Para un nativo del municipio de Tepehuacán (como yo), y que tiene la fortuna de contar con un espacio de expresión hacia la sociedad, es obligación moral y ética dar su punto de vista sobre el penoso asunto ambiental, laboral, económico y político que sucede en la región serrana donde está la Compañía Minera Autlán.

La cual, desde hace más de 60 años, extrae, principalmente manganeso y secundariamente otros metales preciosos, en los municipios de Molango, Lolotla, Tlanchinol y según se dice, próximamente en Tepehuacán.

Los jóvenes del lugar y del país deben saber que las expresiones de inconformidad que hoy vemos por parte de los habitantes de las comunidades del entorno industrial no son nuevas. La lucha por la defensa de los recursos naturales, la salud humana y animal, siempre ha estado ahí, latente. Ha sido como una flama que la empresa lucha por apagar y las comunidades por avivar. En la desproporción de recursos y poder político radica los rounds ganados por uno y por otro bando. Pero lo único real es que la afectación al medio ambiente siempre ha estado ahí. Lo hemos visto, vivido, padecido y lo han pagado con enfermedades y muerte, seres humanos y animales que, al no tener otra opción de ubicación, el manganismo les acortó su existencia. Eso han venido diciendo por escrito, instituciones como la UNAM.

Los privilegios otorgados a la industria minera en México, desde la colonia, llevaron a que las vías de comunicación, primero los trenes y luego las carreteras, se planearan y ejecutaran pensando solo en el saqueo de las riquezas nacionales. La evidencia contundente es que hasta la década de 1970, la gran mayoría de vías férreas y carreteras federales conducían a los puertos marítimos, en donde los barcos de gran calado esperan las miles y miles de toneladas de tesoros naturales nativos, para cuya extracción, no importó dejar secuelas de muerte y pobreza. Estas carreteras federales o estatales, o simples y humildes caminos rurales, han sido también usufructuados a su vil antojo por estas empresas. Las destruyen con sus armatostes excedidos en peso y dimensión y solo esperan a que algún nivel de gobierno acuda a reconstruir con dinero público que bien pudiera servir para atender, la educación, por ejemplo, ¡y esto es injusto, aquí y en China! Claro, cuando sucede una interrupción del tránsito por cuestiones meteorológicas, sacan su poderío mecánico para no perder tiempo en el saqueo de los minerales. ¡No existe otra motivación! Hoy, ya tenemos puntos de comparación para saber si una empresa que llega a instalarse en cualquier región del país es buena regular o dañina. Y volviendo a la minera Autlán, vemos que en el más de medio siglo de extracción de este mineral estratégico, llamado así por sus cualidades tan amplias en la evolución de la industria de las ferroaleaciones, al grado que hasta al espacio se llevan nuestro manganeso y hoy, los materiales llamados “eternos” contienen manganeso. De ahí que su precio nunca ha caído. Eso de que están en quiebra, siempre lo han traído como petate del muerto.

La Autlán en Hidalgo, en la Sierra, no ha cuidado el medio ambiente, y ahí están las investigaciones de todo tipo y las denuncias con evidencias. Tampoco ha generado empresas colaterales para provocar prosperidad en la zona, por lo contrario, trae líos severos con sus transportistas, pues los mantiene bajo esquemas laborales caciquiles en vez de haber desarrollado una sociedad cooperativa con sus camioneros para darle dignidad y sustentabilidad a este elemento tan vital para su ciclo de producción. No ha generado comunidad, solo ha desintegrado el esfuerzo comunitario y deteriorado viviendas, edificios públicos. Tampoco reinvierte sus ganancias en la región. Lo que algún día tuvo como su hospital, su granja porcina, sus escuelas o su megatienda de abarrotes, hoy solo son recuerdos. Y prefirieron invertir sus dividendos en elefantes blancos como su hotel cinco estrellas en medio de una región empobrecida. Su gasolinera es privada, cuando pudo haber sido punto de avance regional. Y como broche de oro, solo falta que el paisano Arturo Herrera y Santiago Nieto nos salgan con que sus finanzas tampoco son transparentes.

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