Abres tu bolsa de cosméticos y la voz de tu abuela llega como un recuerdo viejo. Entre frascos, polvos y líquidos de todos tamaños ella decía que más parecía la bolsa de hechizos de una bruja astuta. Así decía, bruja astuta.
Tu rostro está limpio, es temprano y comienzas por emparejar la piel, una textura lozana y uniforme. El rubor debe ser sutil, como si te sonrojaras cuando alguien te dice un piropo. No puedes tener más color, eso solo sucede cuando las mujeres hacen impudiqueses, todo lo que tiene mucho color es desvergonzado, sucede con la ropa, recuerda quienes usan ropa de color subido, son quienes desean que las vean mucho, las que desean llamar la atención. El color debe ser sutil. Lo mismo sucede con los ojos, no debes resaltarlos en exceso, si los tienes muy negros parece que tienes un culto por Satanás, acuérdate de tu prima la Toña, ella que le pagó todos sus ahorros a una bruja para ser modelo, le dio todo lo que había juntado, lo que Juan le mandaba desde el otro lado para que pudiera levantar el segundo piso de la casa, pero cada centavo lo usó para dárselo a la bruja y que ésta la pudiera volver famosa. Dicen que hizo un ritual y comió placenta de un recién nacido, porque ahí se encierra la juventud eterna, pero antes limpió la casa con ramas de pirul y durante días se levantó antes del alba para bañarse a jicarazos en el patio. Mejor hubiera pescado una pulmonía, así sabríamos donde se encuentra ahora, pero no, ella prefirió hacerlo todo y no seguir pobre. Ella, como tú, siempre fue de las más guapas, de las que todos los muchachos del pueblo perseguían para salir a la plaza. Ella le apostó al equivocado, dijo que le iba a ir bien, pero mira, la tierra no da lo que antes daba y entonces, se quedó sola y buscó ser modelo, los pactos con Satanás te los cobra el maligno, empezó a pintarse de más y a viajar a la capital por días enteros hasta que un día no volvió, ¿te acuerdas de sus ojos?, negros, pintados muy oscuro, como osamenta, como calavera, la parca y la boca impúdica que solo debería estar delineada. Los hechizos comienzan con el maquillaje. Tú no te pintes así, mi niña, nada bueno llega de eso.
Miraste tu rostro, el resultado era lo que esperabas, los ojos bien delineados con sombra negra, los labios rojos, tan voluptuosos que parecían listos para besar. La abuela ya está bien muerta, a veces la escuchas cuando abres tu bolsa de maquillaje, a veces la recuerdas mientras te pintas la cara, mientras te cepillas el cabello y eliges el atuendo, ningún hombre se va a fijar en ti, te dices, si no enseñas no vendes.
Entonces sales en la noche, bailas con tus amigas, aceptas tragos de desconocidos que te preguntan tu nombre, que quieren saber qué te gusta, llevarte a tu casa de regreso. Te arreglas como si fueras a buscar tu propio destino, el que te saque de esta miseria, el que te ayude a lograrlo.
La abuela se está pudriendo, murió pobre, tan discreta, siempre tan sutil. Son otros tiempos, piensas.

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Estudió la maestría en subjetividad y violencia. Es editora independiente y se ocupa de la gestión de proyectos culturales en la revista binacional Literal Latin American Voices. Estudió en la escuela dinámica de escritores que dirigió Mario Bellatín. Fue becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas y del Foecah. Realizó una residencia artística en Colombia donde escribió un libro de cuentos basados en el I-Ching, editado por el Cecultah. Ganadora del concurso de cuento Ricardo Garibay.