En la mitología griega, el equinoccio de otoño representa el retorno de Perséfone al inframundo para acompañara su esposo, Hades.

Según La odisea, uno de los actos de la pareja en cuestión era la ejecución de rituales en los que algunos afortunados lograrían alcanzar la inmortalidad. El equinoccio de otoño ocurrió el pasado 22 de septiembre. Dos días después, Luka Modrić fue reconocido como el mejor jugador del planeta.

En su edición de este año, los premios The Best marcaron un antes y un después en el deporte de 11 contra 11. La profecía griega presenciada por Odiseo se cumplió y un nuevo futbolista se consagró como el más grande. El croata, quien levantó su tercera Champions de manera consecutiva y consiguió un histórico subcampeonato mundial como capitán de su país, se convirtió rápidamente en un testimonio de éxito altamente mediatizado.

No obstante, la caída de la dinastía Messi-Ronaldo no podía darse sin controversia. Ambos gigantes fueron incluidos en el 11 Mundial, pero ninguno ganó una distinción individual. El gol de chilena de Cristiano ante la Juventus –su club actual– estuvo nominado al premio Puskas, pero perdió ante una anotación de Mohammed Salah que no le superaba ni en técnica ni en estética. Por su parte, Leo Messi no figuró en ninguna categoría, siendo la primera vez en 10 años que no es reconocido como uno de los tres mejores futbolistas del orbe.

Regresando a los mejores 11, la polémica continúa. Mucho se ha cuestionado la inclusión de Dani Alves, quien, pese a mantener un buen nivel futbolístico con el PSG, se perdió el Mundial de Rusia por una lesión. De igual forma, las ausencias de Mohammed Salah, Thibaut Courtois y Antoine Griezmann resultan inexplicables debido a sus reconocimientos individuales y colectivos, especialmente del francés.

La explicación a tan dispares galardones se centra en los sistemas de votación. Capitanes y entrenadores nacionales, así como prensa, leyendas del futbol y aficionados son los encargados de elegir a los ganadores. Salvo honrosas excepciones, no existe un jurado especialista que determine, bajo parámetros específicos, quién ha de ser reconocido como parte de la elite del balompié.

Luka Modrić se convirtió en el mejor jugador del año para la FIFA, pero no da la sensación de ser el que mejor juega a la pelota. Si bien resulta melodramático hablar de un desprestigio del premio en cuestión, definitivamente se presta para reflexionar sobre quienes han de ser los invitados al ritual de Hades y Perséfone.

Comentarios