Tarifa del transporte (in)justa

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editorial

La Secretaría de Movilidad y Transporte de Hidalgo (Semot) dio a conocer el incremento anual al servicio de ruta que pasa a nueve pesos y el individual a 32.5 la mínima. El anuncio se suma a la cascada de aumentos con los que recibiremos 2018. Una retórica por de más conocida es que esta nueva alza se desprende de un análisis y estudio técnico y social, a lo cual inmediatamente salta una pregunta: ¿la Semot consultó a las jefas de familia, a los estudiantes, a los obreros que ganan el mínimo? ¿Cuál es el parámetro? Si consideramos que el salario mínimo para el nuevo año será de 88.36 pesos, un trabajador tendrá que desembolsar en promedio 90 pesos semanales, si consideramos únicamente ida y vuelta de la casa al trabajo, 20 por ciento de sus ingresos. Ahora bien, por ejemplo, una jefa de familia que lleva y trae a sus tres hijos a la escuela todos los días, gastará incluida ella ¡360 pesos! Es decir, 81 por ciento del salario mínimo. Al parecer en 2018 la cosa andará muy desproporcionada, ¿no? El encarecimiento del transporte público es resultado de una política económica antisocial. A pesar del empecinamiento de la Semot sobre su “estudio social”, este no existe o es sesgado, o ¿quién estaría de acuerdo en pagar un servicio caro y deficiente? En un comunicado plagado de demagogia, la Semot afirmó que el incremento a las tarifas busca evitar un gradual deterioro en las unidades o deficiencias en la operación, asimismo, garantizaría una oportuna, segura y eficiente prestación del servicio en los traslados. Usted, amigo lector, ¿ha notado cambios positivos cada que se sube a una combi o a un taxi? Usuarios aún viajan de pie, continúan las paradas en lugares no permitidos y, por supuesto, hay operadores que manejan mientras utilizan el celular o fuman a bordo de las unidades. Lo cierto es que el transporte es deficiente en todas sus aristas. El incremento asestado cada año nunca ha garantizado el mejoramiento ni por supuesto la seguridad de quienes hacen uso del servicio, ¿qué nos hace pensar que esta vez será diferente? De filón. Aguas con los malestares digestivos de la cena de Año Nuevo, el kilo de uvas en supermercados de Pachuca ronda ¡los 100 pesos! Al final podría salir más caro el caldo que las albóndigas.

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