La historia fílmica de Tamara y la Catarina es una historia, en nuestro país, quizá más común de lo que creemos y, por eso, pasa desapercibida en el día a día: la vulnerabilidad y soledad de las mujeres pero también su cotidiana solidaridad.

Los personajes son: una bebé (Catarina), una mujer con retraso mental (Tamara) y una mujer de la llamada tercera edad (Meche). El relato inicia cuando Paco, el hermano de Tamara, la abandona en esa casa a medio terminar y compartida. Las peripecias de Tamara desde el inicio nos llevan a entender cómo una mujer como ella puede vivir casi “normal”, la clave es el entrenamiento y la práctica, pero sobre todo el amor. Eso lo entendemos al final.

Tamara trabaja, ella se levanta, se arregla, toma el transporte, come en el parque, regresa a su barrio a esperar el nuevo día que la lleva a repetir sin fin su rutina a seguir. Sin embargo, todo cambia cuando Paco se va. Ella se “distrae”, deambula por su trabajo y “encuentra” a una bebé sola, sin atención en plena vía pública y decide “cuidarla”.

Doña Meche es una casi anciana, que vive en el mismo barrio de Tamara, y sobrevive vendiendo sopes y quesadillas en la calle y a pesar del soborno que sufre por parte de policías ante la falta de un permiso legal y del abandono de sus hijos, quienes partieron a Estados Unidos por mejores oportunidades. Ella encontrará de nuevo el sentido cuando acoge, dirige y protege a Tamara y su Catarina.

Esta tríada de mujeres se entrecruza circunstancialmente y en ese acercamiento fortuito se revela cómo vivimos la vulnerabilidad por edad, por condición social, por diferencia de capacidades, por ser mujer. Pero también el centro de la reflexión está en los afectos, los valores, la necesidad de vivir en comunidad y el papel que jugamos las mujeres desde la solidaridad.

Sin duda, Tamara y la Catarina es una narración fílmica digna de disfrutar, sobre todo devuelve la fe en el cine nacional, en las buenas historias y la buena factura actoral. Ángeles Cruz es Tamara y su actuación vuelve a ser convincente para quienes la hemos visto en otras películas y cortos: Tiempo de lluvia (2018), La tiricia (2012) y La carta (2016), entre otros. Su carrera de más de dos décadas es vasta y diversificada, no solo es actriz de cine y teatro, sino también es escritora, productora y directora. Ella es egresada de la licenciatura en actuación de la Escuela de Arte Teatral del INBA.

Las tablas y personificación de Ángeles Cruz son de destacar y admirar, como público uno no la relaciona con ninguno de otro de sus personajes anteriores. Hecho que no se puede afirmar de actrices hasta del cine “consagrado” que nunca nos dejaron olvidar que eran ellas mismas; caso María Félix, por ejemplo.

A doña Meche le da vida Angelina Peláez, una actriz de toda la vida a la que el mundo del cine no le ha reconocido en toda su valía. Su ficha biográfica refiere que es egresada del INBA, también y tiene estudios en letras españolas en la UNAM. Su trayectoria profesional tiene ya casi 50 años y ha sido principalmente en cine, televisión y teatro. Sin embargo, con esa larga vida actoral apenas ha sido nominada tres veces a los Premios Ariel en esta última década y por lo que ha ganado solo dos veces como mejor coactuación en Cinco días sin Nora (2010) y La vida precoz y breve de Sabina Rivas (2013).

Tamara y la Catarina (2016) es una buena película que no debemos dejar de ver, disfrutar y reflexionar. Se estrenó en la Cineteca Nacional y se proyectará en algunas salas comerciales del país. Su directora es Lucía Carreras, guionista y directora de cine, quien cuenta con la dirección de Nos vemos papá (2012) y La casa más grande del mundo (2015); y como guionista Año bisiesto (2010) y La jaula de oro (2013). Cabe destacar de esa talentosa directora que su biografía reporta estudios de género, quizá de ahí la diferencia en la lente de sus producciones y en la escritura de sus guiones.

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Doctora en ciencias políticas y sociales por la UNAM y especialista en estudios de la mujer por El Colegio de México. Periodista colaboradora en medios desde 1987. Defensora de lectores y articulista del diario Libre por Convicción Independiente de Hidalgo. Integrante del consejo editorial de la agencia de noticias Comunicación e Información de la Mujer AC. Docente universitaria desde 1995 en la UNAM. Profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo desde 2008. Integrante y cocoordinadora del grupo de investigación Género y Comunicación en la Asociación Mexicana de Investigadores de la Comunicación. Línea de investigación y publicaciones sobre periodismo, comunicación y género.