De todas las formas que han ensayado los tecnócratas y sus aprendices para embaucar a la opinión ciudadana, las estadísticas son las más ramplonas y vulgares. Porque son mentiras supuestamente tecnificadas, maquillajes de supuestos conocedores para camuflar verdades hirientes, que laceran y denigran el rostro de los mexicanos.
Gentuza de cuello blanco, excelentemente remuneradas por nuestros impuestos, a los que muchísimas veces la población ha llevado al poder y los ha convertido en enemigos abiertos y también emboscados, que comulgan con los saqueadores, que entregan a los centros de poder los datos duros, los manjares de la expoliación.
Mientras a nosotros nos los guardan bajo la alfombra, para solo mostrarnos la cara amable del trinquete. Las cifras que, expresadas de una manera torticera y mendaz, nos hacen creer que las decisiones de la pandilla en el poder van por buen camino, que sus gestiones son exitosas.
Aunque la gente ya no les cree, desde hace cuatro décadas insisten en machacar que se ha incrementado el bienestar, que se combate a la miseria. Que vivimos en Jauja, un reino inventado y creído solo por la camarilla que depreda a mansalva recursos, patrimonios nacionales… que demuele aún más la esperanza.
Los autores de esas tragedias son mentirosos confesos, delincuentes pedestres, acosadores sociales que fueron formados con técnicas extranjeras de tres al cuarto para acendrar la dominación, para entronizar la entrega del país como divisa fundamental de sus propósitos. Al llegar la tecnocracia al poder, se empolló un huevo de una serpiente traidora.
Porque las estadísticas prescinden del sentido común. Son aseveraciones tan infames que rebasan cualquier capacidad de análisis, de semántica y de asombro. Expresiones de clases burocráticas doradas y ruines que solo sirven para mostrar la zanahoria, mientras se aplica el palo a los hambrientos, a los abandonados en la oscuridad de la miseria.
Su crueldad no conoce límites. El Inegi y el Coneval, tripulados por dos paniaguados de Vi(rey)garay han roto todos los récords de la befa y la inmundicia. Los últimos datos sobre el crecimiento del salario de los menesterosos denigran cualquier metodología, cualquier protocolo de investigación medianamente aceptado. Son 154 millones de pesos para la medición de la pobreza, tirados a la basura.
Los datos de las mediciones educativas, sustentados por los cagatintas del Niño ñoño Nuño y por el Instituto Nacional de Evaluación Educativa son absurdos, falaces, corrientemente manipuladores. Desde luego, son apoyados por las otras cuevas de rateros, porque sienten que la cobija con la que se tapan ya no alcanza.
Estratagemas y argucias para dividir opinión, para distraer la atención pública, para enconar agravios, mientras se consiguen y se afinan objetivos de privatización de los servicios y recursos esenciales. No estamos criticando ocurrencias, sino peligrosas tácticas que atentan contra un elemental sentido de sobrevivencia.
Álvaro López Ríos y Federico Ovalle, dirigentes de la Unión Nacional de Trabajadores Agrícolas y de la Central Independiente de Obreros Agrícolas y Campesinos, respectivamente, son dos de los mexicanos que más han combatido esas expresiones y viles engañifas de escritorio. Son testigos presenciales del daño que han causado en el campo.
“Cada año tenemos 500 mil pobres más –dijeron la semana anterior en el programa radiofónico ‘Estado de los Estados’–. La pobreza es lacerante; la miseria es alimentaria. El gobierno hace cuentas alegres, maquilla cifras, nos presenta un país donde no pasa nada. Las decimos que en vez de una pomposa cruzada contra el hambre, haga una para apoyar la producción de alimentos… pero esta no genera simpatías ni votos… se inclinaron por hacer la Cruzada contra el hambre, porque los mexiquenses están vinculados a negocios de quienes dirigen estos programas”. Los subsidios a la comercialización, que presumen en sus estadísticas, no son para pequeños y medianos productores, sino para las grandes empresas comercializadoras, como Bimbo, Maseca, Gruma y Nestlé, entre muchísimas otras.
