*Nuevamente la ciudadanía toma mano en apoyo a los damnificados
*Políticos y partidos ridículos al medrar con la desgracia

Este 19 de septiembre, como hace 32 años, una región importante del país sufrió un terremoto con efectos graves en pérdida de decenas de vidas humanas, cientos de heridos, inmuebles caídos y daños severos de casas, edificios e infraestructura urbana, sobre todo en Morelos, Puebla, Estado de México y la Ciudad de México, entre otras entidades, lo que se suma a las inundaciones causadas por los huracanes Irma y Katia, además del sismo de 8.2 del pasado 7 de septiembre con epicentro en Chiapas, mismo que causó fuertes daños en Oaxaca y Tabasco, donde también se contabilizan decenas de muertos, heridos y cuantiosos daños materiales.

Esta cadena de desgracias generada por desastres naturales en muy pocos días, es algo inusual que nos rebasa a pesar de que el país aprendió con los sismos del 19 y 20 de septiembre de 1985 a transitar a la cultura de la prevención en esta materia, a generar modificaciones sustantivas de los reglamentos de construcción, a crear instituciones de la protección civil y los consejos de prevención de desastres naturales federal, estatales y municipales, a destinar recursos y fondos especiales para ello, que siempre son insuficientes y que en muchos casos han sido desviados por gobernantes rapaces, pero el ingrediente de hoy nuevamente es el factor humano, el que está actuando solidariamente en el rescate de personas en todas las ciudades, comunidades y rancherías afectadas en el país y aportando ayuda en víveres, medicinas, ropa, labores de rescate y dinero, que rebasan en mucho –nuevamente– las acciones de los tres órdenes de gobierno.

Hoy, ante estas tragedias que requieren la solidaridad y el apoyo de todos los mexicanos para nuestros hermanos en desgracia, nos vemos obligados a actuar de inmediato con todo lo que está en nuestras manos y posibilidades sin mezquindades ni disputas, solo nos debe importar acudir como voluntarios, aportar en especie o económicamente, compartir alojamiento, conocimientos profesionales, dar empleo, asistir a las víctimas y sus familias, demostrando que en estos momentos difíciles lo más importante es salvar vidas humanas y ayudar de verdad y no solo lamentarnos y ser espectadores.

Pero sobre todo, tenemos que tener coordinación con todas las autoridades a pesar de la desconfianza que hoy existe por la corrupción imperante y el lamentable uso político y de rentabilidad electoral como lo acaban de hacer de manera vergonzosa en Chiapas el gobernador Manuel Velazco y su esposa la actriz Anahí, quienes de manera grotesca actuaron con las casacas del Partido Verde, con una falsa solidaridad; o como la señora Angélica Rivera, acompañada de sus hijas con sus casacas priistas dando despensas para los damnificados, o como el gobernador Miguel Ángel Yunes de Veracruz, dando despensas también de su fundación panista en el sur de ese estado, pensando más en la rentabilidad política-electorera para 2018, que en la ayuda humanitaria que están obligados a dar sin distingos y sin corrupción, lo que deja a esa clase política gobernante exhibida como unos vulgares traficantes de la necesidad y las desgracias.

Una gran enseñanza que nos dejó la sacudida de 1985 es que la sociedad irrumpió particularmente en el antes llamado Distrito Federal, ante la inmovilidad e incapacidad del gobierno en turno para actuar de inmediato, tomando la iniciativa y control para el rescate y la solidaridad plena ante los miles de muertos y heridos, así como en los cuantiosos daños materiales removiendo escombros para la búsqueda de sobrevivientes, logrando con ello un despertar ciudadano que mucho contribuyó a que los ciudadanos comprendieran que el poder está en sus manos y no solo en la de los políticos, contribuyendo con ello a la transición democrática que fue tomando forma en el poder a partir de las elecciones de 1988, que a pesar del fraude electoral, dejó los cimientos de la alternancia en los gobiernos por partidos diferentes al PRI y que hoy estamos padeciendo lamentablemente una regresión democrática.

Vayamos pues a apoyar sin distingo ni politiquería y sin tardanza a través de las instancias confiables como la Cruz Roja, las organizaciones de la sociedad civil y sobre todo las universidades como la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo para que toda la ayuda llegue a nuestros mexicanos necesitados.

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