Pocas veces se pueden observar fenómenos tan claros de competencia por marcar la agenda informativa (agenda setting le llaman los especialistas en comunicación política) como entre este domingo 21 y el lunes 22 de agosto, entre los medios digitales y sus audiencias y el medio televisivo en busca del rating perdido. Y la primera lección es clara: sin autonomía editorial y periodismo crítico, difícilmente Televisa remontará su crisis de credibilidad.
El domingo 21 de agosto Carmen Aristegui mantuvo el suspenso entre las audiencias de redes sociales al anunciar que ese mismo día, a las 22 horas, daría a conocer un nuevo golpe informativo sobre el pasado académico de Enrique Peña Nieto. En su anuncio, Aristegui mencionó a los ejecutivos y conductores informativos de Televisa, que horas después estrenaban la era de los “nuevos cambios” tan anunciados por su propio presidente Emilio Azcárraga Jean.
El prestigio de su portal informativo Aristegui Noticias se ha acrecentado desde la evidente intención de Los Pinos por silenciarla en los medios electrónicos comerciales. El reportaje emblemático de la Casa Blanca y su cobertura crítica, constante, le han dado credibilidad y seguidores en las redes sociales como a ningún otro medio o comunicador: su sitio informativo tiene 6 millones 585 mil seguidores en Facebook y en Twitter es el tercer perfil periodístico más influyente, tan solo por debajo de Joaquín López Dóriga y de Carlos Loret de Mola, ambos vinculados a Televisa y su poderosa capacidad para llegar a las audiencias masivas.
El reportaje documentó que Enrique Peña Nieto plagió cerca de 30 por ciento de su tesis de licenciatura. Cerca de 11 autores fueron reproducidos sin citar y sin el rigor necesario en el texto “El presidencialismo mexicano y Álvaro Obregón”. El equipo informativo de Aristegui volvió a exhibir al primer mandatario mexicano en una de sus múltiples trampas, mentiras y faltas de ética.
Buena parte de las audiencias digitales se sintió decepcionada porque esperaban un golpe tan fuerte como el reportaje de la Casa Blanca. Otro sector, cercano al peñismo, se burló del texto, pero ni los medios digitales ni los impresos fueron indiferentes al asunto del plagio.
La propia presidencia de la República volvió a acreditar el tema con una pésima respuesta: se trató de “errores de estilo” y no de plagio. La Universidad Panamericana entró en un enredo y salió a declarar su asesor de tesis para afirmar que se trataron de “errores de imprenta”. Las agencias internacionales como Reuter o periódicos como The New York Times le dieron resonancia a un tema que no es menor en las democracias desarrolladas: el plagio de tesis, discursos e ideas entre los gobernantes.
Jesús Caudillo, en su blog Política en Línea, hizo un análisis del impacto de la noticia y señaló que el reportaje de Aristegui Noticias “se posicionó como tendencia por varias horas en Twitter, además de que logró impactos envidiables en Facebook. En esta plataforma, en el transcurso de un día, alcanzó casi un millón de reacciones en 46 publicaciones lanzadas a más de 6 millones de seguidores. Se trata de números que están muy por encima de los de cualquier político o medio de comunicación. Un impacto serio, real, tangible. Verdadera influencia”.
El objetivo inmediato y directo se cumplió: un golpe duro a la presidencia de Peña Nieto. La respuesta de la presidencia de la República también confirmó una tendencia: el desprecio gubernamental a lo que algunos consideran una falta ética (según el historiador Enrique Krauze) o legal (según los conocedores de las reglas académicas en las universidades).
El objetivo no inmediato e indirecto fue mayor: el contraste del golpe informativo de Aristegui frente a la escasa o nula capacidad de Televisa para generar, el día tan anunciado de sus “cambios radicales”, un reportaje que dominara la agenda informativa.
