Cuando empecé a subirme al escenario, a edad temprana, me di cuenta que había ocasiones en que no tenía que recordar el trazo o el texto, pero en la mayoría de las veces hacía énfasis en recordarlo porque ante todo quería ser disciplinada. Consideraba que esa era la característica esencial del actor. Pero esa disciplina férrea me llevaba a un fingimiento que era indiscutible. Incluso hasta acostumbrarme a salir derrotada después de cada función, porque interiormente sabía que algo no estaba “acomodado”.

Pero un día algo ocurrió, en un ensayo ante un ejercicio respiratorio tuve un desmayo. Al despertar, continué con las acciones del ejercicio de exploración y descubrí que podía entrar y evolucionar la situación sin necesidad de pensar, recordar o imitar algún comportamiento. Simplemente las cosas pasaban.

Horas más tarde, al analizar las razones y consecuencias del desmayo concienticé que el estado de relajación extrema me había sensibilizado y por lo tanto me había abierto a nuevas experiencias, reacciones que estaban “acomodadas” en la situación.

Muchos nombres y registros sobre los diversos caminos para abordar actoralmente la escena leí para entender la experiencia del “hecho vivo”. En la búsqueda, he descubierto que todas las propuestas de investigación a las que me he acercado son funcionales según las convenciones teatrales propuestas. Es decir, en un medio cultural tan diverso, es medular establecer un propio sistema de signos coherentes al discurso espectacular, incluyendo la actoralidad; pero considero fundamental partir de la unidad individual, la persona con sus constructos y sus deseos. El yo construido por la educación, la moral, los sueños y los tabúes.

El “cómo hacer” “o ser” está relacionado con la conciencia sobre los tabúes que me construyen, y claro sus rompimientos para la escena, que curiosamente esa confrontación provoca una evolución en mi como persona. Es más allá del desnudo o si violo a un oso de peluche; tiene que ver con la aceptación de la idea de lo terrible y de lo adorable. Finalmente, todas las posibilidades del ser humano.

“Este desafío al tabú, esta transgresión, proporciona el choque que arranca la máscara y que nos permite ofrecernos desnudos a algo imposible de definir pero que contiene a la vez Eros ya Carites” (Grotowski, 2008, p16).

El reflexionar sobre mi experiencia actoral me lleva a decir que el proceso es inacabable, implica construcción, deconstrucción, pérdida del camino y reencuentro con el ser individual. Si tuviera que decir “mi técnica”, hablaría del desarrollo humano, el cual terminará con mi muerte. Por lo tanto, el desarrollo de la técnica, como el teatro, debe ser una cadena de acontecimientos vivos, en constante evolución.

Reconozco que parto de la respiración en una dialéctica con el movimiento. Esto para habitar el presente. Es decir, el “aquí y ahora” (Stanislavski) como principio de la situación (en un teatro hay un escenario y sobre él una actriz que frente a un es llamada Antígona). Esta supra conciencia permite el acto de creación.

Finalmente, en algún momento de la historia comprendí que la técnica Grotowski es solo de Grotowski. Y como en él, todos. Los aportes, nombrados como técnicas, sistemas o métodos, son grandes referentes dispuestos para el estudio y redescubrimiento, en el tiempo y con el individuo adecuado, según el discurso escénico.

“… Desafortunadamente, algunos de mis compañeros actores y discípulos han adoptado mi terminología sin pensar demasiado en su significado; ellos me comprendieron asintiendo con la cabeza, pero no con sus sentimientos; y lo que es peor: ellos quedaron plenamente satisfechos con esto, difundieron mi terminología y se propusieron difundir mi método. Nada puede ser más dañino para el arte que el uso de un método por el simple deseo de usarlo” (Stanislavski, 2014, p ocho).

El descubrimiento sobre las razones y efectos del desmayo ha sido una de las experiencias más reveladoras. Esto no quiere decir que considere el desmayo una herramienta, pero gracias a ese acontecimiento sí puedo reconocer que ante el acto de hiperventilación me confrontó a resistencias físicas y mentales, que me indujeron a ese estado (el despertar), lo cual sirvió para elevar energéticamente la situación planteada, ya que afortunadamente el ejercicio no fue suspendido. Sino llevado hasta las últimas consecuencias.

Bibliografía
Grotowski, J (2008) Hacia un teatro pobre. Siglo XXI Editores.

Stanislavski, K (2014) Manual del actor. Grupo editorial Tomo, SA de CV

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