“… dos niñas, sobrinas. La mayor aún no les dice, pero está embarazada de su primer hijo… casi seguro que será niño, el primer nieto. Y no les dice porque aún no está casada, le da miedo que la rechacen o a regañen, más porque aún le faltan dos semestres para terminar la carrera.”
Pone las manos en la mesa, se inclina para acercarse un poco más, bien. “Tiene un buen hombre a su lado pero no lo ha presentado con la familia, por eso su temor. Es muy importante que la apoyen y demuestren su amor, de lo contrario… está pensando en perder al niño, para no defraudarlos”, las manos entrelazadas, una rápida plegaria por lo bajo, sigue. “Ahora veo otro hombre, uno fuerte y estricto que les causó mucho daño y está sufriendo, quiere pedirles perdón, pero no sabe cómo, quiere reconciliarse con sus hijos e hijas, con ustedes. Sí, es tu papá”.
Va hacia atrás para recargarse en la silla, frunce los labios y cruza los brazos, cuidado. “Si él no puede, ustedes necesitan ayudarle, porque si lo perdonan, se perdonan a ustedes mismas, y esto les dará tranquilidad a su corazón y al de él”. Mi padre falleció hace seis años de viejo, siempre nos regañaba pero siempre nos dio todo lo que necesitamos, y nos repitió hasta su lecho de muerte cuánto nos amaba. Carajo, no improvises.
“Dejó un pendiente, un asunto sin resolver, eso es lo que aún le causa dolor. Una deuda, no grande aunque significativa, tal vez no de dinero. Si tienes tiempo, deberías visitarlo en su tumba y rezarle, es posible que descubras qué es lo que aún le afecta”, se apoya en las recargaderas de la silla y se levanta para acomodarse, como para irse, las cenizas de mi padre están en un altarcito de la sala, siempre le rezamos. Carajo carajo carajo.
A la segura, momento de soltar la carta fuerte.
“Tal vez me esté confundiendo y pido perdón, aún rondan energías de una persona que vino a consultarme por la mañana”, rigidez. “Si gustas, terminamos esta sesión y agendamos para dentro de 15 días, con tiempo para que solucionen lo de tu sobrina… No, no es necesario que me pagues, que sea a cuenta de mi error. Gracias a ti”, regresa los billetes a la cartera, junto con otros, bolso al hombro, apretón de manos débil, se levanta para partir. Ahora…
“Y si puedes, abraza mucho a tu hermano y dile todo lo que sientes, antes de que se entere de los resultados de sus análisis”, se detiene, aferra el bolso, voltea, cómo… “Lo siento, disculpa, no debí decir eso, más ahora que la sesión terminó”.
Regresa, cómo supo…, un poco más. “En verdad disculpa, ya son dos veces que digo lo que no debo decir, en la próxima sesión platicamos más a fondo, ahora ésta ha terminado”. Vuelve a sentarse, amago con recoger las cartas, me detiene, continúe por favor, “no te va a gustar, es difícil”, abre el bolso, tenga lo de la sesión, ¿segura?, sí, se sienta, la tengo.
Ahora con calma.
Un cigarro, enciéndelo despacio, inhala y expele lento y fino, a un lado, tómate tu tiempo, otra calada similar, incluso otra, ojos entrecerrados de gata. “Llevas un moño negro encima, tenue, no es por ti, sino por tu hermano. Fue al hospital recientemente, hace más de tres días pero menos de una semana, por un dolor que tenía… tiene”. Las pupilas ligeramente dilatadas, dedos entrelazados por encima de la mesa, la ceniza en el cenicero y con la mano del cigarro apuntalo una carta. “Hay muerte aquí, pero…, es posible, puede evitarse, a pesar de las malas noticias que recibirá hoy. Cáncer… lo siento, cáncer de pulmón. Lo sé, no es necesario que me lo digas, tu hermano dejó de fumar hace años, cinco o seis, la fortuna es caprichosa. Te repito, tranquila, que puede vencer la enfermedad, aquí lo veo, en la siguiente carta, familia, deben ser todos muy fuertes y estar unidos y tendrán hermano para muchos años más”, una lágrima, la última calada, profunda, atornillar con firmeza la colilla en el cenicero, expeler con decisión.
Se levanta entre balbuceos, abre la cartera y ofrece un par de billetes extra, rechazo con disimilo, insiste, acepto, gracias, gracias, en 15 días traduzco del balbuceo, parte entre lágrimas, la puerta abre y cierra con un chirrido intencional.
Un nuevo cigarro. El silencioso celular tiene siete mensajes nuevos, clientes, uno es abierto sin demora: “la foto con datos de los padres es de otro expediente, disculpa”, seguido por un rostro amarillo y sonriente con una gota a la altura de la ceja. Respuesta: “eres un idiota, casi se me va. Solo la mitad y sin reclamos”, enviar, una calada, “mándame el siguiente junto con el contacto, le hago llegar publicidad. Esta vez no te equivoques”, enviar.
El cigarro humeante en los labios, los billetes son contados, mientras las cartas dispersadas en la mesa esperan a ser recogidas con el descuido habitual.

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Maratón Anual de Lectura 2017, semana 19

Leonardo Muñoz:
En descanso lector. Total: 10.
Karla Esmeralda Lomelí Chávez:
Flores en el ático / Virginia Cleo. Pétalos al viento / Cleo Andrews. Total: 9.
Leslie Edith Varela Saavedra:
Warren XIII y el ojo que todo lo ve / Tania del Río. Silencio / Lauren H Anderson. Scott Pilgrim: volumen 6 / Bryan Lee O´Malley. El psicoanalista / John Katzenbach. Total: 15.
Iridián Luqueño:
El amor es un bocado de nata / Elisabetta Flumeri y Gabriella Giacometti. Total: 12.
Víctor “leo-cartas-con-trampa” Valencia:
Alvin Maker I: el séptimo hijo / Orson Scott Card. Espadas entre la niebla / Fritz Leiber. Total: nueve.

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