La llegada del mes de diciembre –en lo que a lo teatral concierne– anuncia la representación de varias pastorelas en algunos escenarios de la ciudad: escuelas, teatros e incluso la calle se preparan para recibir a María, José, pastores, ángeles y diablos en diferentes versiones de lo que, en resumidas cuentas, es la batalla del bien contra el mal.

Oriundas de los autos sacramentales del siglo XVI, las pastorelas, que tuvieron inicialmente una función didáctica y catequizadora en la época de la Conquista, evolucionaron hasta asumir un carácter más laico en donde la humanidad es representada por los pastores que, al tratar de llegar a Belén para adorar al Niño Dios recién nacido, son disuadidos por los diablos –representantes del mal– pero rescatados por los ángeles que siembran la esperanza de que el bien y la virtud moral siguen vigentes como elementos que sustentan el logro de un objetivo.

¿Qué es bien? ¿Qué es mal? Bajo una mirada absolutista, los conceptos de bien y mal serían establecidos por un orden superior; pero si consideramos el relativismo moral, tales conceptos son variables y producto de una cultura en constante transformación.

Sin embargo, el “sentido común” –popularmente conocido por ser “el menos común de los sentidos”– nos define que todo aquello que ocasione un daño intencional a alguien más es malo y el libre albedrío, nuestro poder de elección, es lo que ubica nuestras acciones de un lado o de otro en distintos momentos en las pastorelas de la vida.

Sí: es malo bombardear una ciudad, negligenciar el tratamiento de un enfermo, privar a alguien de su libertad. Es malo matar de hambre y de miedo. Nos estamos muriendo de miedo.

Nos urge claridad para aprender a decidir y entender la repercusión de nuestras decisiones en la vida del otro. ¿Por qué hacer? ¿Para qué? ¿Cuáles serán las consecuencias?
Lucifer significa “portador de luz”. Lucidez viene de Lucifer. Para Alejandra Pizarnik, poetisa argentina: “La lucidez es un don y es un castigo… Es dolor y el único placer que uno puede conocer, lo único que se parecerá remotamente a la alegría será el placer de ser consciente de la propia lucidez. El silencio de la comprensión, el silencio del mero estar”.

En un mundo que desafía diariamente los límites de la sanidad, la estrella que señala el camino a Belén representaría entonces la lucidez que necesitamos, no para distinguirnos entre buenos y malos, sino para estar presentes y reconocernos –sin miedo– como peregrinos imperfectos en busca de amor y paz pero también como autores, actores y directores de nuestras propias batallas.

Pastorelas:

Entre el bien y el mal, compañía mítica de zancos de la UAEH Trotacielos. 6 de diciembre, 18 horas en el espacio teatral La Purísima

La apuesta, de Hugo Gómez. 9 y 12 de diciembre, 19 horas en el teatro Cedrus y 11 de diciembre, 19:30, en el Guillermo Romo de Vivar

La desviación de Satanás, compañía Ánimo Ánimo Escena. 11 de diciembre, 18 horas en el teatro Guillermo Romo de Vivar

Las peripecias de un costal, de Luis Manuel García. 12 de diciembre, 18 horas en el teatro Guillermo Romo de Vivar

El Pacto, de Luis Oyervides. 12 de diciembre, 19:30 horas en el teatro Guillermo Romo de Vivar

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