Un aspecto indisociable de la obra de Charles Dickens fue tanto su capacidad para relatar historias, como la sensación de que cada una tuviese una suerte de efecto indefinible, indescriptible, más allá del lenguaje. Pero lo que comenzó como una elección temática a partir de A Christmas Carol (1843), con el paso de los años evolucionó hasta asumir los rasgos de un estilo con un pie en lo sobrenatural y una aparente narración basada en hechos reales.
Hasta 1957, cuando trabajó con Wilkie Collins, cuya novela La piedra lunar hizo las delicias de una época y trascendió la narrativa policiaca durante décadas, hasta influir en la obra de GK Chesterton, HP Lovecraft y Jorge Luis Borges, la colaboración de Collins y Dickens en The frozen deep, alcanzaría esa forma de relato “intersticial”, en el que se narra una cosa, pero muy en el fondo ocurre otra indefinible y ominosa.
El argumento trata la desaparición de una expedición compuesta por 40 personas en el ártico, que después de una causa desconocida, debieron caer en el canibalismo y con ello un debate sobre el poder del salvajismo sobre la civilización en el grupo de exploradores, pero planteada como una especie de repentina incapacidad del ser humano para controlar los impulsos más bajos.
A partir de entonces, Dickens permitió que su obra se dejase permear por una serie de aspectos que parecían fuera de todo control, pero se encontraban presentes en su trabajo como llamadas de atención sobre el peso de la naturaleza humana; un componente indefinible que desde su matrimonio y eventual fallecimiento de varios de sus hijos alcanzó a cambiar el espíritu del escritor hasta la escritura de Historia de dos ciudades, con la que culmina dicho aspecto en la producción del autor.
Muchos años después, justo al comienzo de la década de 1990, luego de una breve pero fructífera colaboración, David Lynch y Mark Frost decidieron trabajar un proyecto propio a propósito de un pequeño poblado en donde la muerte de una adolescente se convertiría en el eje de la vida de la comunidad asentada en dicho lugar.
No obstante, aunque la idea de la serie de televisión se enfocaba en la resolución de la identidad del asesino de la celebridad local, el propósito de Lynch fue, desde el comienzo de la producción, desarrollar una especie de historia que tuviese un toque de Dickens, que consistiera en la evolución constante de un relato sobre otro, siempre con un aire fantasmagórico e inexplicable.
Cuando Twin Peaks inició sus transmisiones, no solo cambió para siempre la estructura de la televisión conocida hasta entonces, renovó de tal forma la necesidad de pensar en la elaboración de argumentos televisivos, que todo cuanto Lynch definió en su producción afectó sus títulos subsecuentes, de tal manera que Lost highway, Mullholland Drive e Inland Empire llevaron buena parte del sello que el propio cineasta sostuvo hasta la nueva entrega de Twin Peaks en 2017.
Un aspecto indisociable de ese espíritu fue la primera partitura de Lynch en colaboración con Angelo Badalamenti, quien le imprimió un toque todavía hoy memorable y que se hizo emblemático de una época en la que Julee Cruise entregó con su voz una especie de testamento de una sensación que modificaría toda la música desde una serie de TV, algo nunca antes concebido ni considerado en la producción musical de la época, más cuando se piensa en la influencia de una intérprete en la escena independiente.
Para el relanzamiento de la serie, no obstante, ese carácter musical debió transitar al de una exposición análoga al de la década de 1990, pero con nuevos creadores que tuviesen la capacidad para reflejar ese toque seminal propio de la serie, aunque actualizado con músicos quienes fueran aptos para verter una sensación musical similar.
Justo a tono con la actualización, una parte de la importancia que debía considerarse recayó en las manos de IRM (Internet Rock Magazine), quienes compilaron el álbum de la banda sonora de la serie, titulada en homenaje a la famosa habitación donde el enigma de la serie y su espíritu habrían de sobrevivir en la cultura colectiva durante años: Red room (The evil in these woods).
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