Sufren chilangos al transitar por Valle del Mezquital

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Su viacrucis comienza en la central de autobuses o al abordar sus automóviles

Valle del Mezquital.-

Muchos chilangos no viven el Viacrucis de manera tradicional, peregrinando y recorriendo estaciones detrás del párroco de su iglesia, pues en estas fechas deciden abandonar una de las ciudades más grandes del mundo en busca de relajarse.
Su viacrucis comienza en la central de autobuses o al abordar sus automóviles, pues en ninguna de esas opciones se salvarán de las interminables filas de tráfico que les esperan al visitar Hidalgo, que cuenta con 104 balnearios y paraísos terrenales.

De acuerdo con expresiones populares, en cualquier lugar turístico del país puedes encontrar a un chilango, ya que “están en todos lados. Es que son tantos, que a donde quiera van”, exclaman prestadores de servicios.
En Hidalgo los vemos más seguido que en otros lugares debido a la cercanía con la Ciudad de México; a algunos les gusta conocer pueblos mágicos o disfrutar de aguas termales en balnearios del Valle del Mezquital, así como en zonas de Ajacuba o Tezontepec.

Según personal de parques acuáticos, en estos días del año reciben el equivalente de turistas que arriban en vacaciones de verano, es decir, cerca de un millón 650 mil visitantes, cifra registrada en balnearios del estado en 2017 y de los cuales 80 por ciento optó por los ubicados en el Valle del Mezquital.
Para llegar a esa zona de Hidalgo, el chilango tiene tres rutas posibles: la México-Pachuca, México-Querétaro hasta Jorobas o el Arco Norte y su salida en Tlahuelilpan. Ayer, desde las 8 horas, esas vías de comunicación ya estaban saturadas. Algunos conductores, por desesperación, invaden carriles y acotamientos.

La México-Querétaro y el Arco Norte tienen un mismo destino: la carretera estatal Tula-Ixmiquilpan, por lo que el viacrucis continúa en el cruce del puente de Teocalco, “el más largo del mundo”, no por sus dimensiones, sino porque habitantes del lugar y automovilistas no saben cuándo terminará la obra a cargo de la Secretaría de Obras Públicas y Ordenamiento Territorial (SOPOT).

Cuando por fin puede pasar la vía ferroviaria, el chilango piensa que “ya la libró”, por lo que aumenta la velocidad, “total, en una hora llegamos a Ixmiquilpan”, pero la realidad es otra, pues aún tardará en llegar a su destino.
Encontrará una estación más del viacrucis al querer cruzar Tezontepec de Aldama, en el semáforo de El Tinaco, donde lo espera una fila de automóviles de una longitud aproximada de tres kilómetros; nuevamente, algunos invaden acotamientos o inclusive optan por transitar en sentido contrario, “al fin, ni patrullas hay”.

Aquellos que se caracterizan por ser respetuosos optarán por ser pacientes y esperar que el tránsito avance lentamente, y aprovechan para atraer la atención de comerciantes ambulantes con grandes canastas sobre la cabeza, las cuales traen churros; después de hacer la compra, en familia degustan de ese alimento que sirve para “entretener la tripa”.
Una emoción los embarga al cruzar tan conflictivo semáforo; nuevamente toman velocidad, “ya es menos”, se echan porras entre sí. Cruzan rápido por Mixquiahuala, pero más adelante está Progreso, donde una vez más enfrentarán otra estación del viacrucis carretero.

Deberán esperar pacientemente a que cambie la luz de los siete semáforos de la avenida Emiliano Zapata; si en días normales resulta caótico cruzar ese municipio, en un Viernes Santo, donde miles de automovilistas transitan por la vía, resulta una acción casi titánica. Sin nadie que ofrezca a los turistas opciones viales para llegar a su destino, estos deberán seguir la ruta y tardar entre 30 o 40 minutos más en continuar su camino, pero al salir de esa zona, “ahora sí, ya es menos”.

Pareciera que el camino terminará al encontrar los accesos a los balnearios de Tlacotlapilco o Maguey Blanco, y así será para quienes decidieron acudir a estos, no obstante, para quienes viajan a Ixmiquilpan “faltaría poco”, y un poco más para aquellos que tiene como destino Tecozautla, Huichapan o las Grutas de Tolantongo.
Para los que llegaron temprano a los balnearios, seguramente lograron gozar de un cachito de alberca o escogieron con más calma dónde instalar casas de campaña, colocar sus pertenencias o rentar una mesa o toldo. Para quienes arribaron más tarde, el viacrucis continuará para encontrar un espacio dentro y fuera de la alberca.

El agua de las piscinas generalmente es clara, sin embargo, en días de asueto como esta tiene tonalidades grises y verdes. Sin embargo, el chilango lo que desea es meterse a la alberca.
Por lo anterior, habitantes del Valle del Mezquital, que no dependen económicamente y de manera directa del turismo, evitan visitar los balnearios en estas fechas. “¿Para qué? Si solamente nos vamos a encontrar puro caldo de chilango, y pues, ahorita no joven…”

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