Sí, la función de los actuales diputados federales de las fracciones del Movimiento Regeneración Nacional (Morena) y sus aliados ha sido de estar sirviendo literalmente de tapete al presidente de la República; esa es la función que hasta el momento han desempeñado los indignos diputados durante todo el periodo que lleva la actual legislatura federal; se han dedicado a acatar –sin chistar– y a avalar cualquier capricho que se le ocurra al Ejecutivo federal, trátese de lo que se trate: si fue suspender la obra del aeropuerto de Texcoco, dejando enterrados o, mejor dicho, tirados millones de pesos; o eliminar los programas sociales, que algo ayudaban a la población más desprotegida, como Prospera, estancias infantiles, comedores comunitarios, Seguro popular, etcétera; cambiar la Constitución para dejar vulnerables e indefensos ante el poder del Estado a los que el señor presidente considera sus adversarios políticos o ideológicos, etcétera; todo, menos cumplir su función de representantes populares, de los intereses del pueblo que, en los días de campaña y cuando tomaron protesta, prometieron defender.

Hoy, nuevamente, tenemos un claro ejemplo de que en México no hay separación de poderes, que los diputados de Morena han renunciado a su función y atribución constitucional de hacer leyes en beneficio de los mexicanos y modificar el presupuesto de la federación en respuesta a las peticiones y necesidades de ese pueblo que dicen representar y apoyar. Desde el pasado 12 de noviembre, día en que debió aprobarse el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF), la Cámara de Diputados se vio cercada por miles de mexicanos en demanda de que se incluyan dentro de dicho presupuesto obras y servicios que desde hace más de un año se han solicitado al gobierno federal y a los gobiernos estatales, y que fueron excluidos del presupuesto de 2019. La respuesta ha sido, por un lado, ignorar por parte de los diputados morenistas, sobre todo de su coordinador parlamentario y presidente de la junta de coordinación política Mario Delgado Carrillo, a los campesinos, colonos, amas de casa, estudiantes, profesores y obreros, y, por otro, como quizás no podía ser de otro modo, la respuesta agresiva, calumniadora y ofensiva por parte del presidente López Obrador, quien sin demostrar nada, vuelve a calumniar a los peticionarios, a sus dirigentes. Desde que AMLO asumió el poder ha emprendido una feroz campaña contra las organizaciones sociales, fundamentalmente contra el movimiento antorchista y sus líderes. Desde la primera acusación lo hemos conminado a que presente las denuncias y pruebas conducentes, pero hasta el momento ni una ni otra cosa ha hecho; solo mantiene su tozudez y aprovecha el poder para denostar a la organización popular más grande, mejor estructurada y con un proyecto de país claro, congruente, en beneficio de las mayorías y del crecimiento y desarrollo económico de la nación. El licenciado López Obrador dice, repite y acusa que quienes nos encontramos fuera de la Cámara de Diputados manifestándonos y exigiendo presupuesto para las necesidades más apremiantes de pueblos y colonias, solo buscamos “moches”. Quizás el de los “moches”, como nos acusa, fue él mismo, durante los 18 años que se mantuvo en campaña; así lo dio a conocer la diputada morenista por Campeche, Etelvina Correa Damián, quien denunció: “Nosotros, yo lo puedo demostrar, nosotros pagamos mensualmente una cuota para que el señor presidente se paseara por toda la República”; agregó que el mandatario ya “olvidó” que lo acompañaron en sus plantones en Reforma y el Zócalo (Político.mx, 14 de noviembre).

El presidente declaró que las protestas en la Cámara de Diputados y que han impedido la aprobación del PEF 2020 son “porque organizaciones buscan tener dinero”. Quizá la organización que así se comportó durante muchos años, fue la del propio presidente, y por eso lo dice con tanta seguridad. Pero por lo que respecta a Antorcha, le reiteramos que ¡miente! O bien, como ya lo hemos dicho en múltiples ocasiones, que lo pruebe. Por lo pronto, los antorchistas no nos retiraremos de la Cámara de Diputados hasta que sean consideradas las solicitudes de millones de mexicanos organizados en nuestras filas, hasta que se obtenga respuesta positiva a las demandas de pavimentación de caminos, agua potable, electrificación, drenaje, vivienda, construcción de espacios deportivos, clínicas, escuelas, etcétera.

Todos los mexicanos debemos saber que el presupuesto no es ni de los diputados ni del presidente de la República; se compone de los ingresos que aportamos todos a través, principalmente, de nuestros impuestos y, por lo tanto, se deben considerar las necesidades y peticiones de todos los contribuyentes. Por otro lado, cabe señalar que los diputados federales, en lugar de atender a los miles de mexicanos que están solicitando solución, simplemente, en una maniobra dilatoria y creyendo seguramente que los antorchistas nos rendiríamos por cansancio y violando la ley, pospusieron la aprobación del Presupuesto de Egresos hasta el miércoles 20 de noviembre, cuando el plazo era el pasado 15; claro, los señores diputados aprovecharon el “receso” legislativo y se fueron de “puente”, mientras sus representados, sufriendo todas las inclemencias del tiempo, reclaman atención. Así los representantes de la 4T.

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