Tabasco es una entidad culturalmente asociada con el agua (las inundaciones se registran desde el siglo XVI. (Ver registro histórico: Álvarez y Tuñon: Vulnerabilidad de la población desplazada por las inundaciones en Tabasco, 2007. En https://www.redalyc.org/jatsRepo/2818/281843790009/html/index.html). Como es sabido, su territorio es bañado por las aguas del estratégico Golfo de México, que cuenta con importantes reservas de petróleo. Su territorio forma parte de una planicie combinada con una especie de Delta conformado por poderosos ríos que todos conocemos o hemos aprendido en la escuela como lo son, principalmente, el río Grijalva (el segundo más caudaloso del país y el que más energía hidroeléctrica produce) y Usumacinta (con el que se une el Grijalva antes de desembocar en el Golfo), de los que se derivan otros de menos conocidos pero que impactan igualmente con su fuerza a la población cuando su creciente se desborda. Pero el agua como ha sido vista solamente con fines utilitarios, alejados de la estética y el significado que tiene para la vida como una potencia, ha sido objeto de planes y programas de presas que al paso del tiempo, combinado con deficientes políticas de crecimiento urbano, ha ocasionado que la entidad viva en constante sobresalto en lugar de contar con el agua como si fuera una bendición.

Tabasco cuenta con un clima cálido, que oscila entre los 22 grados, las lluvias forman parte del escenario anual salvo dos meses de la época en la que termina el invierno e inicia la primavera: marzo y abril. Ciclones, frentes fríos y la fluencia de ríos y el crecimiento de presas constituyen un panorama complejo con el que los tabasqueños deben lidiar, al que se suman políticas de expansión del crecimiento urbano combinado con daños al medio ambiente natural (ver a Arreguín y Domínguez, sobre las inundaciones en la planicie tabasqueña: http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S2007-24222014000300001). Parece que las inundaciones que vive la entidad (y algunas ciudades, entre ellas la misma capital Villahermosa), cada cierta época, con impactos humanos considerables, formara parte del agua marítima del Golfo de México, pero no es así. Existen factores humanos que lo explican.

La entidad ha tomado relevancia en las últimas décadas porque forma parte de la Cuenca del Golfo de México, una región geoestratégica a nivel mundial para los vecinos del norte y muy importante para México por su riqueza petrolera. A los datos referidos se debe sumar el hecho de que se trata ni más ni menos que de la entidad de la que es originario Andrés Manuel López Obrador, actual presidente mexicano. A ello se debe agregar que el desastre actual que han ocasionado fenómenos hidrometeorológicos, ocurre justo en el momento en que la entidad hace esfuerzos por recuperarse de la tremenda caída que tuvo su economía que pasó a ser de las más prosperas del país a ser una de las más afectadas por las políticas neoliberales, con una caída de un 11 por ciento de su PIB estatal.

De acuerdo a Arrequín y Domínguez, Tabasco, en el marco temporal que ellos estudiaron, vivió severas inundaciones en 1995, 1999, 2007 y 2008, otra vez en 2010. Las precipitaciones pluviales en el futuro parecen ser una amenaza mucho más compleja de la que se vive en la actualidad. Lo anterior, en razón de lo que apuntan Arrequín y Domínguez y que tiene que ver con el cambio climático. Para las décadas por venir, el 2050, el nivel del mar se incrementará en 1.

5 metros. Agregan que eso: “… provocaría una intrusión de una masa de agua hacia el continente de al menos 40 kilómetros, lo cual pondría condiciones de frontera a la nueva descarga de la cuenca lo suficientemente cerca de Villahermosa y la desembocadura de canal Samaria Oxciacaque… con el consecuente incremento de tirantes y restricciones a la descarga de los ríos” (El subrayado es mío).

Es común y lo será aún más con el paso del tiempo, que la creciente de los ríos y su concentración en las diferentes presas que se construyeron en la entidad, sean insuficientes para alojar el agua que ya no se filtra hacia las corrientes subterráneas. Las selvas tropicales que acompañan desde Guatemala y Chiapas el cauce del Grijalva (y el Usumacinta) han sido devastadas por la tala ilegal. La tierra ha sido deforestada para la cría de ganado. Los medios de comunicación por lo general prestan atención a los desastres ocasionados por el agua, se guardan de comentar las causas profundas de este fenómeno como la deforestación, el cambio climático que, como ya se mencionó. Nuestra preocupación por el cambio climático no está asociado con la premura de utilizar tecnologías verdes, en muchos sentidos discutible, sino del cambio del modelo occidental de producción.

Dice un fragmento que tomamos de Wilkipedia que: “El área de selva requerida para evitar el excedente de agua equivaldría a crear una reserva forestal en un cuadrado de 67 kilómetros por lado, o bien, reservar tan solo 10 kilómetros de cada lado del río Grijalva desde la presa de Chicoasén en Chiapas, hasta Villahermosa. Con eso se formaría una franja de selva que serviría como área de amortiguamiento para temporales futuros; entre otros beneficios prevendría deslaves, las zonas agrícolas adyacentes recibirían más agua en época de secas, y por último y no menos importante, la fauna local contaría con un hábitat del que poco a poco ha sido despojada”. Yo no sé cuál sea la estrategia de los programas como Sembrando vida, pero aquí hace falta que se considere y diseñen estrategias ambientales, que no requieren tecnología sino sentido común de las autoridades. En las décadas de los años de 1970 a 1980 se incorporaron más de 110 mil hectáreas al desarrollo agrícola (Álvarez y Tuñon. Ver: Vulnerabilidad de la población desplazada por las inundaciones en Tabasco, 2007. En: https://www.redalyc.org/jatsRepo/2818/281843790009/html/index.html). Las vulnerabilidades son vulnerabilidades construidas socialmente (ver Clara Coleta Oropeza Martínez, en: https://uatx.mx/publicaciones/revistas/ftssyp/SYMMOLUM_2020_1_1.pdf. Revista Symbolum). Ahora bien, cuando hablamos de inundaciones, olvidamos que eso no es otra cosa que traducir el lenguaje de la naturaleza a uno que tiene que ver con la creación de discursos o narrativas humanas que niegan o retuercen la realidad para convertirla en algo totalmente alejado de lo que la realidad es realmente, valgo la redundancia, desconectando responsabilidades sobre todo del orden político. A Villahermosa, hasta le quitaron el añadido que tenía de San Juan Bautista. Hablar de inundaciones es hablar de pérdida de vidas, bienes, zozobra humana, como apuntan Álvarez y Tuñon (ver Vulnerabilidad de la población desplazada por las inundaciones en Tabasco, 2007. En: https://www.redalyc.org/jatsRepo/2818/281843790009/html/index.html).

Por razones de espacio solamente diré a modo de conclusión: no existen políticas urbanas de oferta de suelo para los pobres, lo que ocasiona la ocupación de zonas de riesgo como en Tabasco.

Comentarios