Rosa María González Victoria

El pasado miércoles 29 de agosto, en el marco de la Feria Universitaria del Libro (FUL) en su edición 31, tuve el agrado de presentar y comentar una obra de uno de los personajes más destacados del medio periodístico. Se trató de Mi vida son nuestras batallas de Teodoro Rentería Arróyave.

Para plantear la importancia de esta obra y de su contenido, cabría preguntarse… ¿quién es Teodoro Rentería?

Es fundador de la radio del Estado mexicano al participar en la construcción de los cimientos del Sistema Nacional de Noticiarios en el Instituto Mexicano de la Radio (Imer).

Ha sido acreedor al Premio Nacional de Periodismo en ocho ocasiones.

Dos veces ha sido presidente del Club Primera Plana, fundado a finales de los años cincuenta del siglo pasado (1958) por la iniciativa de jefes de redacción que consideraron necesario ampliar la capacitación profesional de los periodistas que permanecen, literalmente, encerrados en las salas de edición de los diarios.

Cabe mencionar que una de sus acciones al frente de esa organización fue la de abrir sus espacios a mujeres periodistas, ya que durante años –dice– el Club Primera Plana fue una especie de “Club de Tobi”.

Es presidente fundador y vitalicio de la Federación de Asociaciones de Periodistas Mexicanos (Fapermex) que, se estima, aglutina a 20 mil representantes de 80 organizaciones de profesionales de medios impresos, electrónicos y digitales del país.

Es fundador y presidente del Colegio Nacional de Licenciados en Periodismo (Conalipe) al cual concibe como el “brazo académico, profesional y cultural” del gremio periodístico.

Ha ocupado los cargos de vicepresidente y secretario de Desarrollo Social en la Federación Latinoamericana de Periodistas (Felap), creada el 7 de junio de 1976, la cual cuenta con el reconocimiento de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Es miembro académico de número de la Academia Nacional de Historia y Geografía.

Ha participado como jurado en el máximo galardón español de literatura: el Premio Cervantes.

Participó activamente en la creación de una Fiscalía Especial para la Atención de los Delitos contra las Libertades de Prensa y de Expresión.

Ha sostenido y sostiene la lucha para erradicar de los códigos penales de los estados y del código penal federal los llamados “delitos de prensa”, los cuales suelen relacionarlos, para criminalizar la práctica periodística, con la difamación y la calumnia.

Es promotor de la Ley de Periodismo de Alto Riesgo o Protocolos de Protección del Periodista; de gran importancia en el actual contexto del país, el cual ocupa los primeros lugares entre naciones consideradas como las más peligrosas para ejercer el periodismo.

Su habilidad en la gestión llevó a que esa ley se convirtiera, en 2014, en la Ley para la Protección de Personas Defensoras de los Derechos Humanos y Periodistas, luego de las gestiones que lleva a cabo en el Poder Legislativo.

Ha sido promotor de la Ley de Equidad Publicitaria Gubernamental. Es un secreto a voces que el presupuesto destinado a la publicidad gubernamental se ha designado, mayoritariamente, hacia aquellos medios que son complacientes antes, y todo el tiempo, al partido en el poder y después del año 2000, con la alternancia política, a los gobiernos en turno.

También ha sido promotor de la Ley de Protección Social de los Periodistas pues muchos laboran sin prestaciones de ley.

En esta obra, Teodoro Rentería considera que la actitud hostil de funcionarios públicos, privados y de las iglesias, ha propiciado que los periodistas carezcan de un contrato de trabajo, con efectos de explotación, al contratarlos como personal de confianza o en una figura de abuso, como “freelance”.

Su humanismo y empatía con el gremio lo ha demostrado de muchas maneras y en muchas ocasiones de manera espontánea; por ejemplo, en 1970, suspendió la transmisión en vivo del Canal 8 para informar, consternado, la muerte de 19 periodistas en un accidente de avión.

Gran parte de su labor ha estado encaminada en la defensa de la integridad de los periodistas y a favor de la superación y dignificación de este gremio. Por ello, es un activista que ha denunciado de manera permanente los agravios contra los periodistas.

Asimismo, logró, mediante su gestión, que poco más de mil periodistas, que se forjaron en la práctica, obtuvieran su título profesional por saberes adquiridos.

Por cierto, en esta obra denuncia que este esfuerzo lo echó abajo el actual Ejecutivo mexicano el cual, a través de Aurelio Nuño, modificó el acuerdo 286, propiciando que el Centro Nacional de Evaluación para la Educación Superior (Ceneval) se apropiara y comercializara el proceso de titulación de periodistas empíricos.

Esta obra es producto de esa extensa trayectoria, de una experimentada mirada y una particular interpretación; en ella se puede acceder a una parte importante no solo de la historia del periodismo y de los periodistas mexicanos en los últimos 60 años, sino a la historia de nosotros/as, porque –como bien plantea Teodoro Rentería– las batallas de los periodistas son, también, nuestras batallas.

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