En 1962 se estrenó la novela británica La naranja mecánica, escrita por Anthony Burgess y llevada al cine en 1971 al cine por Stanley Kubrick.

Durante su vida, Burgess dio varias explicaciones con respecto al nombre del libro y en una ocasión aseguró que era una metáfora de su propia invención; en una siguiente, que era una frase que escuchó en un bar: “As queer as a clockwork orange”, que da título a esta columna y que podría traducirse al español como “tan homosexual como una naranja mecánica”. En este sentido el color naranja se ha relacionado con señales de peligro o advertencia, incluyéndolo en señales de tránsito y publicidad, por su atracción y brillo.

Por otro lado, el uso de la palabra “queer” en el vocabulario inglés puede rastrearse hasta el siglo XVI y cuyo significado se relacionaba con lo extraño o fuera de lo común. Es hasta finales del siglo XIX que la palabra comienza a utilizarse como sinónimo de relaciones e identidades no-heterosexuales. En la actualidad, el término representa a una de las corrientes de pensamiento postfeminista más populares, cuya mayor representante es Judith Butler, filósofa estadunidense postestructuralista que ha publicado textos como Deshacer el género, El género en disputa y Cuerpos que importan, y cuyas ideas giran en torno a la performatividad del género y el uso del cuerpo, es decir, cómo el cuerpo sirve de medio para el género (masculino-femenino) y como la dominación de cierto tipo de cuerpos representa la opresión sobre muchos otros.

En el activismo, dicho término ha pasado a nombrar a aquellas identidades que no se identifican con los componentes del sistema sexogenérico binario, es decir, hombre-masculino y mujer-femenina, en este sentido, su uso tiene un gran alcance, lo que no significa que todas las personas no-heterosexuales lo utilicen para nombrarse, pero sí resulta útil para muchas otras que buscar enunciar su identidad.

Hasta ahora, es fácil imaginar la relación del término “queer” con aquello que no se ajusta a la norma y ejemplo de esto fue el mismo Oscar Wilde, víctima de su uso peyorativo cuando al ser descubierto su romance con el hijo del marqués de Queensberry fue llevado a la Corte británica y se le acusó de seducir prostitutos, de estar obsesionado con la sodomía y llevar una vida de degeneración. Fue durante el juicio que, en una de las cartas escritas por el marqués, había surgido la frase “snob queer” para referirse a los hombres homosexuales, en donde la palabra “snob” puede traducirse como altanero o presuntuoso y “queer” como sinónimo de homosexual. Posterior a este suceso la prensa en Estados Unidos no tardó en acuñar y popularizar el término, al mismo tiempo, las teorías psicológicas, como las psicoanalíticas, que aseguraban que la infancia tenía un papel crucial en la construcción de la identidad, comenzaban a ganar terreno en el campo, provocando una sensación generalizada de que era necesario reforzar la identidad de los varones como varones para evitar que incurrieran en prácticas homosexuales y permitiendo que el uso de la palabra “queer” como ofensa encontrara suelo fértil en las sociedades homofóbicas. Es al mismo tiempo que aparecen las prendas y colores segregados por género.

Posteriormente, durante la epidemia de VIH/Sida en Estados Unidos, los grupos no heterosexuales inundaban las calles bajo el lema “We are here, we are queer, we do not live in fear”, que puede traducirse a “Estamos aquí, somos queer, no vivimos con miedo”, reapropiándose del término y convirtiendo la palabra en sinónimo de anarquía. Más tarde, a finales de la década de 1980 surgieron grupos activistas como Queer Nation (Nación queer), cuyo objetivo era la erradicación de los crímenes de odio y, al mismo tiempo, la moda punk comenzaba a contagiarse entre las generaciones más jóvenes, que se manifestaban contra las convenciones sociales y se convertía en espacio de resistencia para diversos grupos, dando lugar así al “queer punk”.

El uso de la palabra “queer” como de muchas otras ha sufrido diversos cambios en la historia y la resistencia ha logrado resignificarla. En la actualidad es utilizada incluso como título de libros y programas de televisión, es nuestra obligación como sociedad erradicar los discursos de odio y dar paso a la verdadera libertad de expresión, en donde ninguna persona sea objeto de discriminación o de ofensas por no inscribirse en las normas heterosexuales.

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