Las cifras siempre nos regresan a la cruda realidad. Cuando nos distraen fenómenos como el gasolinazo, olvidamos que existen otros problemas propios del subdesarrollo que nos aqueja. Nos vamos con la coyuntura, pero olvidamos que existen rezagos aún peores. O que se agravan precisamente por fenómenos imprevistos como el gasolinazo. Por eso es importante recordar que nuestra entidad sigue con un nivel de marginación que, para estas alturas del siglo XXI, debería estar ya superado. Hidalgo está en el tercer lugar nacional con mayor incidencia respecto a la Tasa de Mortalidad Materna (TMM). El indicador está en 65.5 muertes anuales por cada 100 mil nacidos vivos. Pero hay municipios en donde el indicador se dispara: en Tlahuiltepa, Lolotla, San Bartolo Tutotepec, Tepehuacán, Huehuetla, Pisaflores y Xochicoatlán, donde la proporción es de 150 muertes por cada 100 mil nacidos vivos. Los únicos estados que están peor que nosotros son Chiapas (68.1) y Durango (71.2). ¿Qué quiere decir esto? Que en nuestra entidad no hay la suficiente seguridad como para que los niños nazcan sin problemas durante el embarazo. O al menos la tasa de muertes es alta. ¿Qué falta? Más infraestructura, más atención médica, más desarrollo. Ese es el drama de que nuestra economía siga sin crecer al ritmo que requiere (arriba de 5 por ciento anual) y de que ahora tengamos encima la amenaza del gasolinazo y de una guerra comercial con Estados Unidos. Nos urge crecer como país y como entidad y no encontramos el camino. De filón. Como si regresáramos al final de la década de 1990, ahora Yolanda Tellería Beltrán, presidenta municipal de Pachuca, sospecha que hay una mano que quiere desestabilizar su gobierno, tal como le ocurrió a su hermano José Antonio. ¿Se volverá a repetir la historia de hace casi dos décadas atrás?

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