“La Financiera Rural tiene como principales clientes a la familia Padrón, de Sinaloa, a la que se le destinaron solo este año más de mil millones de pesos, igual que a la empresa Sucarne, propiedad de Jesús Vizcarra, el magnate priista abortado en la postulación por la gubernatura –y compadre de Enrique Peña Nieto…– todos ellos obedecen al método instalado por el panista José Antonio Meade, desde que arrasó con los cimientos de ese organismo supuestamente público.”
El neoliberalismo, argumentan con razón, desmanteló las instituciones de apoyo al campo. Los tecnócratas pregonan el concepto de seguridad alimentaria, posponen el de soberanía alimentaria. En el fondo, protegen sus embutes, sus moche$, antes que la propuesta sana de crear un mercado interno, antes que perseguir que haya empleos bien remunerados y que la población tenga los ingresos elementales para volver a consumir.
Solo en este año dedicaron 16 mil millones de pesos para seguir fortaleciendo a los tiburones de la comercialización, a los coyotes del campo, a los intermediarios que lo han privatizado, acaparando todo. A los hambreadores.
“Promete”, el programa supuestamente destinado a las mujeres del campo, fue acaparado por el coyote Jesús Vizcarra, que tiene dos empresas con inversión de 25 mil millones de pesos de los cuales la mitad son recursos públicos de nuestros bolsillos saqueados, que significan 12 años el presupuesto de “Promete”.
“En el campo, aducen Ovalle y López Ríos, 90 por ciento de la población vive en condiciones de pobreza. La Sagarpa dice que este año tendremos ingresos por 30 mil millones de pesos, pero esto beneficia a los privilegiados del sistema, como los que compraron la Modelo, principal producto de exportación, seguido del tequila, el aguacate, el jitomate y las verduras. Por eso dicen que a México le está yendo bien.”
Los coyotes incendian México. Han acaparado los frutos de la miseria. Han entronizado el hambre en el campo. Desde que el traidor enanito Carlos Salinas de Gortari reformó el artículo 27 constitucional y firmó el TLC reveló que a la claque en el poder no le interesa la soberanía alimentaria, solo sus negocios.
Todos los fundamentos del TLC solo sirvieron para beneficiar a un reducido grupo de exportadores e importadores, jamás a los productores nacionalistas. Sus clausulados han hecho que creamos que la exportación de autos ensamblados, sin un solo insumo agropecuario, representen la bonanza de compañías extranjeras a nuestras costillas.
Los dirigentes agrarios entrevistados convocan a una manifestación para el 8 de agosto. Se cumplen 137 años del natalicio de Emiliano Zapata, cuyo nombre fue arrastrado hasta la saciedad por Salinas de Gortari, quien ramplonamente bautizó a un hijo depredador, consorte de actricilla, para rasgarse las vestiduras con esa bandera hipócrita.
“El país se deshace entre las manos y por eso hemos tomado la decisión de convocar a todos los mexicanos que viven y trabajan en el campo a hacer un reclamo muy importante al gobierno y a la clase política para que rectifiquen las decisiones sobre el campo… antes de que se incendie de nuevo”, expresan esos dos combatientes sociales.
Todos los bien nacidos estarán pendientes de los acontecimientos del 8 de agosto. Pese a las molestias que puedan causar decenas de miles de campesinos volcados en el centro de la Ciudad de México, yo creo que son las únicas causas que han permitido que no nos haya llevado definitivamente la tristeza.
Ojalá los mexicanos tuviéramos muchas personas como López Ríos y Federico Ovalle. Bienvenidas las protestas. Demostremos que somos un país con alma. Son las agallas salvíficas.

www.indicepolitico.net
[email protected]
@pacorodriguez

Comentarios

COMPARTIR
Artículo anteriorDenuncia venezolano desperdicio de alimentos
Artículo siguienteRacismo, óleo sobre tela
Columnista político desde 1977. Comentarista radiofónico y de televisión. Publica su columna “Índice político” en 47 medios de comunicación de la República mexicana y tres de Estados Unidos. Apunta con el Índice, pero también propone.