Una desaforada lealtad hacia los mandatos sangrientos del Imperio, la absoluta abyección para ejecutar sus designios y el apego irrestricto al entreguismo de la patria en favor de los intereses yanquis, han hecho que el exsecretario particular del titular de la Marina, hoy su entorchado jefe, Vidal Francisco Soberón Sanz, sea muy probablemente el candidato de Enrique Peña Nieto a la presidencia de la República.
El aparato priista se apresta, inconfundible, a los preparativos y rituales de rigor para disponer la liturgia política que sea menester para este obtuso destape –luego de que ya eliminaron los “candados”–, en un afán incalificable de mostrar lo peor de sus artes,el grado de culiempinamiento de sus destacados cuadros militantes y dirigentes, todos a una en un empeño digno de la comedia trágica.
Contados priistas que vean afectados sus sentimientos patrióticos en relación con las viejas banderas del partidazo podrán expresar alguna parrafada de descontento u oposición, pero en general –opinan los expertos– todos podrán tragar sapos sin hacer gestos, como es costumbre desde que el mundo es mundo en el oficialismo tricolor.
Se volverá a oír la frase de rigor en estos casos, hoy pronunciada por un telonero mercachifle como Guillermo Ochoa Reza, puesto ahí para escenificar cualquier befa: ¡Vidal Francisco Soberón Sanz, es el mejor hombre de la Revolución! ¡En él coinciden prendas patrióticas y conocimiento del país que rebasa lo nortmal! Y tan tan, a hacer “el oso”.

El bar El Yate fue la escuela de graduación de la Marina Armada

En el fondo de la decisión que ya se comenta en los principales mentideros políticos del país, se encuentra la lacerante realidad mexicana. Un Estado, donde, según el Índice Global de Impunidad 2017, se ha obtenido el primer lugar de impunidad de América Latina, el peor porcentaje de resolución de delitos en 69 regiones mundiales estudiadas.
El olfato político de los altos miembros de ese poderoso clan transnacional del kitchen cabinet, que operan en los bajos fondos de la Casa Blanca de Washington y en Los Pinos, los ha llevado a decidir que a falta de pan, tortillas. Como no se han encontrado con mandaderos eficaces que ejerzan el poder como civiles, recurren a confiarlo, de una vez y para siempre, a militares. Mano firme, dirán. Mano dura, en realidad.
Y los militares, mientras más hechizos sean, mejor. El caso de Vidal Francisco Soberón Sanz es emblemático en América Latina. Se trata de un aprendiz de marino a la mexicana, que no ha pasado ni por los exámenes aquéllos que se hacían a bordo del bar “El Yate”, en la planta baja de la Secretaría de Marina de las calles de Revillagigedo y Azueta, en el Centro Histórico.
De ahí salían los entorchados de la Armada mexicana, improvisados que no sabían ni lo que era el famoso “nudo”, esa medida de velocidad de cualquier embarcación… que ni siquiera teníamos. Pero como todo era de mentiritas, pues todo se valía. Esa era la escuela de graduación de todos los afamados maestres y contramaestres dueños del mar patrimonial.

Hoy todo es serio: la Marina Armada brazo ejecutor del Imperio

Pero hoy todo es serio. Demasiado serio. Porque en manos de la Marina Armada el Imperio depositó el poder letal, sangriento del Estado mexicano, en su desaforada guerra contra el narcotráfico, la guerrilla y diversos objetivos paramilitares, con su escandalosa cifra de torturas, asesinatos, ejecuciones, desapariciones y atropellos a los derechos humanos.
De 4 mil denuncias de tortura presentadas ante la PGR en los últimos años, solo 15 han resultado condenatorias. Mientras, en la absoluta opacidad, todos los rangos y mandos de la Marina Armada se niegan en redondo a conceder cualquier entrevista a medios de comunicación nacionales y extranjeros.
Por eso en México, a medida que crece la criminalidad y la complicidad a todos los niveles, aumenta estratosféricamente la capacidad y la influencia del narcoEstado en las decisiones que puedan afectar sus intereses, dondequiera que se encuentren los osados que atenten contra ellos.

Generales rodean a Trump; almirantes tomarían el poder aquí

Un auténtico mercado negro de armas, vehículos y artefactos bélicos, desarrollado a ciencia y paciencia a costa de nuestros saqueados bolsillos, está dirigido a engordar la cartera de fruncionarios y exterminar, bajo la mirada gorda de las autoridades a un pueblo sumamente indefenso y cada vez más hambriento, pero también cada vez más encabronado.
En dos decisiones muy parecidas, el grupo transnacional de los que mandan desde el Kitchen cabinet de la Casa Blanca en Washington y en Los Pinos, ha decidido que a un bufón incompetente y lastimoso como Donald Trump se le rodee de militares de alta graduación diplomados en lucha contrainsurgente, para no dejarlo caer.
Y al mismo tiempo, toman la decisión de que México se enfile a un gorilato institucional, a través de la fallida decisión de ungir a Vidal Francisco Soberón Sanz como el candidato presidencial priista, creyendo que de ahí en adelante todo será coser y cantar. Pero la decisión que puede ser viable en el Potomac, aquí puede ser un balazo por la culata.
Hasta el NYT se escandalizó de la alta letalidad de la Marina Armada

Algo flota ya en el ambiente, cuando hace unos meses The New York Times, el acreditado rotativo occidental tomó la decisión de investigar en serio la conducta letal de las fuerzas armadas mexicanas y su relación con la violación de los derechos humanos.
Dos reporteros del Times neoyorquino, Azam Ahmed y Eric Smith, comisionados en México para el efecto, lograron hacer constar la alta letalidad de las Fuerzas Armadas en sus operativos militares o seudoconstitucionales, sacaron a relucir números que escandalizaron al mundo. Reportaron cifras desvergonzadas, basadas en estudios certeros.
Relataron que en un contexto donde prevalece la impunidad por abusos en derechos humanos y la falta de respeto a las garantías constitucionales de los críticos al régimen, el toluquismo contaba con Ejército y Armada “excepcionalmente eficientes para matar, con tasas extraordinarias en el número de muertos de sus enemigos”.
Un Ejército y Fuerzas Armadas salvajes, concluye la investigación, al amparo de la ley de la selva y del imperio del más fuerte… y más impune, agrego. Asesinos eficientes, señala el rotativo, que apilan cuerpos, entre otras cosas, porque saben que el sistema de justicia y la normativa legal están absolutamente rebasados.

¿La mano firme? ¿La mano fuerte para ordenar al país?

El Comité Central de la Cruz Roja Internacional había registrado que en los operativos de referencia, por cada “objetivo” muerto, quedaban cuatro heridos. Eso era antes. Hoy, la Secretaría de Marina arrasa con 30 cuerpos y deja un solo herido, para el boletín de rigor. Su tasa de matanza ha rebasado los estándares mundiales.
‎Su alto registro de criminal letal, su acendrado patriotismo en relación con la bandera de los huesos y calaveras, su entrega apasionada en el arrase y la exterminación de los mexicanos, son las prendas que ostenta el que muy probablemente sea el nuevo abanderado tricolor para la presidencia de la República: el almirante Vidal Francisco Soberón Sanz. La mano firme. La mano fuerte para poner orden en el país.
El derroche de lambisconería demostrado abiertamente en relación a la aprobación de la Ley de Seguridad Interior confeccionada a complacencia de los comandos norte y sur de Estados Unidos, comprueba, por si hiciera falta, su palomeo inmediato y rotundo en Washington y la felicidad desatada entre el círculo de empresarios regiomontanos, quienes dijeron que sí en cuanto lo supieron hace un año.
¿Usted qué haría?, pregunta el destapador entreguista desde Los Pinos.

Índice Flamígero: No hace mucho, recuerde usted, en espacios de gossip o chisme político se mencionó la posibilidad de que el actual titular de la Marina Armada ocupara la vacante Secretaría de Gobernación –prácticamente sin alguien al frente, porque el pachuquita Miguel Ángel Osorio Chong no’más no llena los zapatos de sus antecesores priístas–, versión que se dejó correr durante algunos días sin que muchos hicieran muecas ante la especie. Todo lo contrario. + + + Quizá sólo faltaría “alinear” al otro brazo de las tres Fuerzas Armadas: el secretario de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos, quien siempre aparece en las fotos más protagónico que el secretario de la Marina Armada. + + + “El pasaporte de Emilio Lozoya Austin ofrece una posible pista para esclarecer su vínculo con los Panamá Papers”, apunta don Alfredo Álvarez Barrón. Y El Poeta del Nopal interviene:

“Si no caen en el olvido
de trucos y martingalas
obtendrá nuevo apellido
¡Emilio Lozoya Dallas!”

www.indicepolitico.com / [email protected] / @pacorodriguez

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Columnista político desde 1977. Comentarista radiofónico y de televisión. Publica su columna “Índice político” en 47 medios de comunicación de la República mexicana y tres de Estados Unidos. Apunta con el Índice, pero también propone.