Gracias a mi querida colega y compañera María Eugenia Zaleta, además de participar en el Congreso de Gerontología, celebrado la semana pasada en el Instituto de Ciencias de la Salud (ICSa) de nuestra universidad, yo aproveché el recorrido que hice en el tema de la vejez para verme a mí misma y para regresar a lecturas que me reconcilian con mi edad, y una de ellas se titula precisamente Mujeres de cierta edad (2008) de Marcela Guijosa.

Debido a que no solamente le interesaba el tema, sino que también se aproximaba a esa etapa de su vida, la autora de ese texto fue sensible y solidaria al escribirlo. En efecto, el tono testimonio que usa permite leerlo con interés, pues se crea una complicidad entre autora y lectora. Sin embargo, el contenido no se queda en lo subjetivo, se argumenta con autores expertos en el tema, se refuerzan las ideas con citas textuales puntuales de libros académicos, pero sobre todo se intenta persuadir para que al llegar a cierta edad, las mujeres lo vivan con menos miedo o resignación.

“En efecto, estamos envejeciendo, pero gran parte de nuestro terror a la vejez está provocado por la ideología que desprecia a los viejos. Si comprendemos y desenmascaramos estos patrones culturales, diluiremos la angustia y dejaremos de sentirnos víctimas. Valientes, alegres, desparpajadas e irreverentes, nos lanzaremos a combatir tales formas de discriminación. La mediana edad no es un problema: es un trecho, vivo y palpitante, de nuestras vidas. No es un puro declive: es una larga meseta, con sus valles y sus colinas, sus ríos y sus bosques, sus climas cambiantes y sus volcanes que a veces hacen erupción. Escribir sobre nuestras vicisitudes y crisis en esta etapa fue un viaje de autoconocimiento y reflexión que me ha hecho sentir más libre. Ahora tengo más claridad y menos miedo. Espero contagiar a mis lectoras.”

Es así como a lo largo de 140 páginas, en 10 capítulos y un apéndice, Guijosa describe los modos de ser mujer, define el término edadismo y la forma negativa en que influye al centrar nuestra vida según los años que vamos cumpliendo. Detalla el significado de la menopausia, así como la representación de la belleza, la moda, las maternidades, el significado de ser abuela, la soledad y la compañía, las diferentes maneras de ser una mujer de cierta edad. Insiste que el tema se ha abordado poco, que hace falta una narrativa de la mediana edad, y que esas voces viejas pero nuevas delaten sus miedos, pero no para paralizar sino para provocar, para desarmarlo, desenmascararlo e inventar otro modo de ser humanas, con más edad, pero libres. La autora nunca se queda en la anécdota ni en el testimonio, explica y ejemplifica, recurre a autores y a libros, desea orientar y persuadir.

“En resumen, se trata de reconocer nuestros propios límites. Se trata de aceptar nuestras propias fisuras. Nos damos cuenta de que no podemos desarrollarnos eternamente, de que no podremos derrotar a la muerte. Nos damos cuenta de que formamos parte del orden cósmico, nos vemos dentro del ciclo biológico de la vida. Estamos entrando al otoño.”

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