Televisa creó expectativas y sobrevendió entre sus audiencias los cambios de este 22 de agosto. La respuesta de las audiencias ha sido lamentable. El estreno de Denise Maerker, la primera mujer en ocupar el sitio estelar del noticiero de Televisa, pasó con más pena que gloria. No hubo nada nuevo ni a profundidad como lo anunció Azcárraga Jean. El “círculo rojo” se quedó decepcionado, en redes sociales se expresaron críticas muy duras al gatopardismo informativo.
La misma agenda que trae Televisa desde hace semanas con López Dóriga se repitió en un informativo de menos tiempo: golpear al magisterio disidente, reportar luminarias en la Miguel Hidalgo, una nota breve sobre las protestas de la comunidad lésbico-gay frente a la reacción de la Iglesia, pero ningún golpe o revelación que cimbrara a la opinión pública.
Maerker, quien conduce desde 2005 un informativo de buena calidad como Punto de Partida, se vio fuera de su elemento. La decepción no solo fue por el formato o la nostalgia del “modelo López Dóriga” sino algo que difícilmente entenderá la empresa que dirige Emilio Azcárraga Jean: sin autonomía editorial y periodística sus conductores serán rehenes de la misma historia de intereses, favores y vendettas de los dueños de la empresa.
Y quedó claro que se trata de vendettas cuando el programa cómico de Arath de la Torre le dedicó buena parte de su late night show a una supuesta ridiculización de Carmen Aristegui que resultó de mal gusto, fallida y gratuita. El humor con mensajes cifrados se convierte en venganzas sin audiencias.
Este es el punto que será difícil de remontar para Televisa. Tiene en contra de sus contenidos al 80 por ciento de las audiencias más interactivas en redes sociales. El matrimonio de conveniencia entre Televisa y Peña Nieto ya hizo crisis y los únicos que no quieren darse cuenta son los Cuatro Fantásticos que dirigen lo que durante décadas fue el medio hegemónico en México.
No es la primera ni la última crisis que enfrenta Televisa frente a su agenda informativa progubernamental. En 1968 sobrevivió a su docilidad ante la represión estudiantil. En 1986 el PAN llamó a vetar sus contenidos por el silencio ante el fraude de Chihuahua. En 1988 se ganó el desprestigio por prestarse a golpear a la Corriente Democrática del PRI, dirigida por Cuauhtémoc Cárdenas. En 1994 llamó a la represión contra el EZLN.
En 1997 Emilio Azcárraga Jean prometió que sus intereses no serían los de su padre y retornó en 2001 Joaquín López Dóriga tras un buen golpe informativo con aquella llamada entre los hermanos Salinas de Gortari. Prometieron hacer de la democracia a la mexicana “un gran negocio”. Y en 2006, Televisa formó parte de la evidente inequidad y guerra sucia contra López Obrador. En 2012 el movimiento estudiantil #YoSoy132 exhibió la parcialidad de Televisa con Peña Nieto.
La diferencia ahora, con todas las coyunturas anteriores, es que las audiencias no tenían medios alternativos y eficaces para hacerle contrapeso a la agenda informativa impuesta desde la televisión abierta. La diferencia es que el control analógico ya no funciona ni para el gobierno, ni para los medios electrónicos y menos para los televidentes. La influencia de Aristegui y de otros medios y periodistas está demostrando la fuerza adquirida por las redes sociales y los medios extranjeros para establecer la agenda informativa nacional.
Televisa compite por un mercado en el que TV Azteca y Cadena 3 también entrarán con fuerza. La empresa del Ajusco incorporó a Javier Risco, un periodista que se ha formado en el humor antisolemne de las redes sociales, con éxito en El Finaciero Bloomberg. Cadena 3 tendrá a Ciro Gómez Leyva en su espacio estelar que intentará abrirse en un espacio informativo entre muchos otros medios impresos que han incursionado a las redes sociales.
No se necesitan cambiar pantallas televisivas por pantallas de teléfono móvil. Tampoco llamar plataformas a las redes sociales. No se necesita reinventar el modelo hipster para simular una renovación. Se necesitan contenidos informativos críticos, de calidad, plurales.

Publicado en homozapping.com.mx

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