Si nos asustamos del terrorismo o no somos capaces de entenderlo, que no justificarlo, o bien no podemos ponernos de acuerdo como países de occidente, y sobre todo los países conquistadores, potencias económicas y políticas, en el cómo combatirlo sin que nos quite libertades o no sabemos ni un poco de su historia. Atendamos primero a un poco de sus orígenes, el terror en la antigüedad; del siglo I al XIV. La organización más antigua conocida que exhibe aspectos de una organización terrorista moderna fueron los Zelotes de Judea. Conocidos por los romanos como sicarii –o los hombres daga–, que llevaban una forma casi secreta o bien una campaña subterránea de asesinatos de las fuerzas de ocupación romanas, así como de cualquier judío que sentían había colaborado con los romanos. Su motivo era una creencia inflexible de que no podían seguir siendo fieles a los dictados del judaísmo mientras vivieran como sujetos romanos. Los llamados Asesinos fueron el siguiente grupo que sirvió para mostrar las características reconocibles de terrorismo, tal como la conocemos hoy en día. Una facción escondida del islam chiíta llamado el Nizarí Ismalis adoptó la táctica de asesinato de líderes enemigos debido a los limitados recursos humanos de la secta, lo que impidió el combate abierto. Su líder Hassan-I Sabbah estaba basado en las montañas del norte de Irán, desde donde impartía su culto y cuya táctica era la de enviar un asesino solitario para matar con éxito a un líder clave del enemigo, aunque implicaba cierto sacrificio de su propia vida (los asesinos esperaban junto a sus víctimas al asesinarlos o capturarlos, a la vez que debían esperar también ahí mismo a su muerte) inspirando así asombro y miedo en sus enemigos.
Tanto los Zelotes, como los Asesinos que operaron en la antigüedad y que, por lo mismo, son referentes relevantes en la actualidad; en primer lugar, como precursores de los terroristas modernos en los aspectos de motivación, organización, orientación y objetivos. En segundo, aunque ambos fueron fallidos al final, el hecho de que se recuerden cientos de años más tarde demuestra el profundo impacto psicológico que causaron. En el siglo XX y XXI, la era moderna, en la primera mitad del siglo XX se produjeron dos acontecimientos que influyeron en la naturaleza del conflicto hasta la actualidad. Los efectos de las dos guerras mundiales y las infladas pasiones y esperanzas de los nacionalistas (nazismo, imperialismo, comunismo ruso) pegaron negativamente en todo el mundo, dejando severamente dañada la legitimidad del orden internacional y los gobiernos.
Ahora bien y para no cansarlos con la historia, veamos el “estado actual del terrorismo”. Después de tener dos guerras del golfo, tenerlos de enemigos como de amigos a todos aquellos iraquíes, afganos y etcétera, después entonces de que Estados Unidos de América (EU) le quitara todo el petróleo, agua, historia, en el nombre de la paz, ahora toman como “el mayor acto de terrorismo internacional”, el que se produjo el 11 de septiembre de 2001 en una serie de ataques coordinados en ese país, donde los terroristas islámicos secuestraron aviones civiles y los utilizaron para atacar las torres del World Trade Center (WTC) en Nueva York y el Pentágono en Washington DC, amén de uno que se dirigía a la casa de GW Bush, perdón quise decir “Casa Blanca”, que ese ataque no era sino una respuesta a muchos años de engaños y abusos de parte del occidente imperialista.
En fin, esto pretende ser solo un pequeño repaso por la historia y tratar de entender por qué hay terrorismo, ¡qué no!, nunca justificarlo y ¡sí castigarlo!, pero insisto, lo que escribo es un poco de los orígenes de este terrible mal, al que posiblemente, conociendo más su historia, sí podamos acabar finalmente y para bien de todos. Los atentados en el aeropuerto de la capital de Turquía son, como todos los anteriores, imperdonables y el lastre de los extremistas del “daesh”, a los que solo les deseo que a sus familias nunca les pase algo así.

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