Alejandra Rodrigo

Desentrañar los signos es la forma en que el espectador se integra activamente en aquello que se representa. Por lo tanto, el espectador no es pasivo, el teatro termina de construirse cuando alguien lo ve y sobre todo cuando ese testigo vive una emoción y desarrolla un comentario que comparte en una charla.

Para comprender lo que en la escena sucede hay que entender que existe un universo de signos en el espacio planteado, el escenario. En el teatro oriental tradicional, los espectáculos ya son narraciones conocidas, acciones físicas repetidas a lo largo de la historia de su cultura, hay un lenguaje en común entre el espectáculo y el público, por lo tanto, lo que el espectador vive es la interpretación del ejecutante. Pero en las artes escénicas de occidente, solo el ballet está integrado por un lenguaje de signos bien definido, las posiciones de los pies, las figuras de las manos, la dirección de la cabeza; podríamos decir que en esta danza hay un abecedario conocido por el espectador. Pero para el resto de las artes escénicas occidentales, es necesario construir un propio código de signos. Cada espectáculo es único y está determinado por la teatralidad, esa capacidad que tiene un objeto de transformarse en cualquier cosa, siempre y cuando corresponda al estilo, a la anécdota y a la convención planteada.

Dice Fernando del Toro en su libro Semiótica del teatro, del texto a la puesta en escena: “El teatro es un lugar privilegiado del signo, puesto que en el escenario todo es signo, artificial o natural, todo es visto, percibido como signo por el espectador: la pluralidad y polifonía de signos es inmensa. Desde el momento en que un actor circula en la escena, desde el momento mismo en que se levanta el telón.”

El gran elemento que significa arriba del escenario es el actor, el actor-persona, es quien representa a alguien más. Una palabra no significa nada en sí misma, está sujeta a los elementos físicos, ambientales y energéticos que la rodean. Por lo tanto, la lectura e interpretación del subtexto es primordial, un “te amo” puede significar lo contrario, un cinturón nunca es solo un cinturón.

Por lo tanto, el teatro es un proceso de codificación y decodificación, siempre hay un descubrimiento en cada movimiento de la obra. El teatro es una abstracción, y para que el hecho escénico suceda, requiere a un espectador que revele “el todo”.

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