Si usted no es millennial recordará aquella canción “Bracero”, singularmente interpretada por Eulalio González Piporro.

La letra es un reclamo por el racismo que enfrentaron los mexicanos en aquellos años de 1940 y 1950 del siglo pasado en Estados Unidos, contratados legalmente por el gobierno estadunidense para cubrir la ausencia de mano de obra masculina que se fue a la segunda Guerra Mundial y después a la de Corea para aterrizar en la de Vietnam.

Luego vino la época indocumentada de quienes continuaban con la esperanza de hacer realidad el sueño americano.

En esa letra de “Bracero”, escuché por primera vez el adjetivo soflamero. El bracero detenido por un agente de la migra le da a beber tequila y éste, al primer trago responde “mucho caliente”, próximo al ahogo. El bracero le reclama: “Don’t be soflamer… no seas soflamero”, es decir, no exageres, no engañes.

Usted preguntará a qué viene esta referencia de la cultura popular mexicana.

Bien. Resulta que en San Pedro Cholula, Puebla, en la enésima perorata de descalificación contra quienes considera sus contrincantes, diríase nivel de enemigos por la forma en que los trata, el señorpresidente aludió a los empresarios españoles que se sirvieron con la cuchara grande en obras realizadas en los tres sexenios anteriores, en las que salpicaron millonarias sumas para ganar licitaciones.

“(…) Y siempre con la soflama de que sí no se les dan privilegios no va a haber inversión y no van a venir a instalarse a México y no van a crearse empleos. Eso no es cierto (…)”, reprochó el licenciado López Obrador e incurrió, por enésima ocasión, en esa práctica que critica a sus opositores, en la actitud de desprecio con brochazos de racismo, porque racismo es de ida y vuelta, de distinto nivel socioeconómico y de diferente color de piel, de etnia a etnia y de raza a raza.

El inquilino de Palacio cotidianamente demuestra severos atavismos sociales, rencores que niega pero evidencia y airea públicamente con expresiones de abierto racismo. Fifís, conservadores, machuchones, pirrurris llama a algunos y cuestiona a quienes aspiran a salir de la pobreza y los llama a conformarse con la mediocridad.

Porque, lo enfatizó, “secuestran a los que tienen dinero no a los pobres, por eso es mejor una sociedad pobre”. Y urge al conformismo del par de zapatos y una muda de ropa. Es soflamero, es una soflama su propuesta, un engaño.

Sí, esa es la actitud de un soflamero. Y me quedo con el reclamo que hace Piporro al agente de la migra estadunidense que intenta engañar con su exceso de tos en vía de asfixia.

Sí, licenciadopresidente, en el mejor pocho que he conocido, en expresión de Piporro, sin desmerecer al juarense Germán Valdés Tin Tan: Don’t be soflamer. No sea soflamero como acusa a los empresarios españoles y otros extranjeros que amagan con no invertir en México, so riesgo de que su gobierno les aplique la amenaza de pagas o prisión.

Sin duda reclamar el pago de impuestos, multimillonarios impuestos, es de ley, procede y debe aplicarse a aquellos delincuentes de cuello blanco, los dueños del dinero y los dueños del poder que amasaron riquezas en ese binomio corrupto e impune.

Pero, el señorpresidente, en el pecado lleva la penitencia con sus soflamerías, porque el mensaje no es bien planteado para esa inversión externa que, ayer por cierto, redujo el nivel de posibilidad de traer sus dineros a México.

¿Soflamero y racista? No cabe duda, además hay que sumar otro adjetivo que suele ser mal consejero para un gobernante que cotidianamente batalla con su conciencia que le demanda no ser rencoroso.

Porque soflama tiene acepción de perorata que descalifica y busca el engaño, en voz del soflamero. Veamos.

“Ahora ya no se permite la corrupción –dijo a integrantes de Antorcha Campesina que lo increpaban en ese acto en Cholula–. Pueden estar gritando, puede haber manifestaciones de automovilistas, pueden los potentados, que se sentían dueños de México y que venían a saquear al país, incluso extranjeros, pueden estar molestos, inconformes denunciando al gobierno de México en la prensa extranjera, en la prensa nacional que está también, no toda, pero sí la mayoría volcada en contra del gobierno.

“Pueden hacer y deshacer, echar andar campañas de desprestigio, guerra sucia, campañas de calumnias, noticias falsas, pero no vamos a dar ni un paso atrás, se acabó la corrupción, no se permite robar. El dinero del presupuesto es dinero del pueblo y a nosotros nos eligió el pueblo para ser guardianes y cuidar que nadie se robe el dinero del presupuesto, ni con gritos ni con sombrerazos, ni con insultos ni con nada. Cero corrupción, cero impunidad. Se va a acabar la corrupción, se va a acabar la impunidad. Me canso ganso”. Hasta aquí parte de ese discurso de molestia, de hartazgo.

Por eso, no hay duda de que en la medida que se le escurre de las manos el bono democrático ganado en julio de 2018, en el nivel que se complica la crisis sanitaria y la económica, al grado de desdecirse y pedir al Banco Mundial más de dos mil millones de dólares, en ese margen pierde los estribos, se molesta, incómodo responde a los reporteros, ignora y desprecia a manifestaciones en su contra, a demandas legítimas como las de los familiares de desaparecidos que se plantaron frente a la salida de El Lencero, en el municipio vecino a Xalapa, Veracruz.

Por eso su nivel de discriminación contra el youtuber Chumel Torres, invitado a un debate convocado por el Conapred, porque este se atrevió a criticar a su hijo menor Jesús Ernesto. Lo peor es que, amén de desconocer qué es el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, el señorpresidente no sabía de su existencia y atendió a un reclamo de su esposa, la doctora Beatriz Gutiérrez Müller, quien se inconformó y reclamó que se haya invitado a Chumel. El debate, por cierto, se canceló y en el Conapred andan santiguándose; les cayó el chamuco.

¿Voluntarismos de la familia presidencial? ¿No que son distintos? Andrés Manuel discrimina y exhibe al que lo critica o cuestiona a su familia. En efecto, la vida privada se cuece aparte, pero de ahí a tomar represalias públicamente y desde el poder, que es una ofensa para quienes han creído en él, no tiene vuelta y hay que decirle: señorpresidente no sea soflamero ni rencoroso y menos xenófobo. Conste.

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