The Economist, portavoz globalista de la dupla Rothschild/Soros, se despide de “la mayor era de la globalización” y se “preocupa sobre lo que tomará su lugar”, lo cual no es difícil de discernir: el retorno de los soberanistas/nacionalistas vilipendiados en forma despectiva como “populistas” cuando ocultan en forma deliberada que en EU existió un People´s Party y que el mismo Obama defendió en forma vehemente frente a las alocadas criticas de Peña Nieto que nunca entendió su semiótica.

The Economist admite que antes de la pandemia la globalización se encontraba en serios problemas y que recibió tres severos golpes de los que difícilmente se repondrá: la crisis financiera de 2008, la guerra comercial de EU contra China y el Covid-19 que “hirieron el sistema abierto del comercio”.

The Economist contempla que “el comercio mundial de bienes” se retraerá entre 10 y 30 por ciento, lo cual se agrega a la guerra comercial/digitálica de Trump contra China.

A su juicio, queda expuesta la “subyacente anarquía de la gobernanza (sic) global”. Los terminajos “gobernanza global” estuvieron de moda en los circuitos atlantistas que nunca consiguieron algo concreto con su teoría etérea y que, en su encapsulamiento onanista, siempre negaron el ascenso multipolar de Rusia/China/India/Irán/Turquía/Pakistán/etcétera.

La revista globalista expectora una perogrullada: “en todo el mundo, la opinión pública se aleja de la globalización” cuando la “gente está perturbada de hallar que su salud depende de las querellas para importar equipamiento protector y en los trabajadores migrantes (sic) quienes laboran en asilos y en las cosechas”.

Una grave critica a la caníbal globalización es que no solo desmanteló el equipamiento de los hospitales, mientras financiarizaba los cerebros mercantiles de los médicos que sucumbieron a los cantos pecuniarios de las sirenas bursátiles y de seguros, sino también se consagró a lucrar hiperbólicamente con su Big Pharma: uno de sus principales negocios de casi un millón de millones de dólares. Emerge un axioma inmutable: ¡La salud debe ser perentoriamente pública! La revista de marras se centra en analizar el impacto del fin de la globalización en la triada gente/bienes/capitales.

En referencia a la gente, la migración será todavía más reducida, mientras que, en el ámbito comercial, las firmas nacionales dependerán más de la voluntad de los gobiernos y los bancos centrales, con el firme propósito de “regresar las cadenas de abasto a casa” en nombre de la “autosuficiencia económica”, como ha anunciado el primer indio Narendra Modi cuando Japón subsidia a las firmas que repatrian sus industrias.

Más aún: en la Unión Europea se sopesa la “autonomía estratégica” que pretende crear un fondo para comprar participaciones en las empresas insolventes.

Llama la atención que The Economist no se embelese demasiado con el “comercio digital” cuya escala “es todavía modesta” cuando las “ventas foráneas de Amazon/Apple/Facebook/Microsoft equivalen a un magro 1.

3 por ciento de las exportaciones globales”.

Respecto a los “capitales”, confiesa su “sufrimiento” cuando las “inversiones de largo plazo se han hundido” y, en forma ominosa, EU “acaba de instruir a su principal fondo de pensiones federal de cesar la compra de acciones chinas”, mientras que “los países que constituyen el 59 por ciento del PIB global han apretado sus reglamentos para las inversiones foráneas” y sus “gobiernos intentan pagar sus nuevas deudas mediante impuestos a las firmas y a los inversionistas”.

Concluye que “en el mundo rico (sic) la vida será más cara y menos libre”, al unísono de un “mundo fracturado que dificultará la resolución de los problemas globales, que incluyen la búsqueda de una vacuna y el aseguramiento de una recuperación económica”.

Recuerdo que fui de los primeros a escala global y regional en advertir desde hace 14(sic) años las tendencias ineluctables hacia la desglobalización cuando la globalización demostró ser antidemocrática y caníbal”.

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