A tientas palpó la sombra de su cara en el cristal del espejo. En el suelo de baldosas rotas la carta hecha pedazos que le había escrito por la tarde apenas era la intuición de un recuerdo pasado que ni siquiera tenía presente. El gato de la vecina arañaba la ventana y maullaba desesperado. Afuera hacía frío y la noche surcaba un cielo a la deriva. Los surcos se hacían grandes, inmensos; lo llenaban todo.
“Y bien”, se dijo. “¿Por qué no?”, siguió diciéndose; ahora como pregunta. Estaba desnudo y abrió la ventana. Tiritó de frío, las venas se le hincharon; se encogió y se hizo chiquito. En el suelo fue un ovillo deshilachado. Carmen lo encontró así por la mañana. Lo metió en la cama. La fiebre lo consumía, le despedazaba los huesos. Sintió la piel del gato en los pies y los labios en la frente.
“Demasiada luz”, murmuró. Nadie le oía, ni siquiera el gato que estaba bebiendo leche en la cocina.
Al tercer día despertó y se levantó. La carta ya no estaba en el suelo y no había espejos en la casa. Se cortó al afeitarse. El calendario tenía enmarcada una fecha con un círculo rojo y un signo de interrogación. El reloj marcaba las tres. Tenía hambre. Tomó el abrigo y salió a la calle. Hacía calor.
Despertó inquieto. Seguía con fiebre. El gato lo miraba con ojos grandes y verdes. Las manos de Carmen en la frente medían su temperatura.
“¡No le baja!”, dijo ella para sí. Lo sumergió en una bañera de agua helada. Temblaba, los dientes le castañeaban, se puso azul. Con los ojos vidriosos y lágrimas de hielo le agradeció que le diera calor. Seguía ardiendo. Alcanzó a leer la fecha en el periódico; era la misma señalada en el calendario. No acudiría a su cita. El gato ronroneaba.
“¿Qué escribes?”, le preguntó M. “Una pequeña historia sobre tiempos blandos y sucesos bifurcados”, le contestó.
No quiso que le leyera aquella historia extraña y encendió el televisor. “¡Qué bonitos eran todos aquellos vestidos de novia!”, pensó. K siguió escribiendo: “A tientas palpó la sombra de su cara en el cristal del espejo…”
Días después encontró el pedazo de papel donde había escrito aquella historia en el cesto de la basura. Estaba estrujado y él no recordaba haber hecho aquel gesto que convertía la narración en un desperdicio. Se preguntó si M tenía algo que ver con aquel destrozo, también se preguntó por la razón de la rabia que subyacía en él, de la ira frenética que se había derramado entorno a aquellas palabras.
No se atrevió a hablarle directamente del suceso, aunque se guardó el papel en el bolsillo del saco, esperando el momento de sacarlo para expresarle su rencor. No hubo ocasión de hacerlo aquel día ni los posteriores, M estaba encantadora y le daba toda la felicidad que podía desear, haciéndole olvidar el dolor que guardaba.
Al tercer día amaneció nublado y a eso de las diez empezó a llover. Estaba en la calle sin paraguas, confiado, como siempre, en su suerte, pues no lo había llevado consigo. Se empapó de agua y al llegar a su casa el papel formaba una masa húmeda irrecuperable. Ya no valía la pena pensar en ello. Lo tiró en un rincón de la cocina y se fue a cambiar de ropa.
Al rato llegó M empapada y con una sonrisa que era un Sol en tiempos nublados. Lo besó con los labios húmedos, luego le dijo: “Se me olvidó decirte que tu historia del otro día acabó arrugada y en el cesto de lo inservible. Fue un error imperdonable de parte mía, me confundí de papeles, aún sigue en el cajón la lista de la compra. ¡Perdóname!” Lo dijo con un tono tan sincero y dulce que la creyó de inmediato.
“No importa, habrá más relatos.” “Espero que no tan tristes”, respondió ella. Seguía sonriendo. Al rato salió el Sol, pero a él no se le quitaba de la cabeza el destino cruel de su historia. Terminada en el surco se había hecho chiquita y diminuta hasta desaparecer en el olvido.

Estimados lectores nos vemos después de las vacaciones. Felices fiestas.

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Doctor en ciencias políticas y sociología por la Universidad Autónoma de Barcelona, maestro en análisis y gestión de la ciencia y la tecnología por la Universidad Carlos III de Madrid. Profesor investigador de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo. Autor de varios libros y artículos indexados. Columnista de Libre por convicción Independiente de Hidalgo.