El tiempo, su paso y la percepción que tenemos sobre él son temas recurrentes en el cine, ya sea por medio de un relato tan entretenido como el clásico contemporáneo Volver al futuro o a través de la teorización sobre el montaje para provocar diversas emociones y la ilusión de su transcurrir, cuyo caso más reconocido es el del cineasta ruso Sergei Eisenstein. Hoy, el tiempo vuelve a nuestra sobremesa gracias a Christopher Nolan, quien presenta Tenet, su más reciente filme.

En esta cinta seguimos a un agente secreto, el protagonista, interpretado por John David Washington, quien tras ser traicionado en una misión es reclutado por una organización en las sombras llamada Tenet con el fin de cumplir un nuevo objetivo: salvar al mundo de su catástrofe. Hasta aquí tenemos una película de espías al estilo James Bond. No obstante, Nolan no nos la pone sencilla y añade a su entramado que los villanos en cuestión pueden manipular el tiempo, y con ello revertir la entropía de los objetos. ¿Complicado? Algo. ¿Disfrutable? Bastante.

Si has seguido de cerca la trayectoria de Nolan como cineasta, de seguro sabes que la mayoría de sus películas se basan en algún argumento científico para fundamentar sus propuestas: desde teorías sobre los sueños y el estado onírico en El origen hasta planteamientos sobre los agujeros negros en Interestelar. Tenet no es la excepción y acá toma como referencia los desarrollos de los físicos Richard Feynman y John Wheeler sobre la inversión del tiempo y la entropía. Asimismo, nuevamente ha reclutado al Premio Nobel Kip Thorne como consultor. El resultado de ello es una puesta en escena sobresaliente y trepidante, pero quizá más compleja de comprender que lo visto en sus proyectos anteriores.

Y ese es el principal acierto de Tenet, y también su principal defecto. Mientras que en Interestelar se toma su tiempo para explicarnos como funciona un agujero negro, en Tenet las explicaciones son rápidas con el fin de favorecer a la acción, la cual es sumamente sorprendente, sobre todo si consideramos que el uso de efectos generados por computadora (CGI) es mínimo. Si bien lo escueto de las ilustraciones académicas provoca que a momentos uno se sienta perdido, también se agradece que estemos ante una película que nos pida un papel más activo del acostumbrado.

Por otro lado, y yendo hacia el relato, encontramos que mientras algunos personajes tienen un desarrollo interesante y atractivo, como es el caso de Kat (Elizabeth Debicki) y Neil (Robert Pattinson), principales aliados del protagonista, tanto el héroe como el villano lucen estereotipados. John David Washington hace del protagonista, un agente dispuesto a sacrificar su vida para salvar al mundo, mientras que Kenneth Brannagh interpreta a un traficante de armas megalómano llamado Andrei Sator. Para cuando descubrimos los porqués del malo y quienes lo andan patrocinando, no pudimos evitar perder algo de la verosimilitud antes creada.

Teniendo esto en cuenta, hemos de decir que Tenet no es una película perfecta; sin embargo, no lo necesita. Su premisa es atractiva e interesante, llena de matices y que nos pone a platicar con los amigos, familia o pareja sobre el tiempo y la manera en que lo sobrellevamos. Es un espectáculo visual alucinante; si en El origen quedaste con la boca abierta, aquí se te caerán los dientes, o por lo menos te saldrá caries. Aunque quizá no sea la mejor película de Christopher Nolan (ese lugar estaría entre Batman: el caballero de la noche, El origen e Interestelar), sí está muy por encima del promedio de lo que aparece en las carteleras de los últimos años. Dicho esto, Tenet es entretenimiento del bueno.

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