*Vulnerada, aún más, la imagen presidencial
*Peña Nieto, en caída libre
No nos equivoquemos ni de discusión ni de consecuencias: el daño a la imagen de Peña Nieto tras comprobarse su plagio parcial en su tesis profesional es profundo, resonante y desgastante. Es otro mazazo en la nuca del presidente de México.
No nos equivoquemos: el punto central no es que la información investigada y divulgada por Carmen Aristegui y su equipo haya sido o no una “bomba” informativa. Eso es lo menos relevante. Lo fundamental, es que dio justo en el blanco: exhibir, aún más, la imagen de Peña dentro y fuera del país. El desprestigio del mexiquense ya es brutal. El misil fue certero.
No nos equivoquemos: si la encuesta del 11 de agosto del diario Reforma (en promedio, han sido de las más certeras) refirió que a Peña Nieto solamente 2.3 de cada 10 ciudadanos lo respaldaban, ya veremos cómo llegarán futuras encuestas tras el affaire #LordTesis: con la imagen presidencial hecha trizas. Añicos. Ya lo veremos.
No nos equivoquemos: la nueva investigación de Aristegui y su equipo han hecho tambalear, nuevamente, al presidente de México.

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¿Por qué decimos que es profundo, resonante y desgastante el daño a la imagen de Peña Nieto tras presentarse como un vulgar y ordinario “copión” de su tesis? Por varias razones:
Porque ante la opinión pública, a los epítetos que se le han colgado al presidente: corrupto, encubridor, mentiroso, frívolo, incapaz, etcétera, ahora se le suma uno nuevo: el de tramposo. A los ojos de millones de mexicanos, el dato duro e inobjetable es incuestionable: cuando universitario, el estudiante Enrique Peña Nieto plagió, al menos, 197 párrafos de los 682 de su tesis y se atribuyó palabras de unos 10 autores. Eso se llama plagio. Bajo cualquier óptica, esa tesis debería ser anulada por la Universidad Panamericana (UP), que en comunicado aseguró que va a revisar la tesis de Peña. El prestigio de la UP está en juego. Así, el núcleo de la discusión no es que Aristegui decepcionara o no con su información. No es por ahí. El punto central es que, una vez más, Peña Nieto es exhibido como un personaje formado y acostumbrado a la trampa, a la chapuza, inclusive en sus trabajos académicos. Y la trampa también es pariente de la corrupción. Y la corrupción le va a Peña Nieto como el respirar, dormir o parpadear.
Porque la resonancia fue inmediata: tras revelarse la investigación de la tesis (pirata) peñista, la misma noche del domingo y la mañana del lunes, la información estaba en todas partes, difundida, nada menos, por el periódico global, el diario en español y la agencia informativa más importantes del mundo: The New York Times, El País y Agencia Reuters, respectivamente. La noticia se conoció en todo el mundo, además, por medios como El Mundo, Forbes, Telesur y varios más. En México, solamente el periódico Reforma, el diario digital SinEmbargoMX y la agencia Proceso, principalmente, divulgaron y robustecieron la noticia y su núcleo: el presidente mexicano hizo trampa en su tesis para obtener el título de licenciado en derecho por la UP. En el mundo también se difundió a detalle la vergüenza: desde la Casa Blanca hasta el Kremlin. Ya imaginamos a Barack Obama moviendo la cabeza y diciendo: “Otra más de Peña Nieto…”. El ridículo fue internacional.
Porque es desgastante, sencillamente, para la imagen del presidente de México, que es el mandatario más repudiado en la historia del presidencialismo contemporáneo en el país. La información de Aristegui fue de precisión quirúrgica: no solamente se lanzó justo cuando en Los Pinos intentaban reposicionar la imagen de Peña por varias vías: discurso contra la CNTE, castigo a gobernadores priista corruptos y propaganda oficialista cacareando los logros de gobierno mediante actores actuando y leyendo el telepromter. Demasiado tarde. Todos esos esfuerzos fueron dinamitados la noche del 22 de agosto, justo a las 21 horas, pulverizando, todavía más, la figura presidencial; también, de paso, se empequeñeció el esfuerzo de Televisa para mostrar su “nuevo rostro informativo” con Denise Maerker a las 22 horas (la hora paralela entre Carmen y Denise, aun con un día de diferencia, no fue coincidencia), ya que la atención mediática se centraría en ver si Denise era capaz de romper censuras y, bajo cualquier interpretación, abordara en su programa el tema de la tesis de EPN. El asunto fue ignorado olímpicamente. Y al ignorarlo, Maerker cometió una omisión de peso: no presentar en su debut el tema informativo más relevante y mencionado en México: la tesis de Peña Nieto, enviando así el mensaje de que en Televisa las cosas siguen igual: bajo censura permanente, sin importar quién conduzca el noticiero estelar. Nada cambia. O solo cambiaron los muebles de lugar, pero no barrieron debajo de la alfombra.
El daño nacional e internacional a la imagen de Peña Nieto con esta nueva información, lo vuelve a debilitar y a exhibir, acelerando su caída libre. Lo demás son interpretaciones.

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Como con los temas casa blanca, Ayotzinapa, Malinalco y otros más, el control de daños desde Los Pinos y desde el primer equipo peñista, fue errático y desafortunado.
“Errores de estilo”, justificó el vocero presidencial Eduardo Sánchez, intentando, vanamente, soslayar la innegable trampa universitaria. El término enfureció más a la opinión pública. Sánchez cometió un error de primer año para todo vocero: no trates de justificar lo injustificable. Y allí las consecuencias: el desprestigio máximo del presidente.
“Hay cosas mucho más importantes…algo vi anoche”, dijo un balbuceante y confundido Aurelio Nuño, a pregunta de Carlos Loret de Mola (en comparación a Denise Maerker, Loret sí abordó el affaire #LordTesis en su nuevo programa noticioso). La respuesta débil de Nuño deja muy mal parado a su jefe el presidente, porque en lugar de valorar adecuadamente un asunto de imagen presidencial, cayó en el error permanente de este gobierno: minimizar, soslayar y ocultar. Y allí están, otra vez, las consecuencias.
No nos equivoquemos: la información sobre las trampas de Peña Nieto en su tesis universitaria ha exhibido, debilitado y empequeñecido, todavía más, al presidente de México, dentro y fuera del país. Ese es el dato duro.

Publicado en sin embargo.mx

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