En un ejercicio de auténtica democracia, insólito e histórico, la comunidad artística y cultural en la Ciudad de México llevó a cabo la tercera asamblea por las culturas. Una acción que deja en claro que cuando hay voluntad política y organización horizontal e incluyente se pueden hacer las cosas.

La Asamblea por las Culturas formada hace más de un año por la comunidad artística y cultural conformada en un muy amplio espectro de representatividad, se dio a la tarea de construir una agenda de políticas culturales para que fueran tomadas en cuenta por quienes llegaran al poder, una asamblea apartidista sin fracciones o frentes políticos pero con el objetivo común de poner en las mesas de negociación las demandas históricas de la comunidad, propuestas y soluciones en beneficio de la Ciudad de México, mayoritariamente, pero también dentro del orden federal. En ese camino, los asambleístas han ido sumando junto a nuevos actores y propuestas como la del Movimiento Colectivo por la Cultura y el Arte de México, a donde también pertenece y camina hombro con hombro en beneficio de toda la nación.

Desde una asamblea abierta, pública, incluyente, no solo de la comunidad artística y cultural sino de autoridades, instituciones, legisladores y especialistas, con el objetivo de convertir los resolutivos en vinculantes a las políticas culturales, comienza a ver la luz. El secretario de Cultura Alfonso Suárez del Real declaró durante la inauguración del evento organizado de forma independiente, pero con el apoyo del Museo de la Ciudad de México, que el resultado de las mesas de trabajo sería vinculante con la dependencia.

Con la presencia de artistas, sindicatos, trabajadoras y trabajadores, autoridades e incluso algunos representantes de fracciones parlamentarias y legisladores, quienes brillaron, por supuesto, con sus agendas tan “apretadas” en vacaciones, y les impidieron hacer presencia, con su ausencia, pero que dejaron clara su disposición al diálogo.

Las cuatro mesas de trabajo de la asamblea tomaron sus respectivas rutas y tomaron acuerdos importantes.

Uno por ciento del producto interno bruto, para arte y cultura; paro a la ley Federal de Derechos de Autor que despoja de los derechos autorales a los pueblos originarios; amparos contra cualquier ley que denigre al cine mexicano; revisión del estatuto de artista suscrito en las recomendaciones del Observatorio Mundial para la Condición Social del Artista de la UNESCO, que permiten a los y las artistas tener el acceso negado históricamente: la seguridad social; parlamento abierto de cultura resolutivo y vinculante en función de la representatividad de la comunidad, abierto y horizontal. Y todos los transitorios que deriven de la propuesta.

Entre los “útiles e inútiles” que probablemente no pudieron llegar, pero que fueron invitados, comenzando con legisladores que siguen sacándole a la realidad, los 33 diputados de la comisión de cultura de la 4T quedaron ausentes del ejercicio democrático con el que la comunidad está dando los ejemplos: de dignidad, de inclusión, de ley y justicia; y por supuesto, de consulta, porque los pueblos originarios no quedaron ausentes y son parte de esta construcción.

Caminemos.

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