Es posible que no haya Luna donde esté el Sol y que no sientas el calor del Sol cuando se note la Luna…

Las reservas de Sol, por supuesto, no están en la playa. Para que el Sol esté en reserva se requiere imperiosamente que nadie lo esté usando y en la playa, como comprenderás, puedes prescindir de muchísimo, pero no puedes prescindir del Sol.

Las reservas de Luna, por el contrario, sí puedes hallarlas en la playa, aunque solo en el lapso en que el Sol monopoliza la atención de todos.

Para dar con las reservas de Sol tendrás que ir en línea recta al norte, muy al norte, tanto o suficientemente al norte como para comenzar a sentir que el frío te arrebata la capacidad de gesticular. Sabrás que llegaste al sitio que alberga las mayores reservas de Sol cuando experimentes cómo el alma se independiza de tu cuerpo, habrás dado.

También puedes optar por un sentido claramente adverso, el sur. Viajar en línea recta hacia el sur, muy al sur, tendría que acercarte al Sol reservado. Las condiciones a las que te expondrías no son menos hostiles que si intentas buscar por el norte. Algunos, los menos que han intentado alcanzar las reservas solares a través de esa orientación, saludan la idea de verse escoltados por el silencio y arropados por la oscuridad.

Para dar con las reservas de la Luna tendrás que ir al este, justo por donde el Sol nace, allí, seguro habrá algo, el resto se reparte conforme avanzas al extremo oriente, en las costas cálidas hasta el atardecer y en las dunas desde el mediodía.

Es posible que no haya Luna donde esté el Sol y que no sientas el calor del Sol cuando se note la Luna, pero en términos de reservas esa lógica no aplica. Puede haber tanta Luna en un ambiente de Sol resplandeciente y puede haber tanto Sol en una noche de Luna llena. La diferencia es que ninguno de los dos está en uso. Es eso. Y esa razón derriba todo paradigma que rechaza su coexistencia.

Me gusta pensar así, en que nosotros, como la Luna y el Sol, tengamos la oportunidad de estar juntos sin importar las condiciones que aparentemente nos separen. Me gusta creer que tú, como el Sol, no solo puedas refugiarte en mi noche de Luna para reservar tu energía.

Me gusta pensar en que yo, como la Luna, necesite de tu luz como carta de presentación y me pueda amparar bajo tu brillo, en una danza creadora de extraordinarios cuadros de luces y sombras.

Sol de Luna

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