Y ahí estaban, amistades querendonas que les gusta acompañarme en cada logro. Los hombres de mi vida, emocionados como si fuera la primera vez. Alumnos y alumnas que me conmueven con sus abrazos. Raúl Arroyo, presidente de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística de Hidalgo, siempre tan preciso en sus comentarios, tan generoso conmigo. Lee mi trayectoria, marca la pauta del evento y me entrega el diploma. Me colocan la medalla que simboliza que ya pertenezco a ese histórico grupo, el mismo que fue creado desde el siglo XIX, la primera institución científica del país. Los aplausos, las felicitaciones.
La ceremonia fue muy tradicional, respetuosa en su ritual, perfectamente estructurada. Para ingresar, quien se integra debe leer un discurso y un socio debe responderla. Fue lindo, provocador, inspirador. Yo leo y don Prisciliano desde su generoso machismo solidario, respondió.
Mi discurso fue breve, simplemente hice visibles a las mujeres que han escrito nuestra historia, creado nuestra propia geografía y sumado todas las estadísticas. Lo dividí en tres partes, la primera hizo referencia a una latente pero anónima participación femenina en la vida nacional. La segunda, nombres concretos que van de Sor Juana a Marcela Lagarde, finalmente, la tercera, el compromiso de palpar a las mujeres de Hidalgo.

Un fragmento, dice:

Agradezco a la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística Hidalgo que hayan aprobado de manera unánime la propuesta para integrarme a su membresía, en calidad de socia de número. Gracias a su presidente Don Raúl Arroyo por su generosidad y sororidad masculina.
Y desde que recibí tan gentil invitación, toda mi geografía vibró completa. La que soy y la que intento ser, la misma que cree en sí misma, que siempre se busca y se encuentra en las otras, en nosotras, en “yo otra vez”. La mujer que soy, las mujeres que somos, las mujeres que habitan en cada territorio con su propia geografía, marcada por el sexo, transformada por el género, agitada por el
feminismo.
Soy una mujer que entre más pasa el tiempo, más se apasiona por identificar nuestras geografías, los nombres de quienes me han abierto puertas y ventanas para avanzar con mis sueños. Mujeres que han enfrentado injurias para volverse eternas, que han escrito con su puño y letra nuestra historia. Que nos han contado para denunciar cuando hay una menos entre nosotras, que han calculado porcentajes para jurar que somos la mitad del cielo, que hacen gráficas para representar todos los escenarios que nos hemos ganado por necias y talentosas, locas y gozosas, brujas y sabias, bellas y airosas.
Soy una mujer, con geografía de mujer y alma feminista que lleva más de 30 años dedicándose a encontrarnos, a nombrarnos y hacernos visibles; mi objetivo es y será constatar que somos presencia latente en nuestra historia, en cada región, en todas las épocas.

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