A lo largo de mis colaboraciones, he sido reiterativo que sin ciencia ni tecnología la economía mexicana no solo no será competitiva, sino que empeorarán las condiciones de bienestar social; he planteado la imperiosa necesidad de disminuir la brecha tecnológica e impulsar la productividad del más del 80 por ciento de nuestra estructura productiva nacional que son las Mipymes y los pequeños productores del campo.

México forma parte del paradigma de la desigualdad, que está llevando a la población mundial a enfrentar desafíos donde la pandemia del coronavirus (Covid-19) será un mal menor comparado con la magnitud de los desastres que se visualizan ya, como consecuencia del cambio climático, la encarnizada lucha por el dominio de los mercados y la apropiación de los recursos naturales estratégicos; donde las naciones buscan a través de la geoeconomía el dominio de tecnologías y mercados para lograr su hegemonía mundial.

Imaginación, conocimiento, ciencia y tecnología se materializan en productos, procesos eficientes, conexiones a grandes distancias y a velocidades de milisegundos como el 5G, transportes, gadgets, fármacos, redes inteligentes, pero también en armas, cuya destrucción va hasta niveles del genocidio, como la bomba atómica lanzada en 1945 a Nagasaki e Hiroshima, armas biológicas, hoy los misiles con inteligencia artificial y los ciberataques que ya son el pan de cada día. Tal parece que la investigación y el desarrollo tecnológico que hacen las empresas trasnacionales no fue paralizado por el Covid-19.

Nunca antes la influencia de la tecnología se había extendido como ahora a todos los espacios y actividades de la vida humana; el learning machine y el deep learning, el computo cuántico, la manipulación de partículas, la genética, la bioingeniería, los ciborgs, la robótica, los exoesqueletos, la interfaz entre cerebro humano-ordenador, o sea, un Internet cerebral; la tecnología actual ha cambiado las leyes de la vida, incluso para producir seres completamente inorgánicos que podrán interactuar con discriminación genética, que es peor que la racial. ¿Y el sentido humano? La tendencia se orienta a que sean organismos corporativos los que, en un contexto de mercado y concentración de capital, dirijan a la sociedad global auxiliados por algoritmos en sus consejos de administración; las tecnologías ponen en alto riesgo a la especie humana como la conocemos y entendemos ahora.

La alternativa, como lo dicen Quintanilla, Debord, Ellul, Munford, Feenberg y otros tantos, son las tecnologías entrañables que logran una conexión entre los seres humanos y el devenir de las nuevas tecnologías, aplicando el “código técnico” donde el desarrollo tecnológico debe estar en proporción directa al beneficio socialmente sustentable, no bajo el dominio de lo privado ni de lo público, sino del llamado “commons” lo común, como el software libre.

El futuro no viene dado, sino que lo construimos nosotros ahora, sembrando sus semillas. El problema de la concentración privada no puede resolverse con la concentración pública; el capitalismo no se resuelve con el comunismo.

Las tecnologías entrañables deben ser abiertas, acceso y comprensión integral por parte de los usuarios; deben ser comprensibles para identificar si su diseño y operación cumple con los principios de beneficio social; deben ser polivalentes, donde su aplicación genere diferentes utilidades, no caer en la sobre oferta tecnológica, que tenga funciones que no sean útiles socialmente; tienen que ser sostenibles medioambientalmente y socialmente responsables, permitiendo predecir posibles efectos nocivos, en aras de una eficiencia productiva pero socialmente negativa.

El desarrollo de las tecnologías entrañables conlleva el rescate de la figura del ciudadano frente a la del consumidor, los postulados de las tecnologías entrañables tienen plena congruencia con los postulados de la economía circular que pretende flujos económicos y ecológicos que reducen el impacto medioambiental, pasando de una economía lineal basada en desechos a una circular fundamentada en el aprovechamiento de los residuos.

Si queremos que México logre su inserción y recuperación en una nueva normalidad con una economía competitiva y sustentable que supere la desigualdad y la pobreza, no solo tiene que seguir aplicando sus programas sociales, sino que es urgente darles el soporte de una política de investigación y desarrollo científico-tecnológico basado en las tecnologías entrañables, de no hacerlo estaremos condenados al rezago, la desigualdad y la pobreza.

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