El eje sobre el que gira el “Yo acuso” de Denise Dresser (artículo publicado en el periódico Reforma el 7 de septiembre, el pasquín inmundo según el presidente López Obrador) contra la administración de la pandemia de parte del gobierno de AMLO, son: las muertes durante la pandemia, la ruina financiera y el hambre. El gobierno miente, no ha protegido a la población de la pandemia que además ha dejado a mujeres y hombres en la ruina financiera y el hambre. Pandemia, hambre y ruina financiera constituyen el centro de su juicio. La acusación se dirige a cuestionar la mentira, es decir, el presidente miente cuando dice que la pandemia ha sido domada. Se entiende que el contexto dresseriano es la verdad.

Sobre el asunto de la verdad y la mentira en política. La política es un campo especial de la acción humana y por supuesto no académico aunque puede ocurrir que los políticos estén vinculados al ámbito de la academia como ocurre con Denise Dresser, según he conocido sin proponérmelo algo de su trayectoria. En el campo de la política, la verdad y la mentira se rigen por criterios diferentes a los académicos, aunque habrá quien suponga que de ninguna y manera, y todavía considere que aquí el enunciado se debe corresponder con el dato o con el experimento, que creo que no es el caso. Pero no importa, también en ese aspecto se puede recurrir a las cifras como contra argumento aunque no es en general el propósito de esta contra argumentación al “Yo acuso”.

En política, como decíamos, existen criterios diferentes para medir la verdad y la mentira. En este espacio, la verdad y la mentira se rigen por un criterio que es fundamental: el contexto paradigmático (Gianni Vattimo, Adiós a la verdad). Los millones de ciudadanos que fueron a votar a favor de la candidatura de Andrés Manuel López Obrador el primero de julio, lo hicieron porque cuentan con un marco de referencia que tiene que ver con la experiencia vivida en los últimos 36 años de política neoliberal. No fueron a la escuela ni ingresaron para que les hicieran un examen de conocimientos que legitimara el derecho a votar el día en que México ha decidido cambiar. Para intelectuales neoliberales como Krauze, Aguilar Camín, el profesor Alfonso Zárate y Dresser, entre otros, la experiencia la reducen al engaño y el enamoramiento de la masa hacia el líder.

Cuando no se considera el contexto epistémico y paradigmático desde el que hablamos es imposible comprender al otro, pues al final de cuentas las palabras no son otra cosa que la manera en que imprimimos nuestros afectos a través del lenguaje escrito, los argumentos no tienen valor más allá del que nosotros mismos les queremos dar. Y en este último terreno, el de los deseos individuales, en el ámbito de la política, carecen de validez alguna porque nos anulamos como seres sociales y políticos y todo se reduce a simples creencias. Los argumentos “verdaderos” de Denise Dresser son los argumentos de quienes desde el paradigma neoliberal sostienen una postura ante la pandemia que afirma que el presidente actual ha fracasado en sus intentos de proteger a la población de la pandemia y las secuelas de hambre y carencia de recursos financieros.

Pero de verdad ¿ha fracasado el presidente en su intento por domar la pandemia? Por las encuestas que recientemente se han publicado parece que de nueva cuenta el presidente se ha anotado otro éxito, a pesar de que las cifras, efectivamente, salieron del horizonte en el que habían sido colocadas originalmente. Pero, aun así, esto no es un fracaso ni para la administración federal ni para quienes se han encargado de dirigir los esfuerzos por controlar los efectos negativos de la pandemia, incluido, por supuesto la mayoría de la población, que sigue apoyando al titular del Ejecutivo federal. Entonces, ¿Qué es lo que explica que se mantenga el apoyo y que no le hagan caso Dresser? El paradigma desde el cual se hace el “Yo acuso”, es decir, la de la anterior política neoliberal.

Y ¿Por qué, a pesar de las cifras, sí creen en López Gatell, que representa a la 4T? Porque Gatell, a nombre del obradorismo, habla en un contexto paradigmático que ha sido legitimado por el proceder del actual gobierno y que contrasta con lo ocurrido en el pasado. Aquí el asunto referido a cifras no tiene tanta relevancia (aunque la tiene por supuesto), en términos de la verdad y la mentira, porque esos datos se valoran en función del paradigma que los escudriña, analiza. Para unos las cifras son el resultado del fracaso, para los neoliberales; mientras que para quienes apoyan a Obrador, que lo hacen desde la perspectiva de la transformación, las cifras respaldan la idea de que de no haber actuado como se actuó las cosas hubiesen sido aún peor de lo que ahora muestran las cifras.

De tal manera el “Yo acuso” si lo fundamos en términos de quien tiene la verdad y quién miente, el resultado que a Dresser no le acompaña la verdad y que es ella la que miente. En este punto es importante que agreguemos un elemento de debate adicional: la hipocresía. La manera en que el presidente ha manejado este término para referirse a los conservadores como hipócritas, enmarca este término con el que en general los diccionarios describen el sentido de este concepto: que la persona que es hipócrita es aquel o aquella que habla pero que esconde sus verdaderas intenciones. Es decir, que cuando Dresser coloca el “Yo acuso” y dice que el presidente miente porque no se ha protegido a la población y además la ha dejado en la ruina financiera y el hambre, es ella la que está ocultando algo que no nos quiere decir.

En el caso de la ruina financiera y el hambre. La ruina financiera ya venía ocurriendo para la población, cualquiera que revisan los datos acerca de la distribución de la riqueza en los últimos 36 años cualquiera se da cuenta que la ruina financiera ya venía ocurriendo porque los beneficios se distribuyeron hacia arriba y no hacia abajo. Del hambre, apenas el gobierno de Peña hizo una campaña contra el hambre cuyo dinero fue parte de la estafa maestra. El hambre ahí está. Por último, el tema de la pandemia y la desatención, existe algo que no dice Dresser: esta pandemia no estaba calculada por el mundo occidental porque Occidente ha muerto desde hace décadas, es una cultura y forma de valorar que ha mostrado sus limitaciones.

Con Obrador el pueblo está mejor que con el neoliberalismo. Ese es el marco contextual o paradigmático, producto de la experiencia popular reciente. Es difícil que lo entiendan quienes están ahora en el crepúsculo después de brillar con la luz que les prestó el neoliberalismo.

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