para eso no necesito un día específico. Es solo que de verdad me resulta absurdo celebrar lo que se celebra en diciembre.
Un día creí que la solución era encerrarme en trabajos que me exigieran permanecer esos días festivos en una oficina. Pero fallé. Calculé mal. Las personas que trabajan en esos lugares me dan asco, siempre pensando en lo que harían si tuviesen tiempo libre, como ir a compartir con sus familias la típica preparación de la cena o pendejadas así.
Estaba a punto de dejarme vencer por diciembre cuando llegó la respuesta: una línea de atención a suicidas. Por supuesto, siendo psicólogo no me fue difícil entrar a trabajar ahí. Desde entonces tengo este mes tan ocupado que poco puedo pensar en algo más. Y, aún mejor, me pagan por divertirme escuchando las miserables vidas de otros y decirles que tienen razón, que este mes apesta pero, por eso, en vez de matarse mejor vayan y arruinen las celebraciones de los demás, que hacerlo les hará sentir bien.
Yo creo que así ganamos todos.

Regalo de Navidad, vol 2016
Erasmo J Valdés / @ejvaldes

Como todos los años, la noche del 24 de diciembre los niños de México se fueron a dormir temprano, ansiosos por la visita de Santa Claus. Pero la mañana de Navidad de 2016 fue la más triste de cuantas se han registrado en la historia del país, pues cuando todos ellos despertaron y corrieron llenos de ilusión a buscar sus regalos, descubrieron que las guirnaldas, las calcetas, las luces, el pino y hasta el nacimiento habían desaparecido, y que en lugar de juguetes recibieron herramientas e insumos de construcción, como tabiques y bultos de cemento, acompañados de coloridas tarjetas con la leyenda:
Para el muro.
Con los mejores deseos de
Donald J Trump
Un poco más tarde, cuando las familias asomaron a sus cocinas, se llevaron una gran sorpresa al percatarse de que la comida que reservaron para el recalentado ya no estaba, y en la televisión los noticieros relataban la desaparición de las decoraciones navideñas en todas las ciudades y cómo la Fuerza Aérea de Estados Unidos impidió al trineo de Santa ingresar a territorio mexicano.
Así fue como Donald Trump le robó a México la Navidad.

Ese viejo truco
Juan Ter Veen

La cara se me achica como un globo desinflado mientras mi nariz crece hasta cobrar vida propia; una esfera a la vez. Todo alrededor brilla entre colores y luces parpadeantes.
El aroma que se escapa de la cocina es tan dominante que apenas percibo el aliento fresco del follaje.
La música, las risas, la voz distante del abuelo que penetra en cada rincón de mi cerebro. Una voz tremenda y entrañable.
Las manos de mis hermanos, señalando rincones especiales entre los huecos que forman las ramas. La emoción contenida y la que flota libre en el ambiente.
Es Navidad.
Aunque hoy cuesta más trabajo que entonces deslizarse bajo el árbol, mi máquina del tiempo sigue funcionando igual que siempre.

Invisible
Enid Carrillo / @enidbug

Llevo nueve años trabajando en el Sistema de Monitoreo de Semáforos, nueve años desde que Mateo murió en un accidente de coches. Jodida la vida, ¿no? Es un trabajo que poco me ocupa, casi todo lo hacen las máquinas, yo solo estoy aquí como un fantasma, viendo al mundo suceder sin ser parte de él. Aquí nunca hay descanso, y prefiero. Desde que mi hijo murió tengo mucho tiempo para ser infeliz, para pensar en nada. Yo cuido a esta ciudad sin que nadie lo note, mantengo el orden con mi dedo invisible y hago que todos lleguen a tiempo a sus casas, a sus trabajos, a su estúpida cena de Navidad. Miro las cámaras e imagino la impaciencia de la gente por llegar, por encontrarse con sus familias, sus amigos, con la nada. Pero esta noche haré descender al desorden: un botón me basta para hacer que todos los semáforos de la ciudad queden en verde y el destino marque el ritmo de su propio caos. Mi mano se quema por apretarlo y desearles a todos una feliz Navidad.

Sin descanso
Alma Santillán / @alma_santillan

Cada año es lo mismo. Llega diciembre y me dicen que debo tomarme un descanso, que he trabajado demasiado y que esta época es la mejor para relajarme, para alejarme de los lugares de siempre y dedicarme a hacer nada.
Me considero bueno en mi labor, llevo años en ella y me he ganado el derecho de establecer yo mismo algunas reglas, horarios, métodos. Podría decirse que me he convertido en mi propio jefe. No tengo superior que reclame si a veces se me pasa la mano en algún procedimiento, o si trabajo horas extra.
No puedo considerarme un adicto al trabajo, pero en toda mi existencia no he podido acumular las razones suficientes como para soñar con vacaciones navideñas. Y es que es entonces cuando mi esfuerzo se reconoce aún más: con tantas personas perdiendo la razón por las compras, haciendo hasta lo imposible por llegar a lugares que visitan una vez al año, y qué me dicen de los festejos excesivos de todo tipo.
Es, curiosamente, la temporada en que mayor reconocimiento tiene mi oficio, en la que todos recuerdan mi nombre y se arrepienten por no tomarme en cuenta en su día a día. Me esfuerzo para que cada una de mis obras tengan trascendencia, aunque algunos no las aprecien como tales.
Me gusta mi trabajo porque las personas no lo pueden pasar por alto, porque en cada entrega miro sus expresiones, y las escucho reflexionar pero a veces maldecirme. Muerte, me dicen, y me recriminan por trabajar en Navidad; y yo les digo vida, vida tienes hasta que yo lo diga.

DIRECTORIO MALDITO

Director del mal: Jorge A. Romero
Colaboradores viciosos: Mayte Romo, Ilallalí Hernández, Alma Santillán, Enid Carrillo, Erasmo Valdés, José Luis Dávila, Diego José, Óscar Baños, Luis Frías, Rafael Tiburcio, Abraham Gorostieta, Negra Magallanes, Elizabeth Rivera, Daniel Fragoso, Julia Castillo, Isabel Fraga, Antonio Madrid, Jorge Daniel el Ene, Víctor Valera, Sonia Rueda, María Elena Ortega, y otros que, si bien no están, podrían caer en el vicio algún día.
Ilustración: Especial
Diseño: Cuauhtémoc Ríos

El o los vándalos que queman el árbol de #Navidad #Machala deben tener el complejo de ser una mala copia de Mr Scrooge o El Grinch

Fernando Chavarría
@ferantchav46

Comentarios