No es gratuito ni fortuito que hechos lamentables como los acontecidos en el Paso Exprés de la autopista del Sol donde murieron dos personas, sean una constante en este país. La negligencia aunada a la corrupción y a la ignorancia son una bomba de tiempo en cualquier lugar.
Cómo olvidar aquella mañana de septiembre de 1985 cuando la tierra tembló para descubrir todo un entramado de corrupción y complicidad entre empresas constructoras y
funcionarios de gobierno que en su ambición desmedida omitieron principios básicos de
seguridad, de ingeniería, de mecánica de suelos, etcétera, y que provocaron una tragedia
convirtiendo a una parte de la Ciudad de México en un cementerio.
Las fallas son constantes: hundimientos, fracturas estructurales, desbordamientos,
inundaciones, deslizamientos y socavones en toda la infraestructura carretera y urbana de
todo el país. Y no solo la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) es cómplice, también las direcciones de obras de los gobiernos locales se llevan su jugosa tajada.
Gobernadores, secretarios, presidentes municipales, diputados, senadores, ingenieros,
arquitectos y las grandes licitaciones de las empresas extranjeras y nacionales que
anteponen sus intereses mezquinos y personales sobre la seguridad de usuarios y
ciudadanos.
Ahí abajo, en el subsuelo, siempre queda un hueco que tarde o temprano se tiene que
rellenar por un principio lógico llamado gravedad. Las cosas siempre caen por su propio peso y entre más grande la corrupción y la ignorancia más grande el agujero y más intensa la caída.
Y no es falta de dinero sino exceso de ambición, el presupuesto que se ejerce en obras civiles es exorbitante, injustificada y a costillas de los ciudadanos. La autopista del Sol, la biblioteca José Vasconcelos, el Senado de la República, la línea 12 del metro o los distribuidores viales del segundo piso de la CDMX, el Centro Nacional de las Artes,
ampliaciones carreteras, etcétera. Son infraestructuras que o están cuarteadas, se inundan, no son funcionales, se excedieron en presupuestos, o son inútiles como la Estela de Luz, un verdadero monumento a la corrupción y a la estupidez.
Aun cuando la voz popular se manifiesta y exige, las autoridades se dedican literalmente a poner parches, remiendos, hacerse de la vista gorda, a dar atole con el dedo, aventarse el paquete unos a otros y buscar culpables y chivos expiatorios porque para eso sí son buenos. Les faltan ovarios y testículos para hacerse responsables.
Y cuando la sabiduría de los pueblos, que ven la tormenta venir, advierte o se manifiesta con acciones concretas, los hostigan, los violentan, los matan, los reprimen con golpeadores pagados, como el caso de la ampliación carretera de Tepoztlán y cuya resistencia popular de los Frentes Unidos en Defensa de Tepoztlán fue amedrentada hace unas semanas por personas sin escrúpulos del “sindicato” Libertad de la CTM, caracterizados por ser capaces de golpear a su propia madre a cambio de unas monedas, mismas que recibieron de la SCT y la complicidad obscena del gobierno del estado de Morelos.
La sabiduría de los pueblos de Morelos que resisten y no se han cansado de señalar lo que viene, la misma tierra lo está demostrando. El socavón del Paso Exprés es apenas la punta del iceberg, las consecuencias de la desforestación, de la explotación desmedida de la tierra (no nada más en el estado de Morelos, sino en todo el país) ya se vienen manifestando y van en aumento. Pero lo más grave es que seguimos solapando a hombrecitos corruptos en todos los niveles, desde la presidencia hasta el burócrata más pequeño en el escalafón de la corrupción. Lamentablemente esta tragedia no será la última, en la CDMX por ejemplo, tenemos el agua hasta el cuello, los hundimientos suceden casi a diario y el gobierno de Miguel Ángel Mancera y su séquito de cómplices siguen abonando sus fortunas de las multas e impuestos de los ciudadanos para fomentar esta cultura del parche y del remiendo, del maquillaje. Y habrá que estar alertas porque siempre hay un negligente, un corrupto y un ignorante construyendo un socavón.